Por Felipe Vega, fundador y director general de CECANI Latinoamérica
La palabra moda elude a lo pasajero. Sin embargo, también existen tendencias que anuncian comportamientos que marcarán el porvenir de distintos sectores económicos y empresas, modas que se detentarán para siempre. Este es el caso de la economía circular.
Es un modelo de producción y consumo que implica compartir, arrendar, reutilizar, reparar, renovar y reciclar los materiales y productos existentes. Es una nueva forma de vida en el retail y sus proveedores, al grado que ya resulta central en muchas misiones del Tercer Sector.
Los beneficios no financieros de una economía circular son bastante claros. Al centrar la actividad empresarial en torno a los insumos renovables, la reutilización y la prolongación de la vida útil de los productos, en contraposición al modelo lineal de extracción-fabricación-residuos, las empresas pueden reducir significativamente su impacto negativo en el medio ambiente y la sociedad.
Pero la implementación de modelos de negocio circulares no solo reduce las emisiones de carbono, sino también en costos operativos, lo que representa un ahorro promedio del 12% en comparación con un modelo de negocio lineal según un estudio en el sector electrónico.
Aunque no todas las industrias tienen la misma demanda de materias primas y el mismo perfil de uso, este hallazgo presenta una evidencia alentadora para que más empresas y sectores económicos abracen la circularidad en sus operaciones. Los beneficios van más allá de la conciencia climática.
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Así, se debe trabajar en estrecha colaboración con el director financiero en un análisis riguroso de costo-beneficio donde se consideren las condiciones del mercado, impuestos e incentivos verdes, partes interesadas en las fases iniciales y posteriores y el tipo de producto que se fabrique.
Ahora, contrario a lo que se asume tradicionalmente, la adopción de la economía circular no es compleja ni requiere transformaciones radicales en la logística. Estos son algunos ejemplos:
Cambiar a materias primas industriales renovables u otros insumos circulares puede generar ahorros y reducir emisiones sin implicar grandes cambios operativos o estratégicos.
Lo mismo puede suceder con el abastecimiento de materias primas a nivel local en lugar de gastar energía para importarlas.
Es probable que las empresas que ya cuentan con un sólido programa de descarbonización o de cero emisiones netas vayan un paso por delante y puedan acelerar el progreso alineando las iniciativas piloto con la estrategia de sostenibilidad existente de la empresa. También deberían estudiar marcos regulatorios como la Directiva de la UE sobre información corporativa en materia de sostenibilidad y su Mecanismo de Ajuste en Frontera de las
Emisiones de Carbono.
En sí, las prácticas circulares implementadas hoy tienen el potencial de reducir los costos futuros asociados con las disposiciones de cumplimiento y fijación de precios del carbono contenidas en esas regulaciones.
De manera simultánea, dado que la escasez de recursos y la volatilidad de los precios se convierten en preocupaciones cada vez más urgentes para muchas industrias, repensar cómo se obtienen, utilizan y reutilizan esos recursos hoy es un imperativo con implicaciones existenciales. Es una moda que llegó para quedarse.
