El consumo pierde impulso en diciembre pero la moda aporta señales positivas
En diciembre de 2025, los indicadores de consumo en Argentina arrojaron un panorama complejo que combina desaceleración con destellos de recuperación en determinados segmentos, especialmente en el rubro de moda y vestimenta. Esta situación refleja tanto las tensiones macroeconómicas que atraviesa el país como la respuesta diferenciada de ciertos sectores ante una realidad de precios elevados, poder adquisitivo fluctuante y cambios en los patrones de consumo de los hogares.
Según datos oficiales y estimaciones sectoriales, el consumo global —medido a través del gasto en bienes y servicios de los hogares— mostró un comportamiento desacelerado en el último mes del año frente a 2024, aunque con un leve aumento mensual en términos desestacionalizados. Esto indica que, si bien el consumo todavía no ha recuperado niveles más altos de expansión sostenida, sí hay evidencia de que la caída se está moderando en relación con períodos previos del año pasado.
Para comprender este fenómeno hay que situarlo en el marco más amplio del desempeño económico argentino reciente. Tras varios años de fuerte contracción de la actividad y de profundos ajustes económicos, la economía mostró signos de reactivación en 2025, con una mejora en algunos indicadores macroeconómicos y en la confianza de los consumidores. Por ejemplo, el consumo total de bienes y servicios registró un aumento acumulado en 2025 frente a 2024, aunque con dos meses consecutivos de retrocesos interanuales en noviembre y diciembre de ese año.
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Estos resultados reflejan una dinámica donde el poder adquisitivo de los hogares todavía está presionado por los niveles de precios y la evolución de los ingresos reales, generando un comportamiento de consumo más cauteloso hacia finales de 2025. En diciembre, específicamente, el gasto interanual se contrajo, aunque el gasto global fue ligeramente superior al mes anterior cuando se ajustan los efectos estacionales.
Consumo mensual vs. interanual
Las estadísticas revelan dos tendencias distintas: por un lado, el consumo comparado con el mes anterior (ajustado por estacionalidad) mostró un aumento moderado, lo que podría sugerir que la demanda de las familias empezó a estabilizarse durante el último mes del año. Este es un dato alentador para economistas y comerciantes, ya que indica que la caída no es tan abrupta como en tramos previos del ciclo económico.
Por otro lado, en la comparación anual —que contrasta el comportamiento de diciembre de 2025 con el mismo mes del año anterior— la variación fue negativa. Esto responde a que la base de comparación fue relativamente alta, sumado al hecho de que los precios continúan ejerciendo presión sobre el poder adquisitivo real en un contexto donde la inflación todavía impacta en el bolsillo de los consumidores.
Esta dualidad entre resultados mensuales y anuales es clave para interpretar el estado de la demanda: un consumo que se frena en términos interanuales, pero que muestra cierta mejora frente al mes anterior, sugiere que la caída está perdiendo fuerza y que, potencialmente, podría iniciarse una recuperación más amplia si las condiciones macroeconómicas se sostienen y la confianza de los consumidores continúa recuperándose.
Moda y vestimenta: un rubro con señales de recuperación
Un elemento destacado dentro del análisis sectorial es el comportamiento del rubro de moda y vestimenta. A diferencia de otros segmentos de consumo, que aún muestran contracciones más pronunciadas, las ventas de indumentaria registraron una mejora interanual en diciembre, contribuyendo positivamente a los indicadores generales de consumo.
Este dato es significativo porque el sector de la moda suele ser uno de los más sensibles a las condiciones económicas: cuando la economía se contrae, los consumidores tienden a priorizar gastos esenciales como alimentos, transporte y servicios básicos, relegando compras de ropa y calzado. El hecho de que este rubro haya mostrado crecimiento sugiere que parte de la demanda de consumo está empezando a normalizarse, lo que puede estar vinculado a una mayor confianza del consumidor, promociones estacionales o renovación de vestuario tras períodos de menor gasto en 2024 y parte de 2025.
Sin embargo, la recuperación no es homogénea en todos los segmentos. Mientras que la moda presentó señales de mejora, otros sectores como el de transporte, vehículos y bienes durables tuvieron comportamientos mixtos, con algunas caídas interanuales pero apoyados por la reactivación del crédito y la compra de determinados bienes de alto valor.
El consumo masivo —incluyendo productos de primera necesidad como alimentación, higiene y bebidas— todavía enfrenta una recuperación lenta y desigual. Aunque algunos informes muestran una desaceleración en la caída de las ventas, los niveles generales se mantienen por debajo de los registrados en años anteriores, reflejando las dificultades que enfrentan los hogares para sostener niveles de gasto elevador dados los costos y la inflación persistente.
Factores que están influyendo en el consumo
Varios factores estructurales y coyunturales están influyendo en estas tendencias de consumo:
Inflación y precios relativos: La inflación, aunque más baja que en años anteriores, todavía condiciona la dinámica del gasto familiar, reduciendo el poder de compra real y forzando a las familias a priorizar ciertos rubros sobre otros.
Crédito y financiamiento: La disponibilidad de crédito y su uso para financiar compras —especialmente de bienes durables— ha sido un factor que impulsó parte del consumo durante 2025, ayudando a sostener la demanda en ciertos segmentos.
Confianza del consumidor: La percepción de estabilidad económica y expectativas de ingresos futuros influye directamente en las decisiones de gasto. Mejores expectativas suelen traducirse en mayor disposición a consumir, particularmente en categorías no esenciales como moda o artículos de entretenimiento.
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Mirando hacia los primeros meses de 2026, los analistas proyectan que la dinámica del consumo podría continuar mejorando gradualmente si se sostienen las condiciones macroeconómicas de relativa estabilidad y si la inflación continúa moderándose. Gran parte de esta perspectiva positiva se basa en la idea de que el consumo —especialmente en servicios y bienes durables— comienza a mostrar patrones de recuperación que se consolidan con el tiempo.
No obstante, los desafíos persisten: la brecha entre la recuperación de sectores más dinámicos (como moda o bienes durables) y la fragilidad de segmentos esenciales como el consumo masivo sugiere que la recuperación del consumo general será asimétrica y gradual, con algunos rubros recuperándose más rápido que otros.
Fuente: Fashion Network


