«Lo que los líderes debemos aprender del ejemplo de la Contralora General de la República de Chile: control, ética y gestión inteligente» es el tema que propone Willem F. Schol, Presidente de AmericaMalls & Retail y Director de Empresas.
En tiempos donde la confianza pública y la eficiencia institucional parecen bienes escasos, pocas exposiciones logran captar tanto respeto como la reciente presentación de la Contralora General de la República de Chile, Dorothy Pérez, en ENADE 2025. Su intervención no solo fue una rendición de cuentas, sino una lección magistral sobre liderazgo, responsabilidad y gestión con propósito.
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Más allá del contexto estatal, los principios que expuso trascienden el ámbito público y son profundamente aplicables a la vida empresarial, a la dirección de equipos y a la gestión profesional en general.
1. Autonomía y credibilidad: el activo más valioso
La Contralora recordó que toda institución —pública o privada— necesita autonomía para inspirar confianza. En los negocios, esa independencia se traduce en coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, y en la capacidad de tomar decisiones basadas en datos y principios, no en presiones.
En nuestra gestión, mantener la credibilidad requiere transparencia, rendición de cuentas y el coraje de sostener posiciones incómodas cuando son las correctas.
2. Control no es desconfianza, es responsabilidad
En muchas organizaciones, hablar de control interno suena a burocracia o falta de confianza. Pérez demostró lo contrario: el control es una forma de cuidar los recursos y proteger la integridad del sistema.
Un buen líder no fiscaliza por sospecha, sino porque sabe que la transparencia fortalece la reputación y previene errores costosos. Controlar es anticiparse, no reaccionar.
3. Tecnología y datos al servicio de la probidad
La Contraloría chilena ha integrado interoperabilidad de datos y cruces de información para detectar irregularidades que antes pasaban inadvertidas.
Ese enfoque —basado en evidencia y tecnología— es una inspiración para cualquier organización que aspire a transformar la supervisión en inteligencia de gestión. Automatizar, digitalizar y analizar no es opcional: es la única vía para competir con eficiencia y rigor ético.
4. Hacer más con menos: la eficiencia como cultura
Uno de los momentos más potentes de su discurso fue su reconocimiento de las limitaciones presupuestarias. “Es difícil que quieran aumentar el presupuesto de quien los fiscaliza”, dijo con humor y realismo.
En el mundo empresarial, esa frase aplica perfectamente: no siempre habrá más recursos, pero sí podemos administrar mejor los que tenemos. La optimización, la reasignación de talento y la eliminación de procesos redundantes son las verdaderas fuentes de productividad.
5. Comunicación con propósito: conectar la razón con la emoción
Pérez cerró su discurso citando a Gabriela Mistral, y no fue un gesto menor. Su mensaje combinó cifras duras con poesía, mostrando que el liderazgo no solo se mide en resultados, sino en la capacidad de inspirar sentido.
En la gestión profesional, comunicar no es informar: es construir confianza, generar adhesión y movilizar convicciones. La credibilidad técnica sin empatía no mueve voluntades; la emoción sin sustento técnico tampoco. La combinación de ambas es lo que genera liderazgo auténtico.
6. Simplificar para avanzar
Otro de los puntos que resonó fue su crítica a la “permisología” excesiva: esa maraña de procesos que asfixia la innovación y retrasa el progreso.
Cuántas veces, en nuestras propias organizaciones, somos víctimas del mismo fenómeno: trámites innecesarios, jerarquías rígidas, decisiones atrapadas en cadenas de correo. Simplificar no es perder control, es ganar agilidad.
7. Liderar con ética y ejemplo
La ovación que recibió Pérez no fue solo por lo que dijo, sino por cómo lo dijo: con integridad, humildad y convicción. En un país —y en una región— donde la ciudadanía demanda transparencia y resultados, su discurso recordó que el liderazgo verdadero no se impone, se ejerce con coherencia moral.
La ética no es una política corporativa: es una práctica diaria que sostiene la reputación de una institución.
El mensaje de la Contralora trasciende lo público. Nos invita a todos, en cualquier rol de liderazgo, a fiscalizar con sentido, decidir con evidencia, comunicar con propósito y actuar con ética.
Si en la gestión profesional aplicáramos esas cuatro dimensiones con la misma firmeza con que Pérez las expuso, nuestras empresas serían más confiables, nuestras instituciones más sólidas y nuestras sociedades, más justas.
Un reconocimiento merecido
Más allá de su rol técnico, Dorothy Pérez encarna un estilo de liderazgo que equilibra firmeza y humanidad, rigor y sentido del deber. Ha demostrado que la autoridad moral no proviene del cargo, sino del ejemplo personal. Su gestión basada en valores, en la defensa del interés público y en la transparencia, la posiciona como una figura inspiradora no solo para el Estado chileno, sino para todos los que creemos que la ética y la excelencia pueden coexistir.
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Su forma de liderar recuerda mucho al doctor Julio Velarde Flores, presidente del Banco Central de Reserva del Perú: otro referente regional de independencia institucional, prudencia técnica y serenidad moral. Ambos representan esa rara combinación de liderazgo silencioso pero contundente, capaz de sostener la estabilidad de un país y la confianza de sus ciudadanos, incluso en tiempos de turbulencia política.


