«El arte de dirigir: Estilos de liderazgo y el poder de la etiqueta corporativa» es el tema que propone Willem F. Schol, Presidente de AmericaMalls & Retail y Director de Empresas.
En el entorno corporativo actual, la figura del director ha dejado de ser una posición estática para convertirse en un rol dinámico que exige una gran versatilidad. La capacidad de un líder para transitar entre diferentes estilos según el contexto —ya sea una crisis financiera, un proceso de expansión o una reestructuración interna— es lo que define el éxito a largo plazo de una organización.
1. El Espectro de Estilos de Liderazgo para Directores
Un director eficaz no se casa con una sola metodología, sino que desarrolla una «caja de herramientas» de liderazgo que aplica estratégicamente:
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Liderazgo Visionario (Orientativo): Es fundamental cuando la empresa necesita un nuevo rumbo. El director moviliza a la organización hacia una visión común, definiendo el destino pero permitiendo que el equipo encuentre el mejor camino para llegar allí. Es ideal en periodos de transformación digital o cambios de modelo de negocio.
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Liderazgo Afiliativo: Prioriza la armonía y la creación de lazos emocionales. Aunque no es el estilo principal para tomar decisiones difíciles, es esencial para sanar equipos tras periodos de alta rotación o conflictos internos, fomentando la lealtad y el sentido de pertenencia.
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Liderazgo de «Marcapasos» (Pacesetting): El director lidera con el ejemplo, estableciendo estándares de excelencia extremadamente altos y esperando que el equipo los siga. Es muy efectivo en entornos de alto rendimiento y equipos de expertos, aunque debe usarse con cautela para no agotar el capital humano.
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Liderazgo de Coaching: Se enfoca en el desarrollo a largo plazo de los sucesores y mandos medios. El director invierte tiempo en identificar fortalezas y debilidades de su equipo, ayudándolos a potenciar sus capacidades. Es la clave para asegurar la continuidad y el relevo generacional en el directorio.
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2. La Toma de Decisiones y el Control Estratégico
Más allá de la motivación, el estilo de liderazgo se manifiesta en cómo se ejerce el control. Un director debe equilibrar la autonomía operativa de sus gerentes con el rigor en la rendición de cuentas.
El paso de un modelo de gestión basado en presupuestos anuales rígidos hacia planes estratégicos flexibles requiere un líder que sepa delegar sin perder de vista los indicadores críticos. En este sentido, el liderazgo moderno se aleja del micromanagement para centrarse en la arquitectura de sistemas que permitan la agilidad organizacional.
3. El Rol de las Formas en la Ejecución
Si bien el estilo de liderazgo dicta la estrategia, las formas de comportamiento actúan como el vehículo de implementación. Un director puede ser firme y directo en su estilo de mando, pero debe mantener siempre un estándar de profesionalismo que no erosione su autoridad moral.
Los modales en la alta dirección no son una simple cuestión de etiqueta social. Mantener la compostura en la sala de juntas, practicar la escucha activa y brindar un trato con deferencia hacia todos asegura que las decisiones estratégicas sean recibidas sin resistencias innecesarias. Esta conducta es, en última instancia, la base sobre la que se asienta cualquier estilo de liderazgo efectivo.
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La dirección de empresas en el siglo XXI exige una mentalidad de aprendizaje continuo. El director que logra alternar con maestría entre la visión estratégica, el soporte al equipo y la exigencia de resultados —todo bajo un marco de conducta intachable— es quien logra transformar una organización promedio en un referente del mercado.


