La industria de la mezclilla mexicana en encrucijada, enfrenta serios desafíos que amenazan su competitividad global. Desde los campos de algodón hasta las tiendas, la cadena de producción lucha por mantenerse a flote frente a la competencia de mercados como China, según Mireille Acquart, fundadora de Ethical Fashion Space.
Dependencia de insumos y problemas agrícolas
En la Comarca Lagunera (Coahuila y Durango), la problemática central radica en la dependencia de insumos externos. A pesar de que México es el noveno productor mundial de algodón, con 1.1 millones de toneladas en 2024, la producción nacional no logra cubrir la demanda industrial, lo que obliga a recurrir a importaciones.
Chihuahua, que aporta el 70% del algodón nacional, sufre de sequías recurrentes que comprometen los rendimientos. Le siguen Baja California (15%) y Coahuila (7%), este último con graves problemas de degradación de suelos. «Los experimentos con algodón transgénico en Coahuila dejaron suelos desertificados y salinizados», comentó Acquart, señalando que 280,000 hectáreas cultivadas en administraciones pasadas afectaron la productividad a largo plazo.
Además, los precios del algodón importado se ven afectados por el cambio climático global, con sequías e inundaciones impactando a grandes productores como Estados Unidos, China y Pakistán durante el año anterior.
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La industria de la mezclilla mexicana en encrucijada
En el corredor Puebla-Tlaxcala, la región de Tehuacán, que tuvo su «época dorada en los 2000», hoy compite contra importaciones asiáticas, ropa de paca y falsificaciones. Aunque esta región se reorientó al mercado interno, «la falta de modernización en procesos y acabados limita su competitividad».
La escasez de infraestructura también eleva los costos. Los industriales que no tienen acceso estable a agua y deben usar pipas, ven cómo sus costos se disparan. Asimismo, «municipios enteros carecen de plantas de tratamiento de residuos, trasladando la carga ambiental y económica a las empresas», explicó la experta.
En Guanajuato, donde la mezclilla se combina con la producción de artículos vaqueros, «el reto es competir con costos energéticos que en otros países están subsidiados. México tiene la luz industrial más cara del mundo, lo que impacta directamente el precio final del producto».
A pesar de la disposición de los industriales a adoptar prácticas sostenibles, se requieren incentivos y políticas públicas que nivelen el terreno de juego. De lo contrario, la industria seguirá perdiendo frente a competidores globales. Un dato preocupante es la caída del 50% interanual en las exportaciones de mezclilla en 2024, alcanzando los 33.4 millones de dólares, el nivel más bajo en siete años, según la Cámara Nacional de la Industria Textil (Canaitex).
La ausencia de marcas mexicanas fuertes y la migración a otros sectores
En el eslabón final de la cadena, la industria mexicana carece de marcas propias sólidas en el mercado de la mezclilla. Aunque el país exportó 7,414 millones de dólares en productos textiles a Estados Unidos durante 2024, la mayoría de los acuerdos son como proveedores de grandes cadenas, en lugar de desarrollar y posicionar marcas propias. «Los industriales se quedaron mentalmente en los años 70 u 80, conformándose con ser fabricantes», comentó Nissim Betesh de Vicunha Têxtil México.
Ante este panorama, algunos fabricantes tradicionales en la Comarca Lagunera y Puebla están migrando hacia la industria automotriz, buscando mayor estabilidad y mejores márgenes de ganancia. Hay casos de exportadores de jeans exitosos que ahora prefieren fabricar vestiduras para autos o cinturones de seguridad.
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«Creo que ya se perdió mucho tiempo, hoy es difícil competir con marcas transnacionales como Zara, H&M o Bershka, consolidadas en centros comerciales», señaló Betesh con optimismo, «pero nunca es tarde para intentarlo». En México existe el talento y la capacidad, lo que falta es «visión de largo plazo y políticas públicas coherentes» para revitalizar y posicionar a la industria de la mezclilla en el escenario global.


