Comodoro pierde una joya histórica: Cierra farmacia argentina
Durante 96 años, Farmacia Argentina fue mucho más que un comercio en Comodoro Rivadavia: fue un punto de encuentro, un espacio de confianza, una extensión del hogar para muchas familias. Ubicada en la céntrica esquina de San Martín y Pellegrini, su cierre no solo marca el final de un ciclo empresarial, sino también la despedida de una época donde la palabra dada valía tanto como un documento firmado. La historia de este icónico negocio, conducido durante décadas por la familia Huberman, refleja un modelo de servicio comunitario que hoy se vuelve cada vez más escaso.
Un símbolo de identidad local
Fundada en 1929, Farmacia Argentina acompañó el crecimiento urbano y demográfico de Comodoro desde sus primeras etapas. En una ciudad que fue forjándose al calor del trabajo petrolero, esta farmacia se convirtió en un hito físico y emocional. Bajo la conducción de Simón Huberman, y luego de sus hijos Alicia y Jorge, el local se transformó en un ejemplo de servicio y ética profesional.
Lejos de ser solo un punto de venta de medicamentos, el negocio se constituyó como un verdadero centro de asistencia y diálogo. Las personas acudían tanto por una receta como por un consejo. Con el paso de los años, se generó un entramado de confianza que trascendía el vínculo comercial.
La fecha fundacional y un legado que honra a Comodoro
Si bien se sabe que la farmacia ya operaba en 1929, fue recién en 1939 cuando Simón Huberman —padre de Jorge y Alicia— compró el negocio junto a su esposa, consolidando el proyecto como una empresa familiar. Fue ese acto simbólico el que marcó el inicio de una nueva etapa en la historia del comercio.
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A lo largo de las décadas, resistieron crisis económicas, modificaciones en las leyes sanitarias y la competencia creciente del sector. Farmacia Argentina mantuvo siempre su esencia: una atención cercana, humana y comprometida. Como explicó Jorge Huberman en una entrevista reciente, la farmacia funcionó sobre la base de la confianza. “No existían las tarjetas, pero la gente cumplía. Muchos del campo mandaban a sus hijos a estudiar acá, y confiaban en que íbamos a entregarles lo necesario sin haber pagado todavía”, relató.
Un modelo de empresa familiar con profundo arraigo social
La historia de Farmacia Argentina es también la historia de una familia. Tras el fallecimiento de Simón en 1966, fue Alicia quien asumió la dirección, mientras su madre colaboraba en la administración. Alicia, farmacéutica de profesión, recuerda con emoción cómo el trabajo cotidiano era también un acto de entrega. “No era solo un negocio. Era nuestra vida, era nuestra forma de contribuir con la ciudad”, expresó.
Ambos hermanos sostuvieron durante años una forma de trabajo en la que prevalecía el trato personalizado y el respeto. Las anécdotas de empleados que comenzaron su carrera allí, como Agustín Rosán, quien trabajó desde los 13 años hasta su jubilación, reflejan el compromiso con quienes fueron parte del equipo.
Cuando la urgencia no se resolvía con un trámite
Uno de los momentos más significativos en la historia de la farmacia tuvo lugar el 15 de febrero de 1953, cuando ocurrió el accidente ferroviario conocido como la tragedia de «La Chanchita». Ese día, un coche motor con cerca de cien pasajeros que regresaban de la playa descarriló, dejando 36 muertos y más de 60 heridos.
En esa emergencia, el sistema de salud colapsó. El hospital municipal no contaba con los insumos necesarios y la burocracia institucional no estaba preparada para una respuesta rápida. Ante este escenario, Simón Huberman y su empleado Agustín Orellana no dudaron: cargaron el auto con medicamentos y fueron al hospital sin pedir autorización ni anticipos de pago. La ayuda era más urgente que los papeles.
Este episodio fue recordado por Jorge con especial emoción. Su padre, cuenta, tuvo que reconocer los cuerpos en la morgue. “Salió con los ojos rojos. Fue un golpe fuerte, pero nunca dudó en hacer lo correcto”, afirmó. Incluso cuando el médico ferroviario le pidió que enviara la factura de los remedios, Simón se negó: “No estábamos para hacer cuentas, estábamos para salvar vidas”. Más tarde, la empresa ferroviaria reintegró los costos. Pero la actitud quedó como testimonio de otra época, donde la palabra y el compromiso social pesaban más que cualquier contrato.
Hoy, con Alicia de 82 años y Jorge de 85, los hermanos decidieron cerrar las puertas del local de manera definitiva. “Las capacidades ya no son las mismas. Es mejor retirarse a tiempo, antes de que el sistema nos obligue a hacerlo por la fuerza”, comentó Jorge.
A pesar de la nostalgia, ambos coinciden en que fue la decisión correcta. Durante los últimos meses, fueron muchos los vecinos que se acercaron a despedirse, agradecer y compartir recuerdos. En cada rostro, en cada abrazo, se reflejaba el impacto que tuvo la farmacia en la vida de la comunidad.
Alicia, por su parte, expresó que dejar el local fue uno de los momentos más duros de su vida: “Costó más de lo que pensaba. Pero uno sabe cuándo es tiempo de decir adiós. Dejamos todo por este lugar, y lo hicimos con amor”.
El cierre de Farmacia Argentina también deja al descubierto las dificultades que enfrentan los pequeños comercios ante un mercado cada vez más concentrado. Las grandes cadenas farmacéuticas, con capacidad para operar en escala, acaparan hoy buena parte del negocio. Con promociones masivas, redes logísticas eficientes y atención extendida, han cambiado las reglas del juego.
Frente a eso, las farmacias tradicionales pierden competitividad. La burocracia de las obras sociales, los requerimientos tecnológicos y los costos crecientes hacen cada vez más difícil sostener un modelo basado en el trato humano y familiar.
En los últimos días, se confirmó el traspaso del local a una red nacional, marcando el fin de la gestión familiar. Aunque el nombre y el punto comercial seguirán funcionando, el alma del lugar —ese intangible tejido por años de atención personal— ya no será la misma.
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Aunque la farmacia ya no abra sus puertas como antes, su historia queda grabada en la memoria de Comodoro. Quienes fueron sus clientes, empleados o simplemente vecinos, recordarán siempre ese lugar donde un medicamento se entregaba con una palabra de aliento, donde el tiempo se tomaba para escuchar y ayudar.
Más allá de los cambios del presente, el caso de Farmacia Argentina invita a reflexionar sobre el tipo de sociedad que queremos construir. ¿Puede convivir la eficiencia con la empatía? ¿Es posible rescatar lo mejor del modelo tradicional en el nuevo contexto digital?
La historia de los Huberman demuestra que sí: que una vida entera puede transcurrir al servicio de los demás, que la palabra dada tiene valor, y que el comercio también puede ser un acto de compromiso social.


