Kering atraviesa un período de ajuste que se refleja en una caída persistente de sus ventas y en un cambio de rumbo impulsado por una nueva etapa directiva. En el tercer trimestre del ejercicio, el grupo registró una facturación de 3.415 millones de euros, lo que supone una caída del 5% en términos comparables respecto al año anterior y, en términos reportados, un retroceso del 10% frente al mismo periodo de 2024. Aunque la cifra representa una mejora frente al segundo trimestre, cuando las ventas se desplomaron un 15%, la magnitud de la caída revela que el conglomerado sigue lidiando con la desaceleración de la industria del lujo y con un proceso de relevo estratégico que, según las declaraciones de Luca de Meo, apunta a “devolver a nuestras marcas el lugar que merecen”. En ese marco, la transición de liderazgo y la implementación de un nuevo modelo operativo ya se han puesto en marcha, con la esperanza de estabilizar las ventas y recuperar dinamismo en las marcas más emblemáticas del grupo.
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El desempeño por marcas arroja una lectura más matizada del problema y de las posibles vías de recuperación. Gucci, la joya de la corona, continúa en fase de reposicionamiento y cerró el trimestre con ventas de 1.343 millones de euros, lo que representa una caída del 18% respecto al mismo periodo del año anterior. Aunque la marca ha mostrado señales de mejoría respecto al trimestre previo gracias a una mayor tracción en Norteamérica y Europa Occidental y al desempeño de su nueva línea de marroquinería, la magnitud de la caída evidencia que el proceso de reestructuración de la casa italiana no ha logrado aún revertirse de forma sostenible. La estrategia de Demna Gvasalia y el equipo creativo busca reubicar la firma en el centro de la conversación de lujo, pero la dependencia de un canal mayorista aún contruye una barrera para una recuperación más acelerada. En paralelo, el impacto de la renovación de colecciones y la necesidad de equilibrar los volúmenes de distribución siguen siendo factores críticos que condicionan la evolución de Gucci en el corto plazo.
Yves Saint Laurent también mostró una tendencia a la baja durante el trimestre, con ventas de 620 millones de euros y una caída del 7%. Aquí, las señales mixtas indican que las nuevas colecciones y la creciente aceptación de determinadas líneas de prêt-à-porter y calzado han impulsado un crecimiento de doble dígito en ciertas categorías, pero no alcanzaron para contrarrestar la caída global del grupo. El rendimiento del segmento de prêt-à-porter se beneficiaba de una mayor demanda, pero la contracción general sugiere que el resto de la cartera de YSL no ha logrado compensar la debilidad de otras escuelas de la casa ni la presión de un entorno de consumo más selectivo.
Bottega Veneta se distingue por ser la excepción positiva dentro del conjunto de marcas del grupo en ese periodo, al registrar ventas de 393 millones de euros, prácticamente estables con una variación cercana al 0% en términos reportados y con un crecimiento comparable del 3%. Esta performance sitúa a Bottega Veneta como la marca del portfolio con la menor caída durante el trimestre, lo que sugiere que la estrategia de posicionamiento, la oferta de producto y las dinámicas de consumo de su clientela siguen mostrando resiliencia relativa frente a la volatilidad que afecta a Gucci y, en menor medida, a Saint Laurent. Aun así, el resultado no es suficiente para compensar la presión global ni para mitigar la caída global de la facturación del grupo.
Entre las denominadas otras marcas, que integran firmas como Balenciaga, Alexander McQueen, Brioni y la división de joyería, se observó una dinámica mixta: 652 millones de euros de ingresos, con una caída del 5% en reportado pero un crecimiento del 1% en comparable. Balenciaga ha mostrado avances en todas las categorías, mientras que McQueen ha reducido su caída y la división de joyería, que abarca firmas como Boucheron, Pomellato y Qeelin, ha mostrado un crecimiento de doble dígito. Estos datos indican que, si bien algunas marcas han perdido impulso, existe potencial de recuperación en segmentos específicos y que la diversificación del portafolio podría jugar a favor de la consolidación futura del grupo. El giro estratégico parece centrarse en reforzar estas áreas con la esperanza de que la aportación de las joyerías y las gafas mantenga un nivel de crecimiento más estable frente a las variaciones de las marcas de mayor volumen.
En el frente de gafas y accesorios, Kering Eyewear ha mostrado un desempeño positivo, con ventas que ascienden a 448 millones de euros, un incremento del 2%. Este canal, que incluye alianzas estratégicas y licencias, ha emergido como uno de los motores de crecimiento del grupo al diversificar su oferta y ampliar la presencia en categorías de alto valor añadido. La firma anunció, además, una licencia con Valentino que reforzará la división a partir de la temporada primavera-verano 2026, y la alianza con L’Oréal que incluye la venta de la firma Creed por 4.000 millones de euros, como parte de la reorganización del grupo bajo la nueva dirección de Luca de Meo. Estas jugadas estratégicas buscan optimizar el portafolio y focalizar recursos en activos y marcas con mayor potencial de crecimiento a medio y largo plazo, al tiempo que se mantiene la disciplina de costo y la eficiencia operativa en toda la corporación.
En el ámbito geográfico, la compañía reporta una “mejor dinámica en todas las regiones”, con mejoras destacadas en Norteamérica y Europa Occidental. Este movimiento regional es coherente con la estrategia de reposicionamiento y ampliación de presencia en mercados clave que se perfilan como motores de demanda para el lujo en los próximos años, a pesar del entorno macroeconómico más desafiante. Sin embargo, la clasificación de las ventas como “comparables” y la necesidad de ajustarse al gasto y a la demanda cambiante de los consumidores de lujo exigen cautela, ya que un repunte en una región podría no compensar caídas en otras si las condiciones macro no mejoran de forma sostenida.
A nivel de resultados de periodo, el grupo cierra los nueve primeros meses de 2025 con ventas agregadas de 11.002 millones de euros, lo que implica una caída del 14% interanual. Aunque existe una mejora secuencial respecto a trimestres anteriores, el balance de este periodo sitúa a Kering por debajo del desempeño del mercado de lujo en su conjunto, lo que añade presión para que las medidas de optimización de costes, reorganización de marcas y redefinición de la cartera de negocios surjan efecto con mayor claridad en el corto plazo. La estrategia de De Meo, que se ha centrado en la separación de funciones de presidencia y dirección general y en la consolidación de su liderazgo, buscará traducirse en una mayor eficiencia operativa, una asignación de inversiones más acertada y un impulso a las líneas de negocio con mayor potencial de crecimiento sostenido.
En el análisis cualitativo, la dinámica del negocio de lujo ha cambiado significativamente en los últimos años, con una mayor consolidación de la demanda de artículos de alto valor, una mayor atención a la experiencia de marca y una presión creciente sobre los modelos de canal de distribución. Kering, en este contexto, intenta equilibrar la necesidad de mantener la identidad de cada marca con la exigencia de una gestión de portafolio más disciplinada y una reducción de complejidad operativa. El cambio de modelo no está exento de riesgos, como la posibilidad de que la transición afecte la inversión en innovación o que la respuesta de los consumidores a las nuevas colecciones sea más lenta de lo previsto. No obstante, si las métricas de avance en la ejecución de las iniciativas estratégicas —como la optimización de inventarios, la redefinición de las redes de distribución y la aceleración de la adopción de nuevas colecciones en mercados prioritarios— empiezan a materializarse de forma consistente, también podría observase una reversión gradual de la tendencia de ventas y una mejora de la rentabilidad.
En el plano de la competencia, Kering se mantiene en una posición que exige adaptaciones constantes para enfrentar a rivales como LVMH y Hermès, que continúan ampliando su cuota de mercado y consolidando su presencia global. La fortaleza de estas casas se enmarca en una eficiencia operativa y una red de distribución más madura, que les permite absorber shocks macroeconómicos y optimizar sus márgenes a través de la gestión de surtidos, precios y volúmenes. Frente a ese contexto, la capacidad de Kering para capitalizar las renegociaciones de distribuidores, la gestión de inventarios y la generación de valor a través de licencias y colaboraciones podría marcar la diferencia en el rendimiento a medio plazo. En particular, la estrategia de alianzas con actores como L’Oréal y la diversificación de la oferta en categorías de alto valor, como gafas y joyería, podrían convertirse en palancas clave para sostener el crecimiento cuando las ventas de las marcas estrella se recorten.
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En síntesis, el tercer trimestre de 2025 deja a Kering en una senda de recuperación que aún no ha dado frutos decisivos para revertir la caída de ingresos de forma sostenida. La mejora secuencial respecto al trimestre anterior, impulsada por una mayor dinamización regional y por el fortalecimiento de las categorías de alto valor, no es suficiente para compensar la caída de marcas icónicas como Gucci y, en menor medida, Yves Saint Laurent. La marca que ha mostrado mayor resiliencia, Bottega Veneta, ofrece una nota alentadora en un portafolio que busca consolidar rendimientos a través de una oferta más centrada en el lujo discreto y una gestión de producto más ajustada. En el plano estratégico, la revisión del modelo de negocio, el refuerzo de alianzas y la orientación hacia segmentos con mayor potencial, como la bisutería y las gafas, serán determinantes para la evolución de la compañía en los próximos trimestres. Si la ejecución de estas iniciativas se mantiene de forma sostenida, existe la posibilidad de que el grupo recupere terreno en el mercado y recupere la confianza de inversores y consumidores en un contexto de mayor claridad sobre la ruta de crecimiento.

