«Más Allá de la Racionalidad: Explorando a Daniel Kahneman» es el tema que propone Eduardo Moraga Ortega, Business Intelligence and Data Science Consultant
Ha pasado más de un año desde la partida de Daniel Kahneman y es probable que su contribución siga estando en la primera línea por mucho tiempo. Me surgieron las ganas de escribir lo que podría ser otra de las miles de notas que se han escrito sobre este académico extraordinario, pero, dada mi admiración, quisiera compartir lo relevante que ha sido para mí estudiar a Kahneman. Mi intención no es entrar en un marco teórico sobre todos sus aportes, sino destacar lo esencial de ellos, y seguramente me quedaré corto, y repensarlos en nuestra actualidad.
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Daniel Kahneman fue un intelectual que tuvo su momento de auge en la cultura pop luego de recibir el Premio Nobel de Economía en 2002 y tras la publicación de su tan aclamado best seller “Pensar rápido, pensar despacio”. Sin embargo, sus contribuciones vienen desde hace décadas, específicamente desde los años 70, cuando junto a su compañero Amos Tversky desarrollaron la teoría prospectiva que permitió enriquecer el debate intelectual respecto a la racionalidad clásica en la toma de decisiones, que hasta mediados de los 70 estaba predominantemente basada en la teoría de la utilidad esperada.
Fue su aporte relacionado con la teoría prospectiva lo que ayudó a abrir otra perspectiva de entendimiento sobre cómo las personas toman decisiones en contextos de incertidumbre y, principalmente, cómo el enfoque racional puede ser limitado a la hora de explicar sesgos denominados heurísticas, en los cuales incurre el ser humano en dichos contextos.
Ya es conocido su aporte respecto a la metáfora de los sistemas 1 y 2, siendo el 1 relacionado al pensamiento automático, aquel que surge más por osmosis y costumbre, y que no requiere esfuerzo. Mientras que el 2 guarda relación con una deliberación más profunda, resuelve problemas complejos y requiere de un proceso de sistematización, entre otros.
El punto está en que las decisiones rápidas (asociadas al pensamiento 1) pueden ser difíciles si nos vemos abrumados por una enorme cantidad de información o cuando enfrentamos un exceso de opciones. Se asumía que mientras más opciones e información tuviéramos, mejores serían nuestras decisiones y así aumentaría nuestro bienestar, pero desde la lógica heurística esto no necesariamente es así.
El problema no es utilizar el sistema 1 o heurísticas. Porque no creo que sea muy productivo ir al supermercado habiendo hecho una cotización de todos los productos de cada categoría de la canasta de bienes que me gusta comprar; ni tampoco realizar un estudio de mercado cada vez que compro pan. El problema surge cuando, en ciertos contextos, la heurística asociada a estas decisiones produce prejuicios y sesgos ampliamente estudiados hasta el día de hoy.
Así llegamos también al aporte realizado por Kahneman en el terreno de las ganancias y pérdidas, donde el foco está en el punto de referencia. Es decir, cuando tomamos una decisión que involucra una posible ganancia respecto de un punto de referencia, solemos ser conservadores o aversos al riesgo, mientras que si la relación es de una posible pérdida respecto del punto de referencia, podemos ser más arriesgados.
Le pongo un ejemplo: ¿Qué haría en las siguientes situaciones?
1. En situaciones de ganancia: a. Tiene usted la posibilidad segura de ganar 1000 USD b. Tiene usted la posibilidad de un 50% de ganar 2000 USD y el otro 50% de perderlo todo.
2. En situaciones de pérdida: a. Tiene usted la posibilidad segura de perder 1000 USD b. Tiene usted la posibilidad de un 50% de perder 2000 USD y el otro 50% de no perder nada. Los estudios experimentales permitieron inferir que para el caso 1 la mayoría de los participantes seleccionó la opción A, mientras que para el segundo caso la opción B.
Pareciera ser un ejemplo muy simple, pero es muy interesante en su conclusión: la gente es conservadora en un contexto de ganancia y arriesgada en un contexto de pérdida. El verse amenazado por grandes pérdidas hace que seamos adversos al riesgo, mientras que cuando no tenemos mucho o nada, vislumbramos una oportunidad de recuperar algo y solemos estar dispuestos a asumir riesgos.
Nos preocupamos mucho por las cosas que tenemos y podríamos perder respecto a aquellas cosas que no tenemos y podríamos comprar. Esto es clave para entender la gran diferencia que se estableció entre la teoría clásica y la economía conductual. La primera tiene su corazón en la toma racional de decisiones.
Es decir, una persona siempre tomará aquellas decisiones que maximicen su beneficio. Si consideramos el axioma de transitividad: A es mejor que B y B es mejor que C, entonces A es mejor que C. Sin embargo, la heurística nos permitió cuestionar esto, considerando que tomamos decisiones no en función de toda la información que podríamos tener a nuestra disposición, sino en función de la información que está rápidamente disponible para nosotros; la información que podemos recuperar, recordar y acceder con facilidad.
Le pregunto: ¿realmente hace usted las compras maximizando su canasta con todos los posibles resultados que podría obtener si supiera los precios de cada uno de los productos que necesita? Le aseguro que es muy complejo. Seguramente se deja llevar por aquellos productos que evocan una historia pasada, por compra frecuente o por una infinidad de motivos. Otro ejemplo es el genuino miedo a volar en aviones. Es más probable que usted tenga un accidente en auto, cruzando una calle, caminando como peatón que un accidente aéreo. Sin embargo, tendemos a maximizar los riesgos. Así, son muchísimos los ejemplos, como interesante es el estudio de los aportes de Daniel Kahneman.
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Estuvo vigente hasta muy recientemente, antes de su muerte, hablando sobre el aporte de la inteligencia artificial, el bienestar subjetivo, entre otros temas. Es una gran pérdida, pero su legado perdurará por mucho tiempo.


