Macy’s ha presentado un conjunto de resultados que, en primera lectura, podrían interpretarse como señales mixtas o moderadamente negativas para el negocio de grandes almacenes de Estados Unidos. En el segundo trimestre, la compañía reportó una facturación de 4.999 millones de dólares, cifra que representa una caída del 1,9% respecto del mismo periodo del año anterior. Este descenso en las ventas, si bien no es excepcional en la historia reciente del sector, se suma a una tendencia de reducción de ingresos que ha afectado a muchos actores minoristas tradicionales ante el avance de opciones de comercio electrónico, cambios en hábitos de consumo y presión de costos. En este contexto, Macy’s ha logrado un beneficio neto de 87 millones de dólares, lo que implica una caída del 42% frente al periodo comparable de 2024. Esta caída en la utilidad neta es particularmente significativa porque, aunque el mercado prestó atención al volumen de ventas, los inversores suelen fijarse en la rentabilidad y en la capacidad de la empresa para convertir ingresos en beneficios después de cubrir costos. Que la caída del beneficio neto haya sido mayor que la caída de ventas sugiere que los costos operativos, el gasto comercial, o la mezcla de ingresos (con menores márgenes en determinados productos o canales) podrían estar ejerciendo presión adicional. En un entorno donde la inflación, los costos laborales y los gastos de logística han mostrado volatilidad, el hecho de que Macy’s haya mantenido un margen bruto razonable, con una tasa que se sitúa en el 39,7% de la facturación para el trimestre, es una señal de resiliencia en el control de costos directos de venta y de la capacidad de la compañía para negociar precios de venta y gestionar inventario, aunque el descenso de ocho décimas en comparación con el segundo trimestre de 2024 señala que el entorno de precios y la eficiencia operativa no han conseguido sostener el margen a su nivel previo. En paralelo, el resultado bruto de explotación (EBITDA) ha visto una caída de 15,5%, situándose en 371 millones de dólares. Este descenso del EBITDA, que refleja la ganancia operativa antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización, es particularmente relevante porque sitúa la generación de caja operativa en un rango que podría afectar las inversiones futuras, el repago de deuda o la capacidad de Macy’s para financiar promociones, remodelaciones y programas de fidelización sin recurrir a medidas extraordinarias de financiación.
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El análisis del desempeño semestral confirma una trayectoria de desaceleración sostenida: en los primeros seis meses, las ventas de Macy’s se han reducido un 3%, hasta 9.791 millones de dólares, y el beneficio ha caído un 41,5% hasta 124 millones. Estos números señalan que, aun cuando el trimestre individual puede contener factores puntuales de temporada, el efecto acumulado de la demanda en el primer semestre está alineado con un entorno complejo para el grupo, que opera con las marcas Macy’s, Bloomingdale’s y Bluemercury. En muchos casos, los grandes almacenes tradicionales han visto que su fortaleza histórica en servicios y variedad de productos debe competir con la eficiencia de plataformas en línea y con modelos de venta directa o de nicho que capturan a consumidores con diferentes preferencias de compra. La disyuntiva entre mantener una experiencia en tienda que justifique visitas y clientes fieles, frente a la necesidad de optimizar costos para sostener márgenes, representa un reto estratégico para Macy’s: ¿cómo mantener el atractivo de las tiendas físicas y, al mismo tiempo, mejorar la rentabilidad en un entorno de consumo variable?
El comentario de Tony Spring, presidente y consejero delegado, ofrece una lectura optimista sobre el segundo trimestre, al señalar que los resultados fueron mejores de lo esperado en términos de ingresos y beneficios gracias a un impulso proveniente del mayor crecimiento de las ventas comparables en doce trimestres. Esta afirmación subraya la importancia de la métrica de ventas comparables (comp sales) como un indicador de la fortaleza subyacente de la base de tiendas existentes, independiente de nuevas aperturas o remodelaciones puntuales que puedan distorsionar la foto. En particular, Spring hace referencia al rendimiento sólido de 125 tiendas bajo los conceptos Macy’s Reimagine, Bloomingdale’s y Bluemercury. Este énfasis en las ventas comparables y en el crecimiento de tiendas específicas sugiere que la compañía está centrando esfuerzos en revitalizar su formato minorista a través de remodelaciones, mejoras en la experiencia del cliente y posibles ajustes en la oferta de productos que respondan mejor a las preferencias de un segmento de clientes que, pese a la competencia del comercio electrónico, continúa valorando la experiencia de compra en tienda, la posibilidad de ver y probar productos y la interacción con asesores de ventas. En ese sentido, Macy’s parece apostar por una estrategia mixta: fortalecer los pilares de sus tiendas de mayor rendimiento (las 125 tiendas mencionadas) mientras mantiene un ojo en la eficiencia operativa para evitar que la caída de ingresos se traduzca en una caída desproporcionada de la rentabilidad.
En cuanto a las perspectivas para el conjunto del ejercicio 2025, la empresa ha elevado sus previsiones, estimando que las ventas anuales cerrarán entre 21.150 y 21.450 millones de dólares, y que el beneficio por acción diluido ajustado variará entre 1,70 y 2,05 dólares (aproximadamente entre 1,46 y 1,76 euros al tipo de cambio indicado). Este rango indica una expectativa de mejora respecto a la base de comparación anterior, especialmente si se logran mejoras en ventas comparables y en la eficiencia operativa durante el resto del año. Sin embargo, es crucial examinar el rango de posibilidades que subyace a estas cifras: la capacidad de Macy’s para sostener y ampliar el crecimiento de las ventas comparables, la gestión de gastos operativos frente a la presión inflacionaria y salarial, y la capacidad de la compañía para capitalizar en sus formatos de tienda de mayor rendimiento sin sacrificar la experiencia de cliente. Por otro lado, el dato histórico de la empresa muestra una diferencia notable entre el desempeño del año 2024 y el ejercicio 2025: en 2024, Macy’s cerró con un beneficio neto de 582 millones de dólares y una facturación de 23.006 millones, cifras significativamente superiores a las cifras del primer semestre de 2025. Este contraste subraya la volatilidad típica del sector minorista y la necesidad de una gestión ágil, capaz de adaptar estrategias a diferentes ciclos de demanda y a condiciones macroeconómicas cambiantes.
La lectura de los resultados del primer semestre y del segundo trimestre no debe limitarse a una comparación entre periodos y porcentajes: es fundamental identificar los motores que pueden sostener o cambiar la trayectoria de la compañía. En este sentido, la mención de 125 tiendas bajo el programa Macy’s Reimagine, Bloomingdale’s y Bluemercury podría interpretarse como una iniciativa central para revitalizar el rendimiento de la red de tiendas. Este programa puede implicar mejoras en diseño de espacios, experiencia del cliente, surtido y servicios, que, en conjunto, podrían justificar mayores ventas por tienda y, por ende, contribuir a una mejora de la rentabilidad sin depender exclusivamente de la reducción de costos. Sin embargo, el éxito de estas reformas depende no solo de la inversión en remodelación, sino también de la capacidad de la empresa para atraer a una base de clientes más amplia y diversa, y para gestionar el stock de manera eficiente, evitando sobrecostes de inventario que erosionen aún más el margen.
Es importante también considerar el contexto competitivo y la evolución del consumo en Estados Unidos. Macy’s compite con grandes cadenas como Nordstrom, JC Penney (aunque este último ha atravesado su propia reestructuración y cambios operativos), Gap, y con plataformas de comercio electrónico que han ganado cuota de mercado en los últimos años. En un entorno en el que el cliente valora cada vez más la conveniencia, la rapidez de entrega y las experiencias de compra personalizadas, Macy’s debe equilibrar entre mantener una propuesta de valor basada en la experiencia de tienda y optimizar su cadena de suministro para reducir tiempos de entrega y costos logísticos. En este sentido, la rentabilidad podría fortalecerse si la compañía logra convertir de manera más eficiente las ventas comparables en generación de flujo de caja, lo que permitiría financiar nuevas iniciativas sin depender de endeudamiento adicional o de reducción de inversiones estratégicas.
La pregunta subyacente para analistas y accionistas es si Macy’s ha encontrado, o está cercano a encontrar, una fórmula sostenible para convertir la mejora de ventas comparables en mejoras consistentes de resultados netos y de flujo de caja operativos. Si el impulso de las ventas comparables es sostenido durante el resto del año, y si los gastos pueden ser contenidamente gestionados, el objetivo de alcanzar o incluso superar el rango superior de las previsiones para el beneficio por acción ajustado podría ser viable. No obstante, existen riesgos relevantes que podrían frenar este progreso: variaciones significativas en la demanda, una desaceleración económica que afecte el gasto en ropa y lujo intermedio, cambios en el costo de la mercancía o de la logística, y posibles impactos de litigios, impuestos o regulaciones que afecten la cuenta de resultados. Además, el desempeño de Bloomingdale’s y Bluemercury, que no siempre reflejan el rendimiento uniforme de todas las líneas de negocio, podría influir en la volatilidad de la narrativa de resultados de Macy’s. Un análisis prudente subrayaría que, si la economía se recupera o si la demanda de productos de alta gama y de consumo discrecional mejora, Macy’s podría observar una mejora adicional en las ventas comparables y, en consecuencia, en la rentabilidad.
En términos de estrategia de largo plazo, Macy’s ha mostrado una voluntad de ajustar su cartera y su enfoque operativo para sostener la relevancia en un mercado que ha cambiado de forma significativa en la última década. Las tensiones entre mantener tiendas físicas de gran formato y trasladar parte de la oferta a plataformas digitales no son ajenas al sector, y Macy’s ha tomado medidas para modernizar su red de tiendas, optimizando la experiencia del cliente a través de iniciativas de remodelación y mejoras en el surtido. Este enfoque puede ser crucial para conservar una base de clientes fieles que valoran la capacidad de ver, tocar y probar productos antes de la compra, a la vez que se aprovecha de la conveniencia de una selección en línea y la entrega rápida. Sin embargo, la ejecución de este plan requiere una gestión de costos muy fina y una coordinación entre áreas que van desde compras y marketing hasta operaciones y tecnología de la información, para asegurar que cada dólar invertido en remodelaciones o en la experiencia del cliente se traduzca en ventas adicionales y en una mejora estructural de la rentabilidad.
En síntesis, Macy’s presenta un cuadro mixto para el segundo trimestre y el primer semestre de 2025: ventas ligeramente a la baja, un beneficio neto más afectado que las ventas, un EBITDA que también se reduce y un margen bruto que, aunque relativamente estable, experimenta un descenso frente a la comparación del año anterior. A la vez, el grupo destaca con la resiliencia de las ventas comparables y con el impulso de tiendas remodeladas que, según la compañía, han superado la inercia del mercado. Las perspectivas para el ejercicio completo se han visto ajustadas al alza por parte de Macy’s, con un rango de ingresos y beneficios por acción que sugieren una confianza razonable en una mejora progresiva, siempre que se mantenga el ritmo de crecimiento de las ventas comparables y se contenga la presión de costos. Para los analistas, el siguiente paso es vigilar de cerca la evolución de las ventas por tienda, las cifras de ventas comparables, la evolución del gasto en marketing y promoción, y el comportamiento de los márgenes en un contexto de inflación y costos laborales variables. Si Macy’s logra sostener e ampliar el impulso de las tiendas Reimagine, Bloomingdale’s y Bluemercury y, al mismo tiempo, optimizar su estructura de costos para convertir más eficientemente las ventas en beneficios, podría no solo cumplir sino acercarse a alcanzar los objetivos de crecimiento de ingresos y rentabilidad para el año 2025.
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En definitiva, los resultados presentados apuntan a un perfil financiero que está siendo sometido a las tensiones habituales de un minorista de gran formato en una economía en transición: una combinación de retos en la gestión de costos y de la demanda, frente a oportunidades derivadas de remodelaciones estratégicas de tiendas, mejoras en la experiencia del cliente y una adecuada gestión de promociones y surtidos. La capacidad de Macy’s para convertir cuanto antes los avances en ventas comparables en resultados sostenibles y en generación de caja será decisiva para determinar si la trayectoria hacia una rentabilidad más robusta y estable en los próximos trimestres es realista o si persisten las sombras de menor crecimiento, presión de costos y clientes que demandan mayor valor en el entorno minorista contemporáneo.


