Una terapia que abraza cuerpo y alma: Animales que transforman la salud infantil
La presencia de un animal puede cambiarlo todo. En un entorno hospitalario, donde el estrés, la incertidumbre y el miedo forman parte de la rutina diaria, la simple llegada de un perro entrenado puede desencadenar una reacción emocional capaz de aliviar tensiones, mejorar la comunicación y conectar a los pacientes con una sensación de bienestar que a veces es difícil alcanzar por otros medios. Esta es la esencia de un programa que ya se ha convertido en una referencia nacional: la Terapia Asistida con Animales en el Hospital de Niños “Dr. Debilio Blanco Villegas”, una iniciativa que combina ciencia, sensibilidad y una profunda comprensión de la salud integral.
El proyecto fue protagonista en una nueva edición del ciclo Charlas alrededor del fuego de FLAMA 2025, un espacio que invita a compartir experiencias transformadoras vinculadas con la innovación, el conocimiento y la construcción de comunidad. Quienes tomaron la palabra fueron la médica pediatra y directora del hospital, Nancy Guerrero, y la médica veterinaria Teresa Lanusse, responsable del equipo de perros de terapia. Ambas relataron no solo la evolución de la iniciativa, sino también las historias y emociones que han tejido su identidad.
Un pedido que encendió una revolución en el cuidado pediátrico
La semilla del proyecto nació de la necesidad emocional de un único paciente. A partir de su pedido de ver a su mascota durante la internación, el equipo del hospital comenzó a cuestionarse si ese gesto, pequeño pero significativo, podía convertirse en parte de una estrategia terapéutica más amplia. Ese interrogante dio origen a un modelo innovador que hoy suma más de 430 intervenciones y que posicionó al centro de salud como pionero en permitir la entrada de perros incluso en áreas altamente sensibles como las salas de terapia intensiva.
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El desarrollo de la iniciativa exigió la creación de protocolos estrictos y un enfoque interdisciplinario. No se trataba únicamente de abrir las puertas del hospital a los animales, sino de garantizar que cada interacción fuese segura, ética y beneficiosa tanto para los pacientes como para los perros. El proyecto, que se enmarca bajo el concepto de “Una sola salud”, integra las dimensiones humana, animal y ambiental como partes interdependientes del bienestar general.
Dos modalidades complementarias para un mismo propósito
La estructura del programa se divide en dos líneas de acción. Por un lado, están las intervenciones asistidas por animales del equipo Inka, un grupo de perros especialmente seleccionados y entrenados para circular con comodidad en entornos médicos, responder a señales de contención emocional y adaptarse a las necesidades particulares de cada niño. Estos canes trabajan acompañados de profesionales de la salud y especialistas en comportamiento animal, formando un equipo que equilibra empatía con rigor científico.
La segunda modalidad contempla la visita de las propias mascotas de los pacientes. Sin embargo, este encuentro no se improvisa: antes de permitir el ingreso de un animal a las instalaciones, se realiza una evaluación exhaustiva de su estado sanitario, comportamiento y nivel de sociabilidad. Aquellos que cumplen con los requisitos pueden reencontrarse con sus dueños, creando momentos de profunda carga emocional que, según relatan los especialistas, han tenido un impacto positivo directo en la evolución clínica de muchos niños.
Hasta ahora, más de veinte pacientes han vivido la experiencia de recibir a sus propios animales dentro del hospital. Para muchos, este reencuentro significó un impulso emocional determinante, especialmente en procesos de hospitalización prolongada o momentos de ansiedad.
El poder de una cola que se mueve
Los efectos de la Terapia Asistida con Animales son cada vez más estudiados en distintos ámbitos del mundo. A nivel fisiológico, se sabe que el contacto con un animal puede reducir los niveles de cortisol —la hormona asociada al estrés— y aumentar la liberación de oxitocina, conocida por su relación con la vinculación emocional y la sensación de calma. En niños, estos cambios pueden favorecer una mejor respuesta a los tratamientos, facilitar la comunicación con los profesionales de la salud y contribuir a una recuperación más integral.
Durante la charla, Lanusse destacó que “los perros no reemplazan a nadie, pero suman”. Su rol no es sustituir al equipo médico ni convertirse en protagonistas del tratamiento, sino actuar como puente emocional entre el cuerpo y la mente del paciente. Son facilitadores de bienestar, acompañantes discretos y constantes, cuya presencia transforma el clima hospitalario en un entorno más humano.
De hecho, quienes trabajan a diario en el programa destacan que la reacción de los niños frente a los perros es casi inmediata: sonrisas espontáneas, relajación corporal, apertura al diálogo y un cambio visible en la energía emocional de la habitación. Los padres también experimentan alivio, al ver cómo la carga de la enfermedad se suaviza aunque sea por unos minutos.
La responsabilidad de cuidar también a quienes cuidan
La intervención de perros en espacios hospitalarios exige un compromiso inquebrantable con su bienestar. Esto incluye garantizar que cada animal esté saludable, descansado, emocionalmente estable y capaz de desempeñar su rol sin experimentar estrés. Lanusse subrayó la importancia del trabajo en conjunto con veterinarios, etólogos, médicos y enfermeros, quienes coordinan cada sesión para asegurar que los animales reciban la misma protección que los pacientes.
Este enfoque ético y cuidadoso es una de las razones por las cuales el proyecto se ha convertido en un referente provincial. El equilibrio entre la calidez emocional del vínculo humano-animal y la rigurosidad de los estándares sanitarios ha permitido demostrar que la presencia de perros dentro del hospital es no solo viable, sino extremadamente beneficiosa.
Historias que conmueven y construyen comunidad
La presentación en FLAMA 2025 finalizó con un momento especial: la aparición de Olaf y Simona, dos perros protagonistas del programa. Su llegada fue recibida con entusiasmo y emoción por parte del público, quienes pudieron observar en tiempo real aquello que Guerrero y Lanusse habían descrito durante la charla: la capacidad natural de estos animales para generar conexión y empatía sin esfuerzo.
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En cada intervención hay una historia distinta. Hay niños que vuelven a sonreír tras días de dolor, familias que encuentran consuelo en la compañía canina y equipos médicos que descubren en estas interacciones una nueva forma de abordar el cuidado integral.
Sanar también es un acto emocional
Al cierre de la presentación, Guerrero compartió una reflexión que resume la filosofía del proyecto: “Sanar no siempre empieza en un medicamento. A veces comienza en un gesto, en una caricia o en una cola que se mueve”. En esa frase se sintetiza el espíritu de una propuesta que entiende la salud como una experiencia completa, donde el bienestar emocional tiene un papel tan relevante como el tratamiento clínico.
La Terapia Asistida con Animales demuestra que las ciencias de la salud avanzan no solo con tecnología, sino también con humanidad. En este hospital, la medicina se combina con la afectividad, y los perros se convierten en aliados terapéuticos que recuerdan que la ternura también cura.
Fuente: El diario de Tandil


