«La revolución silenciosa de las librerías»es el tema que propone Laureano Turienzo Esteban, Elegido mayor Líder & Influyente mundial en retail en español
Nos juraron que era un enfermo terminal. Las librerías físicas.
Nos lo juraron algunos chicos y chicas de aquellas enormes consultoras. Escribieron su epitafio y lo publicaron. El futuro era 100% digital. Los libros de papel era un anacronismo, welcome to ebooks life.
Pero Tsutaya decidió ser disidente, y se propuso prohibir un país con ciudades y pueblos con cero librerías. Afirmó que, justo ahora que debían morir las librerías, iba a abrir cientos de librerías por todo el Japón. Y sigue abriendo, años después, muchas librerías en un país ultradigitalizado, y donde Amazon, Temu, Shein, Rakuten son los amos de la fiesta.
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Se fueron a los pueblos, a las ciudades deshabitadas de librerías, y les preguntaron a la gente qué instalaciones les gustaría ver en su comunidad, mencionaron cafés, y lugares tranquilos, y lugares donde la gente pudiera reunirse, y hablaron de socializar. Y entonces supieron cómo iban a ser sus librerías.
Fueron a los barrios, y a las calles, y preguntaron por la gente que participaba en reuniones de la comunidad, y les ofrecieron sus librerías, para que todos ellos se reunieran en ellas cuando quisieran, para que hicieran ahí sus actividades, y les sería gratis. Las librerías eran de la comunidad. Tenían un propósito más allá de vender, de la ultraconveniencia, de la entrega rápida, del algoritmo perfecto, iban mucho más allá.
Y supieron también que sus librerías debían ser maravillosas, como el hogar que siempre soñaste tener, una especie de palacio de la tranquilidad y de la belleza. Y supieron que tenían que tener a los mejores para tener a los mejores clientes, y llenaron la sección de música con músicos que explicaban los libros y los instrumentos de música, y asesoraban sobre diferentes géneros musicales, lugares en vivo para escuchar o sistemas de sonido domésticos adaptados a un tipo específico de espacio. Y en la sección de viajes, contrataron a trotamundos que le chivaban a los compradores de guías de viajes, lugares inauditos donde ser felices.
Y abrieron librerías fuera de Japón, y expandieron su forma de negar la muerte absurda de las librerías por otros países. Y millones y millones de negacionistas del fin de las librerías acudieron en masa a esas bellezas de la socialización. Taiwán, China, Malasia, Camboya… Librerías que eran templos de la lentitud, de gente que buscaba gente, de gente que amaba los libros.
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Y nació una revolución muda, y uno de cada dos japoneses tiene una tarjeta de membresía de la Librería Tsutaya, y su membresía ha llegado a los 60 millones.
60 millones de negacionistas en una isla.


