El debate sobre la apropiación cultural en la moda ha vuelto a encenderse, y esta vez, el gigante deportivo Adidas está en el centro de la polémica. El gobierno de México ha lanzado una acusación formal contra la marca alemana, señalando que una de sus recientes creaciones, unas sandalias, utiliza diseños y elementos de comunidades indígenas mexicanas sin dar el debido crédito ni ofrecer una compensación. Este incidente subraya la creciente tensión entre las grandes corporaciones y las comunidades tradicionales.
El Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) de México fue el primero en alzar la voz. En un comunicado oficial, el INPI acusó a Adidas de usar la iconografía del pueblo mixteco, específicamente los bordados de la comunidad de San Bartolomé Quialana, en el estado de Oaxaca. Los diseños en cuestión, con motivos geométricos y colores vibrantes, son elementos culturales profundamente arraigados y protegidos por la tradición oral y la artesanía local.
La controversia se centra en las sandalias Adilette 2.0, que, según las autoridades mexicanas, replican fielmente el patrón de los huipiles tradicionales de la región. El huipil es una prenda de vestir ancestral que no solo tiene una función práctica, sino que también es un vehículo de identidad cultural, simbolismo y sabiduría ancestral. Cada patrón y cada color tiene un significado específico, transmitido de generación en generación.
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El gobierno mexicano, a través de la Secretaría de Cultura, ha enviado una carta formal a Adidas exigiendo una explicación y un acuerdo de compensación. La secretaria de cultura, Alejandra Frausto, ha sido una figura activa en la lucha contra la apropiación cultural, y ha dejado claro que estas prácticas son inaceptables. Su postura es que el patrimonio cultural de los pueblos indígenas no puede ser utilizado como una simple fuente de inspiración para fines comerciales sin el consentimiento y el reconocimiento de sus creadores.
La acusación no solo se limita a un reclamo económico, sino que busca un reconocimiento más profundo del valor cultural de estas comunidades. El objetivo es que las grandes empresas entiendan que el patrimonio cultural inmaterial es un derecho colectivo de los pueblos, y que su uso indebido es una violación de sus derechos culturales y de propiedad intelectual. La lucha no es solo por el dinero, sino por la identidad y la dignidad.
Adidas, por su parte, ha respondido a la controversia con un comunicado. La marca ha afirmado que la sandalia en cuestión, aunque se inspira en la estética global, no tiene una conexión directa o intencional con los diseños tradicionales de la comunidad mixteca. Sin embargo, esta respuesta ha sido vista como insuficiente por las autoridades mexicanas y por la opinión pública, que considera que la similitud entre los diseños es innegable.
Este no es el primer caso de apropiación cultural que involucra a una marca de moda en México. En años anteriores, marcas como Zara y Carolina Herrera también han sido señaladas por usar diseños indígenas sin autorización. Estos incidentes han creado un precedente y han empujado al gobierno mexicano a tomar una postura más firme y proactiva para proteger su patrimonio.
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El caso de las sandalias de Adidas es un claro ejemplo de cómo la globalización y la industria de la moda a menudo chocan con las tradiciones locales. Mientras las marcas buscan diseños frescos y «étnicos» para atraer a los consumidores, a menudo ignoran el contexto y el significado cultural de los elementos que utilizan. El resultado es un daño a la identidad y un despojo económico a las comunidades que han perfeccionado estas técnicas durante siglos.
La acusación del gobierno mexicano contra Adidas pone de manifiesto la necesidad urgente de establecer directrices claras sobre el uso del patrimonio cultural inmaterial. El caso de las sandalias Adilette 2.0 es un recordatorio de que la moda, para ser verdaderamente sostenible y ética, debe respetar y colaborar con las culturas de donde toma su inspiración, en lugar de simplemente apropiarse de ellas para su propio beneficio.


