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¿Dónde termina la inspiración y empieza la apropiación cultural?

El tema no es nuevo, pero se ha acelerado en los últimos años: la frontera entre colaboración cultural y apropiación puede parecer difusa, especialmente cuando las tendencias globales llegan a nuestras calles vestidas con siluetas tradicionales, bordados y símbolos que pertenecen a comunidades específicas.

by España-Moda-Opinion
septiembre 5, 2025
in Mexico, Moda, Opinion, Otros Países
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¿Dónde termina la inspiración y empieza la apropiación cultural?

¿Dónde termina la inspiración y empieza la apropiación cultural?

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El tema no es nuevo, pero se ha acelerado en los últimos años: la frontera entre colaboración cultural y apropiación puede parecer difusa, especialmente cuando las tendencias globales llegan a nuestras calles vestidas con siluetas tradicionales, bordados y símbolos que pertenecen a comunidades específicas. Parto de un ejemplo concreto y reciente para abrir el debate: los Superstar Babouche, una colaboración entre Adidas y el diseñador marroquí Itsmeddcom que fusiona la icónica silueta de las Superstar con la babouche, el calzado tradicional de Marruecos. El análisis no se agota en la moda; es una reflexión sobre poder, reconocimiento y responsabilidad de las marcas globales frente a culturas que no son meramente estéticas, sino realidades vividas. Puedes leer el artículo de Fatima Aït Zahrire original aquí.

Antes de entrar en los casos, conviene aclarar dos conceptos clave que uso a lo largo del texto:

  • Colaboración: cuando una marca global trabaja codo a codo con un creador o artesano local, compartiendo ideas, crédito y beneficios. Es una relación de coautoría que respeta la agencia de la comunidad representada.
  • Apropiación cultural: cuando una marca se inspira en una cultura ajena sin invitar a nadie de esa cultura a participar en el proceso, y, a veces, sin dar crédito suficiente, reproduciendo estereotipos o limpiando el contexto para vender un producto.

La diferencia entre estos dos caminos no está solo en el resultado práctico —una sandalia híbrida puede parecer similar en la superficie—, sino en el proceso, la intención y la visibilidad de las personas a las que esa cultura pertenece.

Ver también: Del Margen Visible al Margen Invisible: aprendamos a rentabilizar cada m²

El caso de Adidas x Itsmedcom (Marruecos, 2025) funciona como un ejemplo clave de buena práctica cuando se hace bien. Itsmedcom, un diseñador marroquí que opera desde Marruecos y para Marruecos, describe su proyecto como “nace del caos, la belleza y la gente de Marruecos”. En lo discursivo, lo que ocurre es una captura de la esencia local a través de una colaboración que, en teoría, amplifica voces y simbolismos propios de Marruecos. En la práctica, la campaña busca reflejar las calles, los mosaicos y la vida cotidiana que tal vez no dominan los anuncios globales habituales. Este caso resalta la importancia de la voz de la comunidad, de la presencia de un creador local en la conversación de diseño y de un crédito explícito a la fuente cultural.

Sin embargo, también está la fricción: no todo es perfecto en la ejecución. Un detalle que genera escozor en los observadores es la aparente ausencia de una publicación de la colaboración en el perfil de Adidas Originals, algo que podría interpretarse como una falta de visibilidad y de reconocimiento público de la base cultural que sostiene la propuesta. Este tipo de omisiones puede alimentar sospechas de que la marca aprovecha la estética local sin dar suficiente protagonismo a la fuente cultural. En el debate contemporáneo de la apropiación, la visibilidad y el reconocimiento público cuentan tanto como el objeto físico.

El caso Adidas x Willy Chavarría (México, 2025) ofrece un contraste contundente. Aquí, la inspiración proviene de los huaraches, calzado tradicional indígena mexicano, pero la comunidad indígena no se sintió representada ni consultada. El resultado fue una polémica que desembocó en disculpas públicas por parte de Adidas y del propio Willy Chavarría. Este episodio ilustra la vulnerabilidad de las marcas cuando la fuente cultural no es consultada, ni su agencia reconocida, ni se garantiza un beneficio claro para la comunidad representada. En estos escenarios, la línea entre “inspiración” y “apropiación” se dibuja con dificultad, pero la decisión de disculparse y reevaluar el enfoque indica un primer paso hacia un modelo más responsable.

En contraste, el caso Prada Group (India, 2025) demostró una ruta distinta: lanzaron una sandalia inspirada en diseños tradicionales indios sin colaborar con diseñadores o artesanos locales. Las acusaciones de apropiación cultural y el rechazo en India subrayan otro mecanismo de malestar: cuando una marca recurre a símbolos culturales sin una participación real de la comunidad, el resultado suele ser desconfianza y rechazo. Este ejemplo evidencia que la simple “inspiración” no basta; la legitimidad de la obra proviene del crédito, la participación y el reparto de beneficios.

Una diferencia clave que emerge de estos casos es que no basta con decidir “colaborar o no”. Es fundamental entender el cómo, con quién y para quién. La colaboración auténtica implica:

  • Participación real de diseñadores, artesanos y comunidades, desde la concepción hasta la ejecución y la comunicación.
  • Crédito explícito y reconocimiento de la propiedad intelectual cultural, con mecanismos de compensación y beneficios sostenibles para la comunidad.
  • Contextualización adecuada en la narrativa de la campaña, evitando la simplificación de símbolos culturales como meros adornos.
  • Transparencia sobre el origen de ideas y materiales, y posibilidad de negociación sobre derechos y regalías.

Desde una perspectiva personal, como persona nacida de una cultura que valora la babouche como parte de su patrimonio, la mirada no es un sí incondicional ni un no rotundo. Sí, ver la babouche reinterpretada y amplificada puede generar un sentido de orgullo al ver una pieza de Marruecos en un mercado global. Pero, a la vez, puede surgir una sensación de intrusión si el proyecto parece extraer sin devolver, o si la estética se utiliza como un recurso exento de significado para la narrativa de la marca. En lo estético, podría haber preferido integraciones más explícitas—como djelabba o caftán—para enfatizar símbolos culturales más allá de una silueta editada para el consumo internacional. Esta tensión entre belleza, gratificación personal y responsabilidad colectiva es, tal vez, la verdadera prueba de una colaboración cultural.

La industria de la moda y, en general, el ecosistema de las marcas globales, tienen un peso que va más allá de un logo o un zapato. Deciden qué culturas visibilizan, cómo las cuentan y, sobre todo, si realmente dan espacio y crédito a quienes pertenecen a esas culturas. Ese peso no se mide en centavos o en méritos de diseño aislados, sino en el alcance de la legitimidad que otorgan a un grupo cultural. En un mundo donde las narrativas se viralizan en cuestión de horas, la responsabilidad de contar historias con respeto y equidad es más crucial que nunca.

Entonces, ¿Dónde está la línea entre inspiración y apropiación? ¿Dónde acaba la inspiración y empieza la apropiación cultural? No hay una respuesta única ni universal, pero sí pautas que pueden servir como brújula para marcas, creadores y audiencias:

  • Participación real y equitativa: cuando una marca entra en una conversación cultural, debe hacerlo con la gente que vive esa cultura, no solo con voceros o reformuladores de estéticas.
  • Crédito y distribución de beneficios: reconocimiento explícito y, si corresponde, un reparto de beneficios que beneficie a la comunidad de origen.
  • Contextualización y significado: evitar reducir símbolos culturales a accesorios cosméticos; incorporar su historia, prácticas y valores en la narrativa de la colección.
  • Transparencia de procesos: claridad sobre cómo se tomó la decisión, quién participó y qué roles desempeñó cada actor.
  • Responsabilidad y aprendizaje continuo: cuando surgen tensiones, escuchar a la comunidad, corregir el rumbo y compartir los aprendizajes para evitar errores repetidos.

Y, a la pregunta esencial, ¿Qué opino yo como observadora y participante de esta conversación? La respuesta no es simple ni definitiva. Entiendo el valor estético de estas fusiones como una forma de diálogo cultural, una posibilidad de visibilizar tradiciones que podrían parecer lejanas para audiencias globales. Pero ese valor no debe anular la responsabilidad de quienes crean y comercializan estos productos: la cultura no es una fuente inagotable de recursos para generar moda, sino una base de identidad para comunidades que merecen respeto, voz y protagonismo en la historia que se cuenta.

El marco de evaluación que propongo es, en principio, un marco de derechos y reconocimiento. Si una colaboración puede traer beneficios inequívocos para una comunidad, si respeta a sus creadores, si comparte el crédito y si viene acompañada de una narrativa que educa y celebra, entonces la línea entre inspiración y apropiación puede moverse hacia la colaboración. Pero si una marca extrae una estética sin involucrar a las personas afectadas, si minimiza el papel de las comunidades, si oculta su proceso o si beneficia principalmente a la marca en detrimento de la comunidad, entonces estamos ante un caso de apropiación que debe ser cuestionado, denunciado y corregido.

La conversación no termina aquí. Quisiera invitar a lectores, diseñadores, marcas y activistas a continuar el diálogo con generosidad y rigor. ¿Qué criterios usarían para evaluar una colaboración cultural? ¿Cómo exigirían transparencia y justicia en los procesos creativos? ¿Qué ejemplos positivos de colaboración podrían servir de modelo y guía para futuras iniciativas?

Ver también: Preparados para el próximo ciclo retail: entre cierres estratégicos y nuevas oportunidades

En un mundo saturado de lanzamientos y campañas, la responsabilidad ética no es un logo adicional que puedas pegar en una etiqueta; es la base de la confianza entre culturas y entre marcas y audiencias. La curiosidad y la admiración por lo diverso no deben convertirse, inadvertidamente, en una herramienta de explotación. Podemos soñar con una moda que hable de múltiples identidades sin robarles su voz.


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Tags: apropiación culturalcolaboración culturalculturadiseñodiversidadéticaFatima Aït ZahrireIndiaMarcas GlobalesMarruecosMexicoModaOpinion
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