Costos logísticos impactan la industria del vino argentino. Argentina, un jugador importante en el escenario mundial del vino, se encuentra en una coyuntura compleja. Si bien conserva su posición como segundo mayor productor de Latinoamérica y séptimo a nivel global, los últimos años han estado marcados por una preocupante disminución tanto en las exportaciones como en el consumo interno.
¿Cuáles son las razones detrás de esta situación? Diversos factores se conjugan para explicar este escenario:
Chile, principal competidor de Argentina, goza de una ubicación geográfica estratégica cercana a puertos, lo que se traduce en costos de logística significativamente menores. Para el vino argentino, llegar a su principal comprador, Estados Unidos, implica un gasto 77% superior al de su par chileno. Esta disparidad se ve agravada por las distancias que deben recorrer los productos argentinos desde provincias como San Juan, La Rioja, Salta, Neuquén o Río Negro.
La volatilidad del tipo de cambio y la alta inflación en Argentina han impactado negativamente en la competitividad del sector vitivinícola. Según Daniel Rada, director del Observatorio Vitivinícola Argentino (OVA), «el tipo de cambio evolucionó durante 2023 por debajo de lo que era la tasa de inflación, a excepción de diciembre, que se produjo una devaluación fuerte».
Costos logísticos impactan la industria del vino argentino
La pérdida de poder adquisitivo de los argentinos, sumado a la competencia con la cerveza y la diversificación de hábitos de consumo hacia otras bebidas, han provocado una caída del 6,3% en el consumo interno de vino durante el último año.
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Los efectos persistentes de la pandemia, junto con altos niveles de inventario en algunos mercados, tasas de interés elevadas y una retracción del consumo global de vino, han dificultado las exportaciones argentinas.
El potencial del vino argentino sigue siendo innegable
La industria también enfrenta limitaciones en el acceso a insumos y la posibilidad de desarrollar contratos a largo plazo, lo que afecta su planificación y competitividad.
A pesar de este panorama desafiante, la industria argentina del vino no se resigna. Se identifican nuevas tendencias de consumo, como los vinos «No/Low» (sin alcohol o bajo contenido alcohólico) y las bebidas «ready to drink» (cócteles listos para consumir), que se suman a la digitalización y el comercio electrónico como herramientas para ampliar la accesibilidad y variedad para los consumidores.
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El potencial del vino argentino sigue siendo innegable. Con un trabajo conjunto entre el sector público y privado, y una apuesta por la innovación y la calidad, la industria tiene la capacidad de superar estos desafíos y volver a posicionarse como un referente global en el mundo del vino.
