Innovación en la construcción, primera solución biodegradable que sustituye a los plásticos de un solo uso en Colombia
Con la entrada en vigencia de la Ley 2232 de 2022, Colombia ha dado un paso crucial en la lucha contra la contaminación por plásticos de un solo uso. Esta ley, que prohíbe el uso de estos materiales en diversos sectores, ha generado un cambio significativo, especialmente en la industria de la construcción, la cual históricamente ha sido una de las mayores productoras de residuos plásticos. En respuesta a esta nueva normativa, surge una innovación pionera desarrollada en el país, que no solo cumple con las exigencias legales, sino que también propone una solución ecológica sin precedentes en Latinoamérica.
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El contexto de la construcción en Colombia cambió drásticamente con la implementación de la Ley 2232 de 2022. Esta regulación, diseñada para reducir el impacto ambiental de los plásticos de un solo uso, ha desafiado a diversas industrias a buscar alternativas sostenibles. Según datos proporcionados por Greenpeace, la industria de la construcción es responsable de que aproximadamente 18,000 toneladas de residuos plásticos terminen cada año en ecosistemas acuáticos, lo que agrava la crisis ambiental que enfrenta el planeta.
A pesar de que muchas constructoras han tomado medidas para reducir su huella ecológica, como la campaña liderada por Camacol para promover prácticas sostenibles, la necesidad de soluciones más efectivas y tecnológicamente avanzadas sigue siendo urgente. En este contexto, la compañía tecnológica colombiana Glasst ha desarrollado un avance científico revolucionario que promete transformar la manera en que se manejan los residuos plásticos en la construcción.
La innovación de Glasst se basa en la tecnología denominada Glasstommer, un recubrimiento biodegradable diseñado para reemplazar las películas plásticas de un solo uso utilizadas comúnmente en la protección de vidrios y otras superficies durante el proceso de construcción. Este desarrollo es el único de su tipo en Colombia y en toda Latinoamérica, y se distingue por estar compuesto por materias primas de origen natural y renovable.
Juan Camilo Botero, CEO de Glasst y líder detrás de esta innovación, explica que el recubrimiento biodegradable creado por su compañía no solo ofrece una solución sostenible, sino que también representa un avance significativo en la lucha contra la contaminación plástica. “Este producto reemplaza los plásticos de un solo uso, como las películas de color azul que se utilizan para proteger vidrios, y se biodegrada en un plazo de uno a tres años, dependiendo de las condiciones ambientales. A diferencia de los plásticos tradicionales, que pueden tardar entre 100 y 1,000 años en descomponerse, nuestro recubrimiento ofrece una solución rápida y eficiente”, afirma Botero.
Además de su capacidad para degradarse rápidamente, este innovador recubrimiento presenta beneficios adicionales que lo convierten en una opción atractiva para la industria de la construcción. Cada kilogramo del producto captura 11 kilogramos de dióxido de carbono equivalente (CO2), contribuyendo así a la reducción de gases de efecto invernadero y minimizando la huella de carbono de los proyectos de construcción. “Esta solución no solo es amigable con el medio ambiente, sino que también genera ahorros significativos en términos de tiempo y costos. Reduce entre un 30% y un 50% los tiempos de limpieza en las obras y elimina hasta en un 100% los costos asociados con la disposición y manejo de residuos”, agrega Botero.
Un aspecto destacado de esta tecnología es su capacidad de reciclaje. Una vez que ha cumplido su ciclo de vida útil en la protección de superficies, el recubrimiento biodegradable puede ser reutilizado en la fabricación de diversos productos, tales como componentes de caucho, topes para llantas, pisos, resaltos, y superficies para canchas infantiles y sintéticas. Este enfoque circular no solo maximiza el uso de los recursos, sino que también minimiza el impacto ambiental a largo plazo.
La importancia de este avance científico no ha pasado desapercibida. El recubrimiento biodegradable desarrollado por Glasst ha sido patentado en Colombia, Estados Unidos, Reino Unido y Hong Kong, y la compañía ya ha iniciado el proceso de registro en otros 14 países. Este reconocimiento internacional subraya el potencial global de la innovación colombiana y su capacidad para transformar la industria de la construcción a nivel mundial.
El desarrollo de esta tecnología no fue un proceso rápido ni sencillo. Glasst invirtió tres años en investigación y desarrollo, destinando un capital de 2.000 millones de pesos para materializar esta solución. Hasta la fecha, 97 obras y 4 grandes proyectos en Colombia han implementado el recubrimiento biodegradable de Glasst, incluyendo la Torre San Martín en Bogotá y las salas de venta de la constructora Marval en la capital del país.
La entrada en vigor de la Ley 2232 de 2022 ha sido un catalizador para la innovación en Colombia, y Glasst ha demostrado que es posible desarrollar soluciones sostenibles que no solo cumplen con las regulaciones, sino que también ofrecen beneficios económicos y ambientales significativos. Esta tecnología, que reemplaza los plásticos de un solo uso en la construcción, es un ejemplo claro de cómo la combinación de ciencia, tecnología e inversión puede dar lugar a desarrollos que impactan positivamente tanto a la industria como al medio ambiente.
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En un momento en que la sostenibilidad se ha convertido en un imperativo global, la innovación de Glasst destaca como un modelo a seguir para otras industrias y países. La solución biodegradable no solo responde a una necesidad urgente de reducir la contaminación plástica, sino que también abre nuevas oportunidades para la economía circular y la protección del planeta. A medida que más países adopten regulaciones similares a la Ley 2232 de 2022, es probable que la tecnología de Glasst gane aún más relevancia en el escenario internacional, consolidando a Colombia como un líder en innovación sostenible.
