La industria de la moda deportiva enfrenta uno de sus golpes más duros en años. Liberated Brands, conglomerado que agrupa a icónicas marcas como Quiksilver, Billabong, Roxy y Volcom, anunció su quiebra y el cierre definitivo de 124 tiendas en Estados Unidos. La decisión deja sin empleo a más de 1.400 trabajadores y marca el fin de una era para estas enseñas que dominaron el mercado juvenil desde los años noventa.
El colapso de Liberated Brands no solo representa una pérdida comercial, sino también cultural. Estas marcas fueron símbolo de identidad para generaciones de surfistas, skaters y amantes del estilo urbano. Su desaparición física de los centros comerciales refleja un cambio profundo en los hábitos de consumo y en la forma en que se construye la moda deportiva en la actualidad.
Según Todd Hymel, CEO de la compañía, la quiebra fue precipitada por una combinación de factores macroeconómicos: inflación persistente, alza de tasas de interés, problemas en la cadena de suministro y una caída sostenida en la demanda. A esto se suman deudas millonarias que alcanzan los 226 millones de dólares, entre obligaciones garantizadas y no garantizadas.
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El auge del comercio electrónico, potenciado por la pandemia, desplazó gran parte de la demanda hacia canales digitales. Liberated Brands intentó adaptarse, pero sus elevados costos fijos y la falta de flexibilidad operativa terminaron por asfixiar sus finanzas. La empresa reconoció que, pese a los esfuerzos por sostener sus marcas, el entorno económico resultó insostenible.
Los locales afectados ya comenzaron a cerrar sus puertas. Desde el 16 de febrero, las tiendas dejaron de aceptar tarjetas de regalo como forma de pago, tanto en sucursales físicas como en plataformas online. Esta medida anticipa el desmantelamiento total de la red comercial de Liberated Brands en Estados Unidos.
En Europa, Australia, Japón y Canadá, la empresa busca compradores que puedan mantener la distribución de sus marcas. Aunque por ahora se mantienen disponibles en tiendas online y distribuidores como El Corte Inglés, el futuro de estas enseñas es incierto. Algunos analistas advierten que podrían cambiar de nombre o desaparecer por completo.
La quiebra de Liberated Brands expone la vulnerabilidad de incluso las firmas más consolidadas frente a la volatilidad económica global. También revela cómo el fast fashion y la competencia asiática con precios de derribo han erosionado el valor de marcas tradicionales que no lograron reinventarse a tiempo.
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Para los trabajadores despedidos, el impacto es devastador. Más de 1.400 personas pierden su fuente de ingresos en medio de un contexto económico complejo. Sindicatos y organizaciones laborales ya han comenzado a exigir medidas de protección y compensación para los afectados por este cierre masivo.
Este caso se suma a una serie de quiebras en el sector retail que evidencian una transformación estructural. La moda deportiva, que alguna vez fue sinónimo de rebeldía y estilo, enfrenta hoy el desafío de adaptarse a nuevas generaciones, nuevas plataformas y nuevas reglas del juego. El cierre de Liberated Brands es, sin duda, un llamado de atención para toda la industria.

