Shein, el gigante de la moda ultrarápida con sede en China, se está alejando de su plan de salida a la Bolsa británica debido a su negativa a proporcionar información sobre su cadena de suministro, específicamente en relación con el origen del algodón que utiliza. La empresa ha eludido responder a las preguntas del Comité Parlamentario Británico sobre este tema crucial, lo que ha generado preocupación entre los posibles inversores que buscan mayor transparencia. La asesora general de Shein, Yinan Zhu, ha declarado que la compañía trabaja con proveedores ubicados en China, Turquía y Brasil, pero la falta de detalles sobre la procedencia del algodón ha levantado banderas rojas.
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Shein ya ha afirmado tener políticas destinadas a prevenir el trabajo forzoso, exigiendo a sus fabricantes que solo utilicen algodón de regiones aprobadas. Sin embargo, las acusaciones a China sobre violaciones de derechos humanos, especialmente en la región de Xinjiang —donde se cultiva aproximadamente el 20% del algodón mundial—, complican la situación. En Xinjiang, se han documentado casos de trabajos forzados en la recolección de algodón, lo que ha llevado a la comunidad internacional a cuestionar la ética de las prácticas de abastecimiento de Shein y otras empresas que operan en la región.
A pesar de estas dificultades, Shein está en medio de su proceso de salida a Bolsa, habiendo solicitado a la Autoridad Británica de Conducta Financiera (FCA) una excepción a las normas de cotización que requieren la oferta de al menos el 10% de las acciones. La compañía busca listar menos del 10% de su capital, lo mínimo permitido por la normativa vigente. Shein eligió la Bolsa de Londres después de que su solicitud de salida a Bolsa en Estados Unidos fuera rechazada, en un contexto donde la cotización en Londres podría ofrecer una alternativa más favorable debido a una menor competitividad.
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Shein fue valorada en 66.000 millones de dólares tras una ronda de financiación, lo que sugiere que, si se mantiene esa valoración, el 10% de su oferta pública de venta (OPV) podría alcanzar un valor de 6.600 millones de dólares. La empresa ahora se encuentra a la espera de la aprobación tanto de la Comisión Reguladora de Valores de China (CSRC) como de la FCA del Reino Unido, mientras enfrenta un entorno complicado en el que la falta de transparencia en su cadena de suministro puede poner en riesgo su futura cotización y relaciones con los inversores.

