En el marco de la Semana de la Moda de París, dos enfoques diametralmente opuestos coexistieron bajo el mismo techo de creatividad: Rabanne presentó una visión vintage oscura con un giro futurista, mientras Icicle mostró una elegancia cálida y atemporal que celebra las materias primas naturales. La jornada, que reunió a nombres de peso en la escena internacional, ofreció un retrato claro de cómo se perfilan las colecciones para el otoño-invierno 2026-2027 en Francia.
Vea también: Jake Gyllenhaal debuta como embajador de Bulgari
La propuesta de Julien Dossena para Rabanne mantiene su ADN visionario, pero lo traduce en una silueta contundente y experimental. En la colección Otoño-Invierno 2026-2027, la figura de la modelo se define por accesorios y prendas que combinan tecnología y texturas industriales.
La pieza central visible al inicio es un corpiño de malla plateada, ajustado a la cintura mediante un mecanismo de discos metálicos que remite al icónico bolso de 1969 de la casa. A partir de estos discos, se despliega una cascada de tiras negras extremadamente finas que aportan fluidez y un contraste marcado frente al metal reluciente. Este juego de materiales y formas se repite a lo largo de la propuesta, en manifestaciones que van desde vestidos midi de lamé y faldas con lentejuelas, hasta prendas de cuero con acabados lustrosos y una profusa aplicación de abalorios metálicos sobre velos de muselina.
Paralelamente, la colección propone superposiciones que sitúan el vestuario en un terreno de interpretación versátil. Un vestido largo con motivo floral se combina con una chaqueta híbrida y un jersey verde bosque con cremallera, creando una estética que oscila entre lo romántico y lo utilitario. Un vestido amarillo pálido de cuello bebé se lleva junto a un jersey geométrico en tonos morados y naranjas, todo ello resguardado por un abrigo amplio de cuero con aspecto de piel vuelta y estampado tipo camuflaje. En la vertiente masculina, el look se enriquece con un jersey morado de canalé ancho superpuesto a una camisa rosa floral, acompañado de un cárdigan rojo y un abrigo de cuero brillante con ribetes de shearling en violeta profundo.
La técnica de superposición y el uso de pieles en colores vivos también aparecen en la línea de Rabanne como recursos para jugar con capas y volúmenes. Se exploran cuellos de grandes abrigos y chaquetas de cuero con acentos en tonos rosa, turquesa y motivos atigrados, incluso en chaquetas de traje, lo que aporta un giro inesperado dentro de una estética que alterna lo vintage con una vibra más grit y contemporánea.
La dirección creativa de Dossena mantiene un casting decidido y una banda sonora enérgica que refuerzan la narrativa de una marca que desafía convenciones. La mezcla de influencias recuerda, a la vez, una revisión de códigos clásicos y una exploración de texturas y acabados que buscan funcionar con fuerza en el entorno comercial de Rabanne, manteniendo su identidad icónica mientras abraza un espíritu más audaz.
Icicle: una vuelta de tuerca a los materiales naturales
En contraste, Icicle presentó su desfile en la sobriedad de la Galería de Moda del Museo de Artes Decorativas, bajo una iluminación neutra y una ambientación que transmite serenidad y pureza. La casa, que se ha establecido como una de las versiones más “francesas” de una marca china con trayectoria en París, centra su colección en materiales naturales y cortes depurados. La directora artística Bénédicte Laloux lidera un nuevo capítulo que se distingue por un enfoque respetuoso hacia las materias primas y una estética que prioriza la comodidad elegante.
La gama de materiales de The Fall of Nature es amplia: paños de lana, seda, cachemir y popelina de algodón se combinan para crear prendas que buscan rendir homenaje a estas fibras sin recurrir a viscosa ni a textiles sintéticos. Laloux señala que, lejos de verse limitadas por estas elecciones, las prendas ganan en espontaneidad y naturalidad: mover ligeramente una falda, ajustar un cinturón o una bufanda puede transformar por completo la percepción de una silueta.
La colección se presenta como un universo cocooning, donde destacan jerséis de cachemir, abrigos de paño de gran volumen y trajes en tonos beige arena, gris bruma y antracita. Aunque la elegancia está presente, la intención no es la formalidad rígida: las siluetas buscan un “lujo silencioso” que equilibre códigos europeos y asiáticos. Laloux propone formas más redondeadas, con volúmenes generosos en abrigos y chaquetas, combinadas con una sastrería más relajada para el hombre, donde las prendas estructuradas coexisten con líneas menos rígidas. El resultado es una propuesta que prioriza la versatilidad para uso cotidiano, sin renunciar a la calidad de los materiales y al detalle.
Las prendas femeninas de Icicle destacan por su uso de tramas suaves y cortes refinados que confieren una estética contemporánea, sin perder la calidez que caracteriza a la marca. En el vestuario masculino, se observa una intención de vestir con un aire más elegante, manteniendo la practicidad y la comodidad en el centro.
Desafíos y ambiciones de Icicle en París y más allá
Para una firma con presencia en más de 230 puntos de venta en China y un número reducido de tiendas en Europa, el reto de Icicle es ligar la estética de lujo a un producto práctico y asequible para mercados variados. Bénédicte Laloux comenta que su objetivo no es dirigirse a un mercado específico, sino contar una historia coherente a través de cada colección. La firma busca ampliar su presencia internacional, aprovechando su participación en la Semana de la Moda de París y consolidando su red de tiendas, especialmente en la capital francesa, donde ya mantiene varias ubicaciones.
La casa, que alcanzó una facturación cercana a los 300 millones de euros en 2024, mantiene una estrategia clara de crecimiento internacional, apoyada por su compromiso con materiales naturales y una filosofía de diseño que prioriza la comodidad sin sacrificar la distinción. En el contexto de un mercado de sastrería cada vez más competitivo, Icicle apuesta por una propuesta que conjuga lujo discreto, técnicas artesanales y una relación cercana con la clientela, con un énfasis especial en la experiencia cotidiana del vestir.
El resultado de estos enfoques paralelos en París
La jornada de moda en París dejó claro que la creatividad no tiene por qué seguir un único camino. Rabanne, con su estética oscura y futurista, continúa expandiendo el imaginario de la casa a través de una mezcla de metal, cuero y texturas que invitan a un consumo más experimental y visualmente impactante. Icicle, por su parte, propone una ruta más pausada pero igual de poderosa: prendas que abrazan la naturalidad de las fibras, la artesanía y la comodidad, sin renunciar a la sofisticación.
Para las marcas, los próximos meses serán decisivos para traducir estas visiones en colecciones comerciales que conecten con audiencias diversas. Rabanne podrá apalancarse en su identidad futurista para explorar colaboraciones y ediciones cápsula que mantengan su relevancia en un mercado en constante cambio. Icicle, con su filosofía “The Fall of Nature”, buscará ampliar su red de tiendas y reforzar su presencia en mercados clave mediante una oferta que combine sastrería relajada y piezas de lujo práctico.
Vea también: Conversación entre lujo y kawaii: Converse Hello Kitty Swarovski
En definitiva, la Semana de la Moda de París presentó dos narrativas que, si bien pueden parecer opuestas, conviven dentro de un mismo ecosistema de alta costura: la audacia y la sobriedad, la innovación material y la tradición textil, la visión futurista y la elegancia cotidiana. Cada casa, a su manera, propone un camino hacia el futuro del vestir: Rabanne, con un lenguaje metalizado y atrevido; Icicle, con una invitación a la naturaleza y a la comodidad sin perder la distinción. Estas tendencias no solo inspiran a compradores y profesionales, sino que también delinean el horizonte de la moda europea para la próxima temporada.
Fuente: Fashion Network


