Viajar con perro sigue siendo un desafío para los madrileños en verano
Cada vez más personas consideran a sus mascotas parte de la familia. Sin embargo, cuando llegan las vacaciones, esta convicción se pone a prueba. Para muchos madrileños con perro, planificar una escapada sin separarse de su compañero peludo se ha convertido en una odisea. A pesar del creciente número de establecimientos que se anuncian como “pet friendly”, la realidad dista mucho de ser ideal: el 85% de los habitantes de Madrid asegura tener dificultades para encontrar un alojamiento que realmente admita perros sin restricciones o sobrecostes abusivos.
Esta cifra, revelada por el más reciente estudio de la plataforma Rover —especializada en el cuidado y hospedaje de mascotas—, pone en evidencia una paradoja. Madrid es una ciudad que presume de ser amante de los animales, pero sus ciudadanos enfrentan múltiples barreras cuando desean incluir a sus mascotas en las vacaciones. En ese contexto, la guía “No sin mi perro 2025” se posiciona como una herramienta necesaria para miles de familias que no están dispuestas a dejar a nadie atrás, ni siquiera a sus perros.
La brecha entre la vida pet friendly y el turismo real
Madrid ha logrado avances notables en cultura pet friendly. Parques caninos, cafeterías con menú para perros, tiendas de diseño para mascotas y clínicas veterinarias a la vanguardia forman parte del paisaje urbano. Pero cuando se trata de salir de la ciudad para disfrutar del verano, los dueños de mascotas se encuentran con un sistema turístico que aún no ha terminado de adaptarse.
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Según explica Elia Borrini, responsable de crecimiento en Rover, los principales obstáculos no son solo la escasez de alojamientos que realmente permitan animales, sino también otros factores como el transporte, los costes adicionales y el estrés que los cambios de ambiente pueden provocar en el propio animal. “El deseo de compartir las vacaciones con las mascotas es real y creciente, pero todavía hay muchas limitaciones logísticas. Nuestra guía quiere justamente eso: romper barreras y facilitar el acceso a viajes compartidos y felices”, destaca.
La guía “no sin mi perro 2025”: más que un catálogo
La guía mencionada no se limita a listar hoteles o apartamentos que acepten animales. Su propósito es mucho más ambicioso: ofrecer información verificada sobre alojamientos, restaurantes, playas, actividades y servicios que realmente están preparados para recibir perros y a sus cuidadores de forma segura y amigable.
Esta es la tercera edición de una publicación que ha ido ganando terreno en los últimos años como recurso indispensable para quienes quieren planificar unas vacaciones sin renunciar a la compañía de sus mascotas. Además, se adapta cada año a los cambios de normativas locales, a la actualización de políticas hoteleras y al feedback de miles de usuarios que comparten sus experiencias de viaje.
El estudio también explora hacia dónde apuntan las brújulas de quienes planean viajar con perro este verano. Andalucía lidera las preferencias con un 18% de los votos, gracias a su clima cálido, playas extensas y una oferta creciente de alojamientos aptos para animales. Le siguen de cerca la Comunidad Valenciana (15%) y, de forma curiosa, la misma Comunidad de Madrid (11%), lo que sugiere una preferencia por escapadas cercanas, donde la logística es más sencilla y el entorno ya conocido.
Cuando se trata de elegir el tipo de entorno ideal, el empate técnico entre playa (43%) y naturaleza/montaña (42%) es revelador. Ambos tipos de destinos ofrecen beneficios concretos: en la costa, los perros pueden disfrutar del mar y la arena (cuando las normativas lo permiten), mientras que en entornos rurales es más fácil encontrar espacios abiertos, senderos y tranquilidad, aspectos especialmente valorados por los dueños de razas activas o nerviosas.
En contraste, las vacaciones urbanas con perro son aún una opción minoritaria: solo el 15% de los encuestados las considera atractivas, probablemente por las restricciones de movilidad, el ruido o la falta de espacios adecuados para el descanso animal.
Aunque cada vez son más las aerolíneas, trenes y autobuses que permiten viajar con animales, las condiciones varían enormemente y pueden convertirse en un verdadero dolor de cabeza. Límites de peso, necesidad de transportín, recargos económicos y ausencia de espacios designados son algunas de las razones por las que muchos dueños terminan optando por viajes en coche particular. Pero no todos tienen esa posibilidad.
A esto se suma el problema del estrés animal. Cambiar de entorno, pasar horas en medios de transporte, convivir con desconocidos o adaptarse a nuevas rutinas puede desestabilizar incluso al perro más sociable. Por eso, muchos dueños prefieren no arriesgarse y optan por dejar a sus mascotas con familiares o recurrir a cuidadores certificados, aunque eso implique viajar con una carga emocional: la de no compartir las vacaciones con ese miembro especial de la familia.
¿Un cambio de paradigma en el turismo español?
Lo que muestran estos datos no es solo un problema puntual, sino una llamada de atención a la industria turística. El crecimiento sostenido del número de hogares con mascotas, combinado con una conciencia creciente sobre su bienestar, exige soluciones más inclusivas. Los alojamientos y destinos que entiendan esta tendencia como una oportunidad de negocio tendrán ventaja competitiva.
No se trata únicamente de aceptar perros, sino de ofrecer una experiencia de calidad para todos: adaptar habitaciones, proveer bebederos, permitir el acceso a zonas comunes, disponer de áreas de juego o incluso contar con servicios veterinarios de urgencia cercanos. La verdadera transformación ocurre cuando se deja de ver al perro como una complicación y se le incluye como parte natural del núcleo familiar.
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A medida que más personas integran a sus mascotas en todos los aspectos de su vida, la demanda de opciones amigables con los animales seguirá creciendo. Guías como “No sin mi perro” son importantes en esta transición, pero el cambio definitivo depende del compromiso de los actores turísticos y de la presión informada por parte del consumidor.
El reto para los próximos años es generar experiencias de viaje que respeten a todos los involucrados: a los humanos, a sus animales y a los espacios que visitan. Porque cuando viajar con perro deja de ser una complicación, lo que queda es lo más importante: tiempo compartido, libertad y disfrute para toda la familia.


