«El arte silencioso del liderazgo: qué debe tener un buen Presidente de Directorio» es el tema que propone Willem F. Schol, Presidente de AmericaMalls & Retail y Director de Empresas, a partir del artículo original de Sergio Guzmán de Tomate Governance.
En su artículo “¿Qué es lo que debe tener un buen Presidente de Directorio?”, Sergio Guzmán ofrece una mirada lúcida y profunda sobre las cualidades esenciales que debe poseer quien preside un directorio corporativo. Su planteamiento —centrado en la humildad, el coraje, la astucia política y el propósito estratégico— nos invita a repensar el rol del Presidente como mucho más que una figura ceremonial. Pero, en un entorno de negocios crecientemente volátil, ¿cómo se traduce ese perfil en la práctica? ¿Qué tensiones lo atraviesan? ¿Qué nuevas capacidades requiere?
Liderar sin imponer: el equilibrio de un primus inter pares
Guzmán sostiene que el Presidente debe actuar como un “primero entre iguales”, liderando sin autoritarismo, facilitando sin protagonismo y construyendo una cultura de conversación estratégica. Esa figura debe ser, ante todo, un orquestador: alguien que armoniza visiones diversas, anticipa conflictos y fortalece el diálogo entre el directorio y el equipo ejecutivo.
Una de las prácticas más relevantes que Guzmán propone es la preparación previa a las reuniones del directorio, incluyendo conversaciones con el CEO y los ejecutivos clave. Este tipo de preparación, lejos de ser burocrática, resulta vital para garantizar discusiones útiles y evitar que el directorio sea solo una instancia de formalización de decisiones ya tomadas.
Del deber al hacer: cuando la teoría encuentra la realidad
Las cualidades descritas por Guzmán encuentran ejemplos concretos en la historia reciente de líderes empresariales. Paul Polman, desde la presidencia de Unilever, promovió una cultura basada en la sostenibilidad y el largo plazo, combinando propósito con humildad y escucha activa. Por su parte, Ana Botín, al frente del Banco Santander, ha demostrado cómo un liderazgo con sentido político puede conducir a una transformación cultural y estratégica sostenida en el tiempo.
Ambos casos muestran que un buen Presidente no solo guía al directorio, sino que también puede moldear el propósito y la narrativa de la organización sin necesidad de dirigir el día a día.
Liderazgo entre sombras: tensiones inevitables
Presidir un directorio es ejercer un tipo de poder peculiar: silencioso, indirecto, muchas veces invisible. Existen dilemas frecuentes —por ejemplo, cómo intervenir cuando el CEO no cumple las expectativas sin dinamitar la confianza— o cómo gestionar las múltiples lealtades que se cruzan en la gobernanza: hacia los accionistas, los empleados, la comunidad o el ecosistema empresarial.
También están las tensiones entre independencia y alineamiento, especialmente cuando los miembros del directorio han sido nominados por grupos con intereses divergentes. El Presidente se convierte así en mediador de intereses, pero también en garante del propósito común.
A estas tensiones se suma una más estructural: el desafío de fomentar la diversidad de opiniones sin caer en la fragmentación, y de construir unidad sin silenciar la crítica.
El contexto importa: no todos los directorios se conducen igual
El contexto cultural también moldea al Presidente. En América Latina, los liderazgos suelen estar más marcados por relaciones personales e informalidad que en los países nórdicos, donde las estructuras son más rígidas y formales.
Un buen Presidente necesita, entonces, sensibilidad cultural, capacidad de adaptación y un alto nivel de autoconciencia para saber cuándo intervenir y cuándo retirarse.
Las nuevas capacidades del liderazgo corporativo
Además de las cualidades tradicionales, el contexto actual exige al Presidente desarrollar nuevas capacidades:
- Lectura estratégica de sostenibilidad y ESG: ya no basta con aprobar informes; se espera un liderazgo activo en estas agendas.
- Gestión de riesgos reputacionales en entornos digitales: la reacción a una crisis no puede esperar a la siguiente reunión del directorio.
- Alfabetización en inteligencia artificial y transformación digital: comprender sus impactos éticos, estratégicos y regulatorios forma parte del nuevo tablero de decisiones.
Estas nuevas competencias no reemplazan a las anteriores, pero sí amplían el campo de responsabilidad de quien preside el directorio.
El liderazgo del Presidente no se mide por discursos rimbombantes ni decisiones operativas. Se mide por su capacidad de crear espacios en los que otros puedan pensar mejor, disentir con respeto y actuar con propósito. Es un rol que requiere humildad, preparación, visión y, como bien sugiere Sergio Guzmán, una dosis alta de sabiduría silenciosa.
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Frente a desafíos crecientes, las organizaciones que cuenten con un Presidente verdaderamente estratégico y humano estarán mejor preparadas para navegar el futuro. Porque, en el fondo, el Presidente no solo preside reuniones: inspira decisiones que definen el destino de una empresa.

