Montevideo actualiza las reglas para dueños de perros en 2025
Tener una mascota, especialmente un perro, implica no solo afecto, compañía y responsabilidad, sino también cumplir con un marco legal que regula cómo debe ser su presencia en espacios públicos y privados. En Montevideo, la normativa vigente —y actualizada para 2025— marca con claridad los derechos y obligaciones de los tenedores de perros, con el objetivo de garantizar la convivencia, la seguridad y el bienestar animal. A continuación, revisamos los principales puntos que todo propietario debe conocer, y analizamos su impacto y retos.
Qué se permite: espacios, horarios y libertad controlada
En la capital uruguaya, los perros pueden circular en espacios públicos siempre que el responsable del animal cumpla ciertas condiciones. Por ejemplo, el uso de collar y correa es una regla general, salvo en horarios y espacios permitidos para circulación sin correa. En particular, entre el 1 de octubre y el 30 de abril, los perros pueden transitar sin correa de 00 h a 06 h; y entre el 1 de mayo y el 30 de septiembre, esa libertad se extiende entre las 22 h y las 08 h del día siguiente. Estos horarios permiten mayor flexibilidad en horas de baja concurrencia, lo cual facilita el paseo tranquilo del animal sin tanto tránsito humano.
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También se permite que los dueños retiren los desechos de su perro en espacios públicos: es una obligación que debe cumplirse sin excepción. Este tipo de medidas permite compatibilizar la tenencia responsable con la calidad de los espacios comunes.
Qué se prohíbe: zonas infantiles, playas, adiestramientos y más
Por otro lado, la normativa establece prohibiciones destinadas a proteger ciertos espacios o situaciones de riesgo. Está prohibido el ingreso de perros en zonas destinadas exclusivamente a juegos infantiles en plazas y parques. Asimismo, durante la temporada de baño en playas habilitadas del Departamento, los perros no pueden permanecer en esos lugares, salvo que la propia intendencia autorice lo contrario fuera de temporada.
También está vetado adiestrar perros en espacios públicos no habilitados para ese fin, lo que apunta a evitar molestias u ocupación indebida de áreas comunes. Quienes incumplan estos términos están expuestos a multas, que pueden variar en función del tipo de infracción (por ejemplo, ingresar sin correa fuera del horario autorizado o no recoger los desechos del perro).
Perros “potencialmente peligrosos”: reglas más estrictas
Un capítulo aparte corresponde a los perros considerados “potencialmente peligrosos”. La normativa local refiere a clasificaciones de razas o perros con antecedentes de agresividad, y exige siempre el uso de bozal, además del collar y correa, cuando circulan en espacios públicos. El responsable debe tener capacidad física y mental para garantizar el dominio del animal. En estos casos, las sanciones por incumplimiento son superiores: por ejemplo, un perro peligroso sin bozal o sin control puede acarrear una multa considerable en unidades reajustables.
Además, la comuna debe delimitar áreas expresamente habilitadas para la circulación sin correa, pero incluso allí el uso del bozal puede seguir siendo obligatorio para perros de estas características especiales.
Análisis de impacto: ¿por qué estas regulaciones?
Estas medidas no son simplemente normativismo por normativismo. Reflejan varias prioridades: primero, la convivencia urbana: el gran crecimiento de la tenencia de perros, especialmente en ciudades, plantea desafíos en cuanto a limpieza, uso de espacios públicos y seguridad. Segundo, el bienestar animal: al exigir que los perros estén controlados, identificados y bajo responsabilidad, se busca prevenir situaciones de maltrato, abandono o riesgo.
La libertad horaria para pasear sin correa en ciertos momentos responde también a una visión de responsabilidad: permitir al perro ejercitarse con menor interferencia humana, pero siempre bajo supervisión del dueño. Por último, la diferenciación de normas para perros peligrosos responde a la necesidad de ajustar los controles cuando existe mayor riesgo, tanto para personas como para otros animales.
A pesar de la claridad normativa, hay varios desafíos prácticos que los dueños y la autoridad deben afrontar. Uno de ellos es la educación ciudadana: muchos propietarios desconocen los horarios permitidos, las zonas que sí o no admiten perros, o las obligaciones precisas como recoger excrementos. Sin un componente educativo fuerte, la normativa puede quedarse en letra muerta.
Otro reto es la inspección y fiscalización: las normas prevén multas, pero su eficacia depende de que haya controles efectivos, que muchas veces requieren recursos municipales que no siempre están disponibles. Por último, hay una tensión entre libertad y control: permitir paseos sin correa es un avance hacia la tenencia responsable, pero exige que el dueño tenga control absoluto del animal. De no ser así, podría generar conflictos o accidentes.
La normativa nacional y su interacción local
La regulación departamental se inserta dentro de un marco más amplio de protección animal a nivel nacional. Por ejemplo, la ley nacional de protección de animales establece principios generales de bienestar que deben cumplirse; la normativa local de Montevideo define cómo se aplican en el contexto urbano. Esto significa que algunas obligaciones —por ejemplo, vacunación, identificación o registro— pueden provenir del nivel nacional y deben sumarse a las disposiciones municipales.
Además, se espera que en los próximos años se aprueben regulaciones más específicas, tanto para la tenencia de perros considerados peligrosos como para otros aspectos de la convivencia animal, lo cual puede acentuar la exigencia para los propietarios: registro más estricto, seguro de responsabilidad civil, cursos de tenencia responsable, etc. Este escenario obliga a los dueños a mantenerse informados, ya que la no adecuación al cambio normativo puede implicar sanciones.
Consejos para dueños en Montevideo: buenas prácticas y cumplimiento
Para quienes tienen un perro en Montevideo en 2025, conviene tener presente los siguientes pasos:
Verificar que el perro esté identificado, vacunado y con las condiciones sanitarias exigidas por la ley nacional.
Respetar los horarios de paseo sin correa: si es entre 00 h – 06 h (octubre–abril) o 22 h – 08 h (mayo–septiembre), aprovechar ese tramo, pero asegurarse de que el perro responde al control.
En espacios públicos, llevar correa y bozal cuando corresponda; evitar ingresar a zonas infantiles ni llevar al animal a playas en temporada sin autorización.
Recoger siempre los excrementos del perro: una de las obligaciones más básicas pero también más visibles para la convivencia.
Si el perro pertenece a una raza considerada peligrosa, asegurarse de conocer sus obligaciones adicionales (bozal permanente, supervisión, registro).
Participar en campañas de educación y concientización: ser dueño responsable además de cumplir la ley mejora la imagen del colectivo de dueños de mascotas y facilita la convivencia.
Mirando hacia adelante: ¿Qué se espera en 2025 y más allá?
Se observa una clara tendencia de política pública a reforzar la tenencia responsable de animales de compañía. En Montevideo, la normativa vigente de 2025 ya recoge muchas buenas prácticas, pero es probable que se amplíe a regulaciones más estrictas en registro, responsabilidad civil, formación de dueños y control de razas peligrosas. Esto implicará que los propietarios anticipen cambios, adapten sus hábitos y se conviertan en promotores de bienestar animal y convivencia urbana.
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Para la ciudad, el reto será equilibrar libertad para los animales y sus dueños con control suficiente para evitar molestias, accidentes o falta de higiene en el espacio público. La normativa es una herramienta clave, pero su éxito dependerá tanto de la autoridad municipal como de la conducta ciudadana.


