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Home Retail Lujo - Moda Moda

Aranceles de Trump: el 2026 como punto de inflexión

by España-Moda-Opinion
octubre 6, 2025
in Moda
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Aranceles de Trump: el 2026 como punto de inflexión

Aranceles de Trump: el 2026 como punto de inflexión

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Las políticas arancelarias implementadas por Estados Unidos durante la administración de Donald Trump han sido, desde su inicio, un eje de incertidumbre para la economía global y, en particular, para las relaciones comerciales con el G20. La OCDE, agencia que reúne a economistas y responsables de políticas públicas de las economías más desarrolladas, señala que los efectos completos de estas medidas no se han sentido todavía en su totalidad a nivel mundial. Este reconocimiento es crucial porque subraya que los impactos de la política arancelaria no son inmediatos; se producen con retrasos, a medida que las empresas ajustan sus estructuras de costos, reorganizan flujos de suministro y modifican hábitos de consumo. En ese sentido, la OCDE advierte que, aunque muchos cambios se están implementando gradualmente, ya empiezan a ser visibles en aspectos como las decisiones de gasto de los hogares, las condiciones del mercado laboral y la dinámica de precios al consumidor. Este marco sugiere que la economía global está atravesando una fase de ajuste que podría continuar a lo largo de 2025 y hacia 2026, cuando, según la organización, es probable que los efectos completos de los aumentos arancelarios se hagan plenamente presentes.

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Una de las ideas centrales que emerge del informe de la OCDE es la heterogeneidad de impactos entre países y sectores. Si bien las fricciones comerciales y los precios de los bienes importados pueden subir, a la vez existe un proceso de absorción de costos a través de márgenes de beneficio por parte de las empresas, que a corto plazo puede atenuar el traspaso completo de aranceles a los precios al consumidor. Este fenómeno, conocido en economía como “absorbción de costos” o “transmisión parcial”, implica que las compañías ajustan eficiencias operativas, buscan proveedores alternativos o aprovechan momentos de menor elasticidad de la demanda para sostener su rentabilidad.

Sin embargo, estos mecanismos de mitigación no son sostenibles indefinidamente. Con el tiempo, a medida que esas estrategias se van agotando o se vuelven menos viables, la presión sobre precios y la inversión puede intensificarse, alimentando una trayectoria de menor crecimiento y de menor dinamismo en el empleo en varias economías. En el caso de Estados Unidos, la OCDE señala señales de suavización en los mercados laborales, con tasas de desempleo en aumento y una disminución de las vacantes, lo cual es coherente con un efecto retardado de la menor demanda agregada y costos de importación más altos. Este deterioro en el mercado laboral de Estados Unidos no es exclusivo de ese país; se observa en otros motores económicos del G20, lo que sugiere un contagio de las tensiones comerciales a través de cadenas de suministro globales.

En ese marco, la OCDE presenta una lectura relativamente sobria sobre el crecimiento económico mundial. El pronóstico señala una desaceleración progresiva del crecimiento del PIB mundial, desde 3,3% en 2024 hasta 3,2% en 2025 y 2,9% en 2026. Este descenso se debe, en parte, a la reducción de la inversión y al replanteamiento de las decisiones de gasto que acompañan la incertidumbre comercial y geopolítica. Sin embargo, la proyección no es homogénea: existen diferencias estructurales entre economías avanzadas y emergentes, y entre bloques geopolíticos. En Estados Unidos, por ejemplo, la OCDE espera una desaceleración marcada del crecimiento del PIB, de 2,8% en 2024 a 1,5% en 2026, una trayectoria que refleja la combinación de un menor impulso de la inversión en sectores tecnológicos y el efecto acumulado de aranceles más elevados y una reducción de la inmigración neta.

Este cuadro de resultados contrasta con las expectativas para la zona euro, donde se prevé un crecimiento más moderado pero estable, en torno al 1% para 2026, sustentado por condiciones de crédito relativamente favorables y una moderación más lenta de las tensiones comerciales. Estas diferencias subrayan la complejidad de la transmisión de las políticas arancelarias: no todo el mundo experimenta el mismo grado de fricción, y la resiliencia de las economías dependerá de la capacidad de adaptar estructuras productivas, diversificar fuentes de suministro y gestionar adecuadamente la demanda interna ante shocks externos.

La OCDE, además, destaca un movimiento notable en la manera en que las grandes economías están reconfigurando sus cadenas de suministro. En particular, Estados Unidos ha ido reduciendo su dependencia de China en algunos sectores, incluida la moda. Este fenómeno de redistribución de la producción no es nuevo en sí mismo: forma parte de una tendencia más amplia de diversificación de proveedores y de reubicar la manufactura hacia territorios con costos similares o mejores condiciones de acceso al mercado estadounidense. En el caso de la moda, se observa una salida de producción de China, con un traslado parcial hacia otros países asiáticos y, en algunos casos, hacia América Latina o regiones con cadenas logísticas más cercanas.

Esta reconfiguración tiene varias motivaciones: para algunos actores, se trata de gestionar de forma más eficiente los costes relacionados con aranceles y variaciones en el tipo de cambio; para otros, es una estrategia para reducir tiempos de entrega y mejorar la flexibilidad ante cambios súbitos en la demanda. En general, la tendencia apunta a una mayor regionalización de la producción, que podría mitigar parte de la volatilidad asociada a shocks tarifarios globales, al tiempo que crea nuevas dinámicas de competencia y requerimientos de inversión en capacidades de producción y almacenamiento.

El sector de la moda, en particular, ofrece un ejemplo ilustrativo de estas dinámicas. Grandes firmas de Estados Unidos, como Nike, Gap y Abercrombie & Fitch, han manifestado su necesidad de desvincularse de la dependencia exclusiva de la producción en China para proteger sus cuentas ante la presión de los aranceles. Estas compañías no están aisladas: forman parte de una oleada creciente de empresas que buscan diversificar sus proveedores o trasladar parte de la fabricación a otros países. El impacto de estas decisiones es doble. Por un lado, se busca reducir la exposición a las fluctuaciones arancelarias y a la incertidumbre en el costo de los insumos; por otro, se enfrenta el desafío de mantener calidad, tiempos de entrega y escalabilidad en una cadena de suministro que suele ser compleja y altamente interdependiente.

Además, la reubicación de la producción conlleva costos de transición, inversión en nueva capacidad y posibles riesgos de capacidad o de demanda en los mercados locales. En el corto plazo, estas decisiones pueden traducirse en costos operativos más altos o en una mayor inestabilidad de precios para los consumidores, pero a mediano y largo plazo podrían generar una mayor resiliencia frente a shocks comerciales externos y una mayor velocidad de respuesta ante cambios en las condiciones de demanda.

Es relevante señalar que, aunque la OCDE proyecta mejoras en la economía del G20 en su conjunto, estas proyecciones no deben interpretarse como una señal de que todos los impactos serán positivos. La organización subraya que las condiciones financieras están mejorando en algunas economías, pero la incertidumbre política y económica persiste y puede frenar la inversión y la expansión del comercio. En este sentido, la reducción de la inflación en la mayoría de las economías del G20 podría acompañarse de una moderación en el crecimiento, lo que implica un trade-off entre estabilidad de precios y dinamismo económico. En otras palabras, la reducción de las presiones inflacionarias no garantiza automáticamente un crecimiento robusto; los responsables de política deben equilibrar la contención de la inflación con la necesidad de sostener la inversión, fomentar la innovación y garantizar empleo suficiente para mantener un crecimiento sostenible.

Otro aspecto que merece atención es el contexto interno de Estados Unidos y su política migratoria, que la OCDE señala como un factor con efectos significativos sobre la economía. La inmigración neta positiva ha sido históricamente un sostén del crecimiento de la economía estadounidense, especialmente en sectores de alta tecnología y manufactura avanzada. Sin embargo, con la reducción de la inmigración neta, se espera que el crecimiento potencial de Estados Unidos se vea limitado: menos trabajadores disponibles en sectores de alta tecnología y menor impulso para la creación de nuevas empresas. Este componente es esencial para entender por qué la economía estadounidense podría ver una desaceleración más pronunciada en 2026. Aun así, el informe sugiere que la demanda de consumo podría mantenerse relativamente estable, apoyada por una inflación contenida y condiciones de crédito accesibles, lo que ayudaría a sostener un nivel razonable de crecimiento a pesar de los vientos en contra en el mercado laboral y las tensiones arancelarias.

En suma, el análisis de la OCDE presenta un panorama mixto. Por un lado, hay señales de desaceleración global y de efectos de los aranceles que se vuelven más visibles con el tiempo, acompañados de una reducción de la inflación en la mayoría de las economías del G20 y una mejora gradual de las condiciones de los mercados financieros. Por otro, se vislumbran mejoras en la economía del G20, impulsadas por la reconfiguración de las cadenas de suministro, una mayor resiliencia a través de la diversificación de proveedores y una menor vulnerabilidad a choques arancelarios globales.

El camino, sin embargo, es ambiguo y depende de múltiples factores, entre ellos la evolución de las tensiones geopolíticas, la trayectoria de la inflación y la capacidad de las empresas para invertir en tecnología y productividad. En definitiva, la OCDE sugiere que, para el año 2026, el efecto pleno de los aranceles de Estados Unidos se dejará sentir con mayor claridad, afectando tanto a la economía global como a la estadounidense, con matices: algunos impactos serán adversos, otros podrían traducirse en beneficios derivados de reajustes productivos, mejoras en la eficiencia de la cadena de suministro y crecimiento de sectores que logren adaptarse con rapidez a un entorno comercial cambiante.

En primer lugar, a corto plazo, la imposición de aranceles tiende a encarecer las importaciones y a inducir a las empresas a buscar proveedores alternativos o a elevar precios para mantener márgenes, lo cual puede traducirse en inflación y menor demanda de bienes importados. En segundo lugar, a mediano plazo, se observa un reajuste de la estructura productiva: mayor regionalización, diversificación de cadenas de suministro y desarrollo de capacidades logísticas para reducir tiempos y costos de entrega. En tercer lugar, a largo plazo, la economía podría beneficiarse de una mayor eficiencia y de una base de proveedores más resiliente, pero solo si las inversiones en productividad, innovación y educación se sostienen frente a la presión de un entorno internacional más complejo. Esta triada de efectos no es automática ni lineal; depende de la respuesta de empresas, gobiernos y consumidores ante los estímulos y restricciones que impone la política arancelaria.

La lectura de la OCDE sobre el comportamiento de la economía estadounidense ofrece además una ventana para entender las decisiones corporativas en el sector de consumo discrecional, particularmente la moda. El texto señala que, en lo que va del año, la moda estadounidense ha reducido su dependencia de China en un intento por mitigar el impacto de los aranceles. Este movimiento no implica exclusivamente un traslado de producción; también conlleva un replanteamiento de la estructura de costos y una optimización de la cadena de suministro.

Empresas como Nike, Gap y Abercrombie & Fitch encarnan una tendencia de desdiversificación geográfica de proveedores, que podría traducirse en una mayor resiliencia ante shocks externos pero, a la vez, en desafíos de calidad, coordinación logística y costos de transición. La experiencia de estas compañías sugiere que la diversificación de riesgos es una estrategia viable, pero requiere inversión sostenida en capacidades de producción, gestión de la cadena de suministro y tecnología de información para monitorizar inventarios, plazos de entrega y calidad. En un entorno de aranceles fluctuantes, la capacidad de ajustar rápidamente la configuración de proveedores y de responder con rapidez a movimientos del mercado se convierte en una ventaja competitiva significativa.

Aun cuando el informe de la OCDE presenta un tono mayormente prudente, no oculta la posibilidad de que ciertas condiciones mejoren. En particular, las condiciones de financiación en las economías del G20, incluida una reducción de la inflación en la mayoría de estas economías, pueden facilitar la recuperación de la inversión y el crecimiento del comercio. Sin embargo, ese impulso está condicionado a que las empresas y los gobiernos mantengan una visión de medio a largo plazo que vaya más allá de las fluctuaciones coyunturales. Es decir, la reducción de la inflación puede ser bienvenida para los consumidores y para el poder adquisitivo, pero no basta para garantizar un crecimiento sostenible si no se acompaña de un aumento en la inversión en tecnología, capacitación de la fuerza laboral y mejoras en la eficiencia productiva.

En ese sentido, la OCDE sugiere que la economía mundial podría estabilizarse y encontrar un nuevo equilibrio a medida que las cadenas de suministro se vuelven más robustas, la demanda de bienes y servicios se modera y las crisis geopolíticas se diluyen en cierta medida, permitiendo que la inversión y el comercio recuperen cierto impulso. Este marco también implica que las políticas públicas deberán ser astutas para gestionar la transición: políticas que reduzcan la vulnerabilidad de las empresas ante shocks externos, que incentiven la innovación y que faciliten la reconversión de sectores enteros ante cambios en la demanda global.

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El sector textil y de moda es un buen ejemplo de cómo una determinada política puede catalizar cambios estratégicos en la distribución de la producción. El costo adicional de los aranceles, si bien puede ser absorbido por las empresas durante un periodo, tiende a presionar a los consumidores, especialmente cuando la demanda es relativamente inelástica o cuando hay sustitutos limitados. La experiencia reciente de Nike, Gap y Abercrombie & Fitch podría interpretarse como una señal de alerta para otras firmas: la diversificación de proveedores y la reubicación de la producción no es una panacea, y debe gestionarse con una visión de largo plazo que contemple costos de transición y la necesidad de preservar la calidad y la velocidad de entrega. En última instancia, la capacidad de estas empresas para adaptar sus cadenas de suministro ante un entorno de aranceles y tensiones geopolíticas dependerá de su capacidad de inversión en tecnología, su habilidad para negociar con proveedores y su acceso a financiamiento favorable.


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Source: Modaes
Tags: 2026ArancelesCadenas de suministroChinacomerciocrecimientodeslocalizacióndiversificacióneconomía globalEstados UnidosG20industria textilinflacióninversiónModaOCDEproveedoresreconfiguración
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