Gerescal está dando un paso estratégico que va más allá de su origen como asociación dedicada exclusivamente a la gestión del residuo del calzado. En un contexto en el que la responsabilidad ampliada del productor (RAP) está ganando terreno a nivel europeo y se espera que sea obligatoria en todos los Estados miembros, la entidad decide diversificar su modelo para abarcar también el residuo textil. Esta decisión no es meramente ideológica, sino una respuesta concreta a un marco normativo que, a su juicio, no distingue entre los flujos de residuos de calzado y de textil. Al indicar que “no hay diferenciación” en el borrador del Real Decreto, Rafael Reolid, su director general, subraya una lógica de continuidad y eficiencia: si las empresas ya gestionan residuos de calzado, incorporar el textil en la misma estructura de gestión puede facilitar los procesos, reducir costos y simplificar la gobernanza. No obstante, este movimiento implica también una asunción de riesgos y desafíos: la capacidad de Gerescal para absorber un nuevo flujo, la necesidad de adquirir competencias específicas en textil, y la gestión de un portafolio de empresas adheridas que, en su mayoría, podrían mantener un énfasis significativo en calzado.
Vea también: Bimba y Lola acelera ventas y refuerza su canal digital
La motivación de diversificación tiene además un sello de pragmática: la RAP, aunque obligatoria, aún está en evolución y su implementación puede variar entre países. En Francia, por ejemplo, funciona con un único scrap que gestiona el residuo de todo el sector, mientras que en España se está viendo un desarrollo más fragmentado con la formación de al menos dos scrap —Gerescal y Re-viste—, y con la entrada de actores como ERP (European Recycling Platform) para el residuo textil y pilas. Este mosaico de modelos sugiere que España podría consolidar una arquitectura de gestión de residuos más compleja en el corto plazo, con múltiples scrap compitiendo o colaborando según el segmento de mercado y las economías de escala que cada uno logre. En este escenario, la propuesta de Gerescal de ofrecer “una solución completa” para empresas adheridas aparece como una propuesta de valor centrada en simplificar la relación del productor con la gestión de residuos, sin importar si el residuo proviene del calzado o del textil. Aunque el proyecto dé prioridad a la diversidad de flujos, su éxito dependerá de la capacidad de la organización para coordinar procesos, estandarizar criterios técnicos y garantizar una gobernanza clara entre las distintas líneas de negocio.
El historial de Gerescal aporta legitimidad a su movimiento estratégico. Nacida en 2022 con nueve empresas fundadoras —Grupo Pikolinos, Unisa, Wonders, Mustang, Panter, Pablosky, Pons Quintana, Mascaro y Gioseppo—, la asociación se convirtió en el primer scrap oficial de España a mediados de 2023, tras obtener la licencia oficial del gobierno valenciano. Este lineage de pionero, además de su visibilidad en el sector, le otorga una base de experiencia en gestión de residuos y una red de relaciones con actores relevantes de la industria. Sin embargo, la diversificación hacia el textil amplía el perímetro de operaciones y exige una cultura organizacional que no se limite a la experiencia en calzado, sino que abrace también las particularidades del residuo textil: composición de materiales, trazabilidad, volumen y ciclos de recogida, así como las diferencias en las cadenas de suministro y de reciclaje. En ese sentido, la autopercepción de no ser “especialistas en textil” pero sí “capaces de aprender” es una declaración honesta que reconoce límites actuales mientras plantea una estrategia de aprendizaje ágil y colaborativo. Este enfoque puede facilitar la aceptación entre empresas del textil que buscan soluciones completas, siempre y cuando Gerescal demuestre capacidad de respuesta operativa y claridad en los costos y beneficios de ampliar su alcance de servicio.
La decisión de incorporar un componente textil también responde a la realidad de que muchas empresas adheridas a Gerescal no son puramente de calzado; su catálogo incluye productos textiles que, desde la perspectiva del residuo, podrían beneficiarse de una gestión unificada. Este fenómeno abre posibilidades de sinergias en la recolección, clasificación y tratamiento de residuos, pero también introduce complejidad adicional: los flujos textil y de calzado presentan diferencias relevantes en composición, separación y reciclabilidad. Por ejemplo, los textiles suelen incluir mezclas de fibras, acabados y adornos que requieren procesos específicos de separación y tratamiento, mientras que el calzado en su mayoría aporta componentes como suela, metal, cuero y textiles, con rutas de recyclaje y valorización distintas. La capacidad de Gerescal para optimizar estas rutas sin perder eficiencia operativa dependerá de cuán exitosamente pueda integrar capacidades técnicas y sistemas de información que soporten ambos flujos en una misma plataforma de gestión de residuos. En este marco, la declaración de que “no somos especialistas en textil, pero podemos aprender” puede convertirse en una fortaleza si se acompaña de un plan de formación, alianzas técnicas con actores del reciclaje textil y una estrategia de inversión en capacidades que reduzca las barreras de entrada para nuevas empresas adheridas.
El panorama competitivo en España se torna más denso con la entrada de actores como Re-viste y ERP, que ya operan o se preparan para operar con residuo textil. Re-viste, por ejemplo, ya ha reforzado su equipo con perfiles directivos con experiencia en grandes empresas del sector, lo que podría acelerar su capacidad para captar adhesiones y gestionar procesos de RAP de forma eficiente. Por su parte, ERP, conocido por su actuación en el ámbito de la gestión de pilas y acumuladores, ha manifestado su interés en incursionar en residuo textil, ampliando así su cartera de servicios y fortaleciendo la competencia en el sector de SCRAP. Este entorno competitivo plantea a Gerescal la necesidad de consolidar una propuesta de valor que vaya más allá de la mera cobertura de residuos: debe enfatizar la calidad del servicio, la trazabilidad de los residuos, la estandarización de procesos, la transparencia de costos y la agilidad de la adopción por parte de las empresas adheridas. En este sentido, la colaboración o, al menos, la coexistencia de múltiples scraps podría ser beneficiosa para el ecosistema, siempre que exista una coordinación adecuada que evite la fragmentación y la duplicación de esfuerzos. Reolid ha señalado una postura pragmática en este punto: “Estamos a favor de la colaboración para optimizar los procesos, pero scraps en España van a existir mínimo dos”. Este enfoque sugiere una visión de mercado más que competitiva en la que la eficiencia y la especialización podrían coexistir con la competencia, siempre que se definan reglas claras de operación y canales de comunicación entre entidades.
El marco regulatorio europeo, y concretamente la RAP, funciona como motor y, a la vez, límite para las estrategias de los scrap. La RAP no solo impone la responsabilidad de gestión de residuos a los productores, sino que también puede influir en la estructura de costos y en la velocidad de adhesión de empresas. Si la obligatoriedad se retrasa respecto a las previsiones iniciales, como ha sucedido, las empresas adheridas pueden asumir gastos de actividad de manera voluntaria mientras esperan la fecha de implementación definitiva. Este financiamiento temporal por parte de las compañías fundadoras indica un compromiso con la sostenibilidad y una voluntad de avanzar en la práctica, incluso ante incertidumbres regulatorias. Sin embargo, también plantea preguntas sobre la sostenibilidad financiera del modelo a largo plazo: ¿qué ocurre cuando la RAP entre en vigor y las tasas son obligatorias para todas las empresas? ¿Cómo se gestionarán las diferencias entre empresas que ya han adelantado su adhesión y las que se sumarán más tarde? Estas cuestiones obligan a Gerescal a planificar con rigor su estructura de costos, su modelo de ingresos y su capacidad de gestión de cambios regulatorios.
La estrategia de captación de empresas se ha intensificado con la incorporación de un nuevo perfil en el equipo, dedicado a la comunicación con las empresas del sector. Esta medida responde a la necesidad de explicar a potenciales adheridos el valor de unirse a Gerescal, así como de gestionar el proceso de incorporación y el pago de tasas. Parallela a la entrada de Re-viste de una exdirectiva de Decathlon, estas incorporaciones sugieren un enfoque proactivo para construir una red de adheridos y credibilidad ante el mercado. Si bien la inercia financiera depende de las tasas que se deben pagar, la visibilidad y la claridad sobre las oportunidades de negocio que ofrece la adhesión pueden ser decisivas para que empresas del calzado y textil se decidan a unirse al scrap. En este sentido, la comunicación no es un simple canal operativo: es una pieza clave de la estrategia de crecimiento, que requiere mensajes claros sobre beneficios, responsabilidades y calendario de implementación para evitar ambigüedades que podrían frenar la adhesión.
A nivel de expectativa y consolidación, Gerescal ya cuenta con compromisos de entre 60 y 70 empresas, según Reolid. Este dato indica un interés sólido y una base de posibles adheridos que podría sostener el crecimiento inicial de la organización en su nueva etapa de diversificación. No obstante, la realidad operativa aún depende de la formalización de los acuerdos y del impulso regulatorio para la obligatoriedad de la RAP. En este punto, la financiación de la actividad a través de las aportaciones voluntarias de las empresas fundadoras podría prolongarse durante un periodo, lo que permitiría ganar tiempo para ajustar operaciones y ampliar la base de adheridos. Esta estrategia de espera y construcción de capacidad paralela a la regulación puede ser funcional si se gestiona con una proyección financiera clara y una serie de hitos que garanticen la escalabilidad del modelo. En última instancia, el éxito de la diversificación de Gerescal dependerá de su capacidad para consolidar una oferta atractiva para empresas que, a la vez, demandan soluciones integrales y eficientes para la gestión de residuos textiles y de calzado, manteniendo la coherencia con las métricas de rendimiento y los estándares de calidad que exigen los reguladores y las propias empresas.
Vea también: VF Corporation abandona Turquía: producción hacia Asia por inflación
Gerescal está redefiniendo su alcance para convertirse no solo en un gestor de residuos del calzado, sino en un actor relevante en la gestión del residuo textil dentro del marco de la RAP. Esta evolución presenta claros beneficios: la posibilidad de crear una solución integral para empresas que operan en sectores vinculados y la capacidad de capturar sinergias entre flujos de residuos, con la promesa de reducir complejidad administrativa y mejorar la eficiencia operativa. También implica desafíos notables, como la necesidad de ampliar capacidades técnicas, negociar con una base de adheridos diversa y gestionar la competencia con otros scrap. Si Gerescal logra alinear su visión con una ejecución eficaz, basada en una comunicación clara, alianzas estratégicas y una gestión financiera sólida, podría consolidarse como un referente para las empresas de moda que buscan un marco único que cubra tanto el residuo del calzado como el textil. En un sector donde la presión por la sostenibilidad y la trazabilidad de los procesos es cada vez mayor, la capacidad de ofrecer una “solución completa” podría ser decisiva para atraer a nuevas empresas, acelerar la adopción de prácticas de gestión de residuos y, en última instancia, impulsar una economía de la moda más circular. En ese trayecto, la cooperación entre los scraps existentes, la claridad regulatoria y la capacidad de comunicación con las empresas adheridas serán factores determinantes para definir el ritmo y la viabilidad de este nuevo capítulo de Gerescal.


