La gente cada vez dedica más parte de su presupuesto a compra menos cosas y cada vez compra más servicios. Por ejemplo, los norteamericanos en 1960 gastaban el 5% de sus ingresos en salud, hoy gastan casi el 18%.
Hoy dedicamos mucho más presupuesto, que hace dos décadas, al ocio, viajar, divertirnos… es decir, a servicios. Cada vez nos interesa más el uso de las cosas (es decir alquilarlo, es decir servicios) que la pertenencia de las cosas.
En cualquier parte del mundo se gasta más que hace una década en educación, ocio, museos, eventos deportivos, servicios de música o contenidos audiovisuales por streaming, entre otros.Viajamos más y más
lejos. La gente piensa menos en cosas y piensa más en servicios.
Hemos aprendido que la felicidad está en lo que hacemos, no en lo que tenemos.
Una vez superada la pandemia, y en una vida supuesta de nueva normalidad, vemos cada vez más un regreso masivo y sin freno hacia la socialización. Y sobre todo hacia la economía del disfrute inmediato. Tras varios años de secuestro emocional y social, nos interesan menos comprar cosas para toda una vida, que vivir el instante, y a poder ser socialmente. La gente, más que buscar tener cosas, busca disfrutar tribalmente. La gente busca gente.
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Hay ciertos servicios que por su idosincracia deben celebrarse en el mundo físico: regresamos a las “tiendas, bares, restaurantes, hoteles, clínicas estéticas, gimnasios ,,,)” donde se vende servicios, es decir, cenas , comidas, salud, subscripciones para clases de zumba, aprender idiomas, el veterinario de nuestras mascotas… y todo esos servicios que compramos, los usamos mayormente en el mundo físico.
La gente busca servicios, y está dispuesto a pagar en muchos de ellos si cree que puede hacer que sus vidas sean más felices. Mientras, vive en un mundo de televisores al 50%, de pantalones a 3 euros con envíos gratuitos desde China, o de paga 1 botella de vino y llévate 3…….
Los consumidores miran mucho más los precios cuando compran la posesión de las cosas (bienes), que cuando compran el uso de las cosas o servicios.
Hoy vemos, por ejemplo, cómo los televisores se venden a precios de coste ,,, y el negocio está en la venta del seguro de la television, o en el servicio de su instalación..
Y muchos retailers siguen empeñados en hablarles a sus clientes solo productos y precio. Quizá ha llegado el momento de hablarle también de otras cosas, de ofrecerles un universo de servicios en torno a las cosas que vendes

