China llega a 2026 con un panorama económico caracterizado por un crecimiento moderado, en medio de desequilibrios estructurales que afectan tanto a la demanda interna como a la composición del crecimiento. Las estimaciones de JP Morgan Private Bank sitúan el Producto Interno Bruto (PIB) en torno al 4,3% para el próximo año, con un rango entre 4,1% y 4,6%. Este desempeño implicaría una ralentización respecto a 2025 y evidencia la pérdida de impulso de la demanda interna como motor principal de la economía, mientras persiste una creciente dependencia de las exportaciones.
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Contexto y motor principal del crecimiento
El informe de JP Morgan señala que las exportaciones han asumido un papel central ante una economía doméstica que continúa mostrando señales de debilidad. El sector inmobiliario —ya en desaceleración y con recuperación limitada de la inversión privada— aporta menos dinamismo, lo que empuja a la economía a apoyarse en la demanda externa para mantener el ritmo de crecimiento. Este patrón, según el análisis, presenta características de un crecimiento “estructuralmente desequilibrado”, con menor impulso de la demanda interna como motor principal.
Política económica y herramientas de política
En el ámbito de la política económica, el banco prevé un enfoque moderadamente expansivo para 2026, sin estimular de forma agresiva. Se espera un déficit fiscal cercano al 4% del PIB, complementado por un uso más activo de bancos de política pública y una mayor emisión de deuda por parte de gobiernos locales. Por su parte, el Banco Popular de China (PBOC) podría optar por una estrategia de ajuste fino: mantener operaciones de liquidez, ajustar el coeficiente de reservas y evitar recortes bruscos de tipos de interés. Este enfoque busca sostener la actividad sin desencadenar saltsos inflacionarios ni generar desequilibrios financieros.
Consumo privado: la tarea pendiente
El consumo privado continúa siendo uno de los talones de Aquiles de la economía china. Aunque la desaceleración de 2025 parece haber cedido algo, las ventas minoristas muestran una recuperación limitada. Factores como el debilitamiento del mercado laboral, el crecimiento salarial más lento y la disminución de la riqueza generada por la caída del mercado inmobiliario siguen condicionando el gasto de los hogares. En este contexto, las políticas de estímulo al consumo se mantendrán en 2026, pero con ajustes importantes y una expectativa de impacto limitado sin una mejora clara del empleo.
Medidas de estímulo al consumo
Las autoridades han mantenido iniciativas para impulsar el gasto, como subsidios orientados a la sustitución de bienes duraderos. Sin embargo, la magnitud de estas ayudas se reducirá respecto a años anteriores, en un intento por contener el gasto público y evitar efectos secundarios no deseados. JP Morgan advierte que, si no hay una mejora sustancial del mercado laboral, la capacidad de estas medidas para reactivar de forma sostenida la demanda interna seguirá siendo limitada. En otras palabras, el consumo privado podría permanecer como un moderador de la recuperación, pero no el motor.
Desafíos en la industria y la capacidad ociosa
La economía china encara un problema de exceso de capacidad, que se extiende más allá de los sectores tradicionales. En el ámbito textil y de la moda, la proyección es ambivalente. Por un lado, la fortaleza de las exportaciones sostiene la cadena de suministro, con ventajas competitivas en costos, escala y una integración productiva difícil de replicar. Por otro lado, la sobredemanda se ha extendido a industrias estratégicas como vehículos eléctricos, baterías, energía solar y ciertos servicios, elevando la competencia por precios y presionando los márgenes de las empresas.
Las autoridades han iniciado campañas para frenar esta dinámica de exceso de capacidad, pero su impacto será gradual y de mediano plazo. Esta presión de márgenes, combinada con una moderación salarial por un mercado laboral debilitado y un consumo interno frágil, configura un entorno complejo para la industria china. Las perspectivas para 2026 siguen siendo de una economía más estable en términos generales, pero con una recuperación interna que no alcanza a corregir los desequilibrios estructurales del modelo de crecimiento.
Comercio exterior y su papel
En el plano del comercio internacional, China continúa consolidando su rol como una de las principales potencias exportadoras, con una participación cercana al 15% del comercio mundial. No obstante, JP Morgan anticipa una desaceleración en el impulso de las exportaciones para 2026, condicionada por un entorno comercial más cerrado, con tensiones proteccionistas que se intensifican especialmente en Europa y entre economías emergentes. Si bien la balanza comercial muestra un superávit, no se espera una apreciación significativa del yuan; la divisa debería moverse dentro de rangos controlados por las autoridades monetarias, priorizando la competitividad externa y la estabilidad macroeconómica por encima de efectos de corto plazo sobre el poder adquisitivo interno.
Implicaciones para inversores y policymakers
Para inversores, el escenario de 2026 aporta señales de cautela: crecimiento moderado, dependencia de las exportaciones y presión sobre los márgenes en industrias con exceso de capacidad. En este contexto, las oportunidades podrían centrarse en sectores con ventajas competitivas sostenibles y en empresas que muestren resiliencia ante ciclos de desaceleración y regulaciones de la cadena de suministro. La inversión en capacidad productiva que reduzca costos de operación y mejore la eficiencia podría ser una palanca de valor si se gestiona con prudencia ante los riesgos de sobrecapacidad.
Policymakers y el equilibrio entre estabilidad y crecimiento
Para el gobierno y el PBOC, el objetivo evidente es preservar la estabilidad macroeconómica sin desatar estímulos que alimenten desequilibrios a medio plazo. La combinación de un déficit fiscal moderado, apoyo selectivo a la liquidez bancaria y ajustes controlados en reservas y tipos de interés podría constituir la estrategia óptima para 2026. Mantener el crecimiento dentro de un rango estable, sin sobrecalentar el consumo ni exagerar la expansión crediticia, será un desafío clave.
Perspectivas a futuro y consideraciones finales
En síntesis, JP Morgan prevé para 2026 una economía china más estable pero con un camino de reformas profundas por delante. El crecimiento del PIB podría situarse en el 4,3%, con una parte significativa del impulso externo en juego y una demanda interna que continúa luchando por recuperar su vigor. El sector inmobiliario y la inversión privada siguen siendo frentes frágiles, mientras las exportaciones y la cadena de suministro global sostienen el crecimiento, al menos en parte.
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Este marco sugiere que, a medio plazo, China necesitará avanzar en reformas estructurales para reducir la dependencia de las exportaciones y fortalecer el consumo doméstico. Las políticas económicas deberán buscar un balance entre incentivos a la producción y condiciones que impulsen el gasto de los hogares, al tiempo que se gestionan con cuidado los niveles de endeudamiento público y las rigideces del mercado laboral.
Fuente: Modaes


