La creciente tensión entre Estados Unidos y China ha dejado a varias empresas en medio del conflicto, y entre ellas destacan dos gigantes de la moda: Calvin Klein y Tommy Hilfiger. Ambas marcas, propiedad de PVH Corp., han sido directamente afectadas por las medidas de represalia entre las dos potencias, lo que ha puesto en riesgo su presencia en el mercado asiático.
El detonante fue la inclusión de PVH Corp. en la lista de “entidades no confiables” del gobierno chino, una medida que permite imponer sanciones como la revocación de permisos de trabajo, restricciones a la importación y exportación, y la denegación de visas para empleados. Esta decisión se produjo poco después de que EE.UU. impusiera un arancel del 10 % a las importaciones chinas.
China justificó su acción alegando que PVH se negó a adquirir algodón de la región de Xinjiang, vinculada a denuncias de trabajo forzado contra la minoría uigur. Esta negativa fue interpretada como una postura política, lo que intensificó el escrutinio sobre la compañía y derivó en una investigación formal en septiembre de 2024.
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Las consecuencias para PVH podrían ser significativas. La empresa depende de China para aproximadamente el 18 % de su producción global, y el mercado chino representa el 6 % de sus ventas y el 16 % de sus ganancias antes de intereses e impuestos. Cualquier interrupción en sus operaciones podría afectar la cadena de suministro y la disponibilidad de productos en todo el mundo.
Además del impacto económico, la situación plantea desafíos reputacionales. Calvin Klein y Tommy Hilfiger han construido una imagen global basada en valores como la inclusión y la sostenibilidad. Verse involucradas en una disputa comercial con implicaciones éticas y geopolíticas podría afectar la percepción de los consumidores, especialmente en mercados sensibles a los derechos humanos.
La respuesta de PVH ha sido cautelosa pero firme. La compañía expresó su sorpresa por la inclusión en la lista negra y reafirmó su compromiso de cumplir con las leyes internacionales. También manifestó su intención de colaborar con las autoridades chinas para resolver el conflicto de manera constructiva.
Este episodio refleja los riesgos crecientes que enfrentan las marcas globales en un entorno comercial cada vez más politizado. La moda, tradicionalmente vista como apolítica, se encuentra ahora en el centro de debates sobre ética, producción responsable y diplomacia económica.
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Para Calvin Klein y Tommy Hilfiger, el desafío será mantener su presencia en Asia sin comprometer sus valores corporativos ni su estabilidad financiera. La relocalización de fábricas, la diversificación de proveedores y la adaptación a nuevas normativas podrían ser claves para sortear esta crisis.
El caso de PVH Corp. ilustra cómo las tensiones entre EE.UU. y China trascienden lo político y afectan directamente a industrias creativas y de consumo. Calvin Klein y Tommy Hilfiger, íconos del estilo estadounidense, se han convertido en símbolos involuntarios de una guerra comercial que redefine el mapa global de la moda.

