Consumo en Argentina: señales de alerta en el supermercadismo y el nuevo mapa del gasto de los hogares
Durante los últimos meses, distintos indicadores del comercio minorista en Argentina han comenzado a reflejar con mayor claridad una tendencia que venía insinuándose desde hace tiempo: el debilitamiento sostenido del consumo masivo. Este fenómeno, estrechamente vinculado a la pérdida del poder adquisitivo y a las dificultades financieras de los hogares, está impactando directamente en el desempeño de las cadenas de supermercados, uno de los principales termómetros del mercado interno.
Dentro de este contexto, representantes del sector han advertido que mantener niveles aceptables de rentabilidad se ha vuelto cada vez más complejo. Incluso empresas que continúan registrando ganancias enfrentan márgenes significativamente más reducidos que en años anteriores. Según datos recientes de balances corporativos, la caída de ventas en el segmento principal —la comercialización de productos de consumo cotidiano— se combina con un aumento considerable en los niveles de morosidad asociados a mecanismos de financiamiento propios, como tarjetas de crédito ofrecidas por las mismas compañías.
Menos consumo y más financiamiento en riesgo
El deterioro del poder de compra ha modificado los hábitos de los consumidores. Se observa una reducción en el volumen promedio de cada compra y un mayor uso de instrumentos de pago diferido para adquirir bienes esenciales. Este cambio, que inicialmente funcionó como una estrategia para sostener las ventas, hoy representa un factor de vulnerabilidad para el sector.
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Las empresas que operan con sistemas de crédito interno han registrado un incremento notable en los montos incobrables. En algunos casos, las partidas asociadas a deudas impagas se multiplicaron casi siete veces en comparación con el año anterior, reflejando el debilitamiento de la cadena de pagos en el mercado doméstico.
Este fenómeno no solo impacta en los resultados financieros, sino que también evidencia una situación social más amplia: una proporción creciente de consumidores recurre al endeudamiento para cubrir gastos básicos, sin contar posteriormente con ingresos suficientes para cumplir con sus obligaciones. De este modo, el crédito, que históricamente impulsaba el consumo, comienza a mostrar límites estructurales en un entorno económico inestable.
Ventas en retroceso pese a la expansión física
Un dato llamativo es que la retracción en el consumo se produce incluso en contextos de crecimiento territorial. Durante el último período analizado, algunas cadenas ampliaron su red de sucursales con el objetivo de captar nuevos mercados y mejorar su posicionamiento regional. Sin embargo, la apertura de locales no logró revertir la caída en las ventas del negocio supermercadista, que descendieron más de un 4% en términos interanuales en ciertos casos.
Esto sugiere que la debilidad de la demanda responde a factores macroeconómicos más profundos que no pueden ser compensados únicamente mediante estrategias de expansión comercial. En otras palabras, hay más puntos de venta disponibles, pero menos capacidad de compra por parte de los consumidores.
La disminución en la cantidad de tickets y el reemplazo de compras voluminosas por adquisiciones más pequeñas forman parte de una dinámica que se ha vuelto recurrente en el comercio minorista argentino. Esta tendencia también afecta la rotación de productos y obliga a las empresas a ajustar su logística y su estructura operativa para adaptarse a un nivel de actividad más bajo.
Rentabilidad bajo presión y costos en alza
El retroceso del consumo coincide con un incremento de los costos operativos, impulsado principalmente por ajustes salariales derivados de acuerdos paritarios y por gastos asociados a la logística y los servicios. En consecuencia, el resultado operativo de algunas compañías se redujo hasta un 46% interanual, mientras que la ganancia neta pasó a representar apenas el 0,65% de los ingresos totales, muy por debajo del margen registrado en el ejercicio previo.
Este escenario plantea un desafío doble para el supermercadismo: por un lado, recuperar volumen de ventas en un mercado deprimido; por otro, contener el riesgo crediticio derivado del aumento de la morosidad. La combinación de menores ingresos y mayores gastos configura una ecuación financiera cada vez más ajustada.
El contraste con los negocios orientados al exterior
Mientras el mercado interno muestra señales de estancamiento, algunas unidades vinculadas a la exportación presentan un desempeño más favorable. El negocio frigorífico, por ejemplo, registró incrementos superiores al 50% en sus ventas gracias a la mejora de los precios internacionales y al aumento del volumen exportado.
Este crecimiento permitió compensar parcialmente la caída en el segmento supermercadista y puso de relieve una característica recurrente de la economía argentina: la divergencia entre el comportamiento del mercado doméstico y el de las actividades orientadas al comercio exterior.
Asimismo, el área financiera asociada a tarjetas propias experimentó una expansión significativa, con subas superiores al 100% interanual. No obstante, su participación en la facturación total sigue siendo marginal, lo que limita su capacidad para equilibrar los resultados globales de las compañías.
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Las proyecciones para los próximos meses no anticipan una recuperación contundente del consumo. Aunque algunos análisis prevén un leve crecimiento basado en la eventual recomposición del crédito y en una desaceleración inflacionaria, la mejora del salario real aparece como una condición indispensable para revertir la tendencia actual.
En este contexto, el sector supermercadista enfrenta un proceso de adaptación que incluye la diversificación de sus fuentes de ingreso y la revisión de sus modelos de financiamiento. La experiencia reciente demuestra que depender exclusivamente del mercado interno puede resultar insuficiente en períodos de contracción económica.
Más allá de la evolución de las variables macroeconómicas, la capacidad de los hogares para sostener su nivel de gasto continuará siendo el principal determinante del desempeño del comercio minorista. Hasta que no se produzca una recuperación significativa del poder adquisitivo, es probable que el consumo masivo permanezca en niveles moderados, condicionando la rentabilidad y la expansión de las empresas del sector.
Fuente: Patagonia 24


