Argentina: ¿De “supermercado del mundo” a una zona franca de importación de alimentos?
Un superávit que se reduce drásticamente
Argentina cerró 2024 con un superávit comercial de aproximadamente 19 000 millones de dólares, pero esa cifra se verá severamente reducida en 2025. Según las proyecciones del Gobierno y del sector privado, el excedente podría caer a unos 7 000 millones, debido al notable aumento de las importaciones. En efecto, entre enero y junio de 2025 el superávit acumulado fue de apenas 2 788 millones, contra más de 10 742 millones en el mismo período de 2024, una disminución cercana al 75 %
Este cambio responde en gran medida a un fuerte incremento del volumen importado: en junio las compras al exterior crecieron un 35,9 % interanual, alcanzando unos 6 370 millones de dólares, mientras que las exportaciones subieron un 10,8 % a 7 275 millones-
Política comercial y estrategia electoral
En el núcleo de esta dinámica económica está la agenda del presidente Javier Milei, que ha declarado como prioridad contener la inflación a toda costa, con el objetivo de fortalecer a los candidatos de su espacio político en las elecciones de octubre.
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El aumento de importaciones responde también a una desregulación del comercio exterior, facilitada por la digitalización de trámites aduaneros y sanitarios. Esto, agregando presión sobre empresas locales, especialmente en sectores sensibles como los alimenticios.
Modernización de los trámites: ARCA, ANMAT y VUCEA
El 31 de julio de 2025 se oficializó una resolución clave: los trámites de importación de alimentos e insumos industriales fueron integrados a la Ventanilla Única de Comercio Exterior Argentino (VUCEA). Gracias a las resoluciones generales 5730/25 y 5731/25, ya no es necesario presentar documentación por separado ante ANMAT y ARCA; todo se tramita de forma digital y centralizada.
Esta interoperabilidad facilita la gestión de licencias, avisos y certificados LPCO, eliminando demoras y reduciendo errores burocráticos: una ventaja para importadores, pero también una puerta abierta para una entrada más masiva de productos extranjeros, que compiten directamente con la producción nacional.
El efecto sobre el sector alimentario argentino
La rápida simplificación de los requisitos ha permitido, por ejemplo, una multiplicación por diez de las importaciones de tomate, incluso desde países como China, además del tradicional origen chileno. Este flujo amenaza seriamente economías regionales ya golpeadas, como la de Mendoza y otras provincias productoras de Cuyo.
Muchos actores locales se preguntan si estos envíos responden a prácticas de dumping o precios subsidiados que favorecen a productores extranjeros, en detrimento de la industria nacional, sin controles adecuados.
Un supermercado global en tu góndola local
La vocación importadora hoy se ve reflejada incluso en los supermercados porteños. Un paseo por los pasillos de Disco o Carrefour muestra productos alimenticios y de consumo masivo con orígenes tan diversos como China (salsas de soja), Grecia (aceitunas), Brasil (yerba mate y café instantáneo), Francia (cápsulas de espresso), EE. UU. (salsa jalapeña), además de pastas italianas, chocolates suizos, y aceite de oliva de España. Incluso productos de Mister Beast (EEUU) hacen su aparición en góndolas locales.
Ante esta diversidad, surge la pregunta: ¿Estamos ante una “feria internacional” antes que un mercado nacional? ¿A qué costo o beneficio para la producción local?
Vaca Muerta y minería: paliativos de una crisis mayor
Parte del superávit proyectado para 2025 depende en gran medida del sector energético y extractivo. Las exportaciones vinculadas a Vaca Muerta podrían sumar cerca de 6 000 millones de dólares, mientras que la minería aportaría otros 5 000 millones. Sin estos ingresos, el saldo comercial sería negativo.
Esto evidencia una dependencia estructural del país en sectores intensivos de capital y exportación por sobre industria de valor agregado.
Riesgos y oportunidades: la tensión entre apertura y protección
La apertura comercial y la modernización aduanera ofrecen ventajas claras: menor burocracia, menores costos operativos, y mayor competitividad para ciertos sectores industriales que importan insumos. Pero también conllevan riesgos: erosión de la producción local, pérdida de empleos regionales y dependencia creciente de proveedores externos.
Queda por ver si esta política se equilibra con mecanismos de defensa de industrias estratégicas o incentivos para que las empresas argentinas mejoren su competitividad exportadora.
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La Argentina transita un momento de cambio. Pasa de ser un exportador tradicional agroindustrial a convertirse, en algunos rubros, en una zona franca de importación de alimentos. El comercio favorable de 2024 se diluye ante un escenario donde las importaciones aumentan sin contrapeso productivo local.
La simplificación de trámites, con VUCEA como herramienta central, aceleró esta transformación. Aunque la agenda oficial lo presente como una medida antiinflacionaria, el impacto en las economías regionales y en el tejido productivo no puede ignorarse.
El desafío está en armonizar la necesidad de reducir costos y modernizar el comercio exterior con la protección de sectores clave y la diversificación de exportaciones.


