Mascotas de apoyo emocional enfrentan nuevos desafíos entre beneficios terapéuticos y regulación internacional
En los últimos años, las mascotas de apoyo emocional han ganado una presencia cada vez mayor en la vida cotidiana. Es frecuente encontrarlas en aeropuertos, centros comerciales, hoteles e incluso en algunos lugares de trabajo, reflejando un cambio en la forma en que la sociedad entiende la relación entre los animales y el bienestar de las personas. Sin embargo, este crecimiento también ha abierto un debate sobre los límites entre una necesidad terapéutica real y el uso inadecuado de una figura que, en muchos países, todavía carece de una regulación clara.
Diversos especialistas coinciden en que el vínculo entre las personas y los animales puede aportar beneficios psicológicos importantes cuando forma parte de un tratamiento supervisado por profesionales de la salud mental. No obstante, también advierten que la popularidad de las mascotas de apoyo emocional ha favorecido la aparición de certificaciones poco rigurosas y de situaciones en las que este concepto se utiliza para evitar restricciones en espacios públicos o medios de transporte.
La interacción con animales de compañía ha sido objeto de numerosas investigaciones en las últimas décadas. Estudios han mostrado que el contacto con perros, gatos y otros animales puede contribuir a disminuir el estrés, favorecer la relajación y reducir la sensación de aislamiento en determinadas personas.
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En el ámbito clínico, la Terapia Asistida con Animales constituye una intervención estructurada en la que perros, caballos u otras especies participan como parte de un programa diseñado por profesionales de la salud. Estas intervenciones tienen objetivos específicos y se desarrollan bajo protocolos que buscan mejorar aspectos emocionales, cognitivos o sociales de los pacientes.
En cambio, una mascota de apoyo emocional cumple una función distinta. Su principal aporte proviene del vínculo afectivo que mantiene con la persona y de la compañía que brinda en situaciones de ansiedad, depresión, estrés postraumático u otras condiciones que deben ser evaluadas por un profesional competente.
No todas las necesidades son iguales
Uno de los aspectos más importantes que destacan los especialistas es que la elección del animal no debería responder únicamente a preferencias personales.
En algunos casos, los perros pueden favorecer la creación de rutinas diarias gracias a la necesidad de realizar paseos y actividad física, mientras que los gatos suelen adaptarse mejor a personas que buscan compañía en ambientes tranquilos. Otras especies pequeñas también pueden cumplir un papel positivo dependiendo del contexto y de las características del paciente.
Sin embargo, los expertos subrayan que no existe una especie universalmente adecuada para todas las personas. La recomendación debe considerar el diagnóstico clínico, el entorno familiar y la capacidad del propietario para garantizar el bienestar del animal.
El problema de las certificaciones
El crecimiento de la demanda ha favorecido la aparición de plataformas digitales que ofrecen certificados de apoyo emocional mediante procesos rápidos y, en algunos casos, sin una evaluación clínica completa.
Esta situación ha generado preocupación entre psicólogos, veterinarios y organizaciones especializadas, ya que el uso indiscriminado de estas acreditaciones puede afectar la credibilidad de quienes realmente necesitan este tipo de acompañamiento.
Además, algunos usuarios intentan utilizar estos certificados para acceder a lugares donde normalmente no se permiten mascotas, generando conflictos con empresas de transporte, establecimientos comerciales y administradores de edificios.
Como respuesta, varias aerolíneas y organismos internacionales han endurecido sus políticas en los últimos años, diferenciando con mayor claridad a los animales de servicio, que reciben entrenamiento especializado para asistir a personas con discapacidad, de las mascotas de apoyo emocional.
El debate no solo involucra los derechos de las personas, sino también la protección de los propios animales.
Especialistas en comportamiento animal advierten que exponer a una mascota a ambientes con grandes multitudes, ruidos intensos o viajes frecuentes puede generar estrés si el animal no está preparado para afrontar esas situaciones.
Por ello, cada vez cobra mayor importancia evaluar también las condiciones físicas y emocionales del animal antes de incorporarlo a actividades relacionadas con el apoyo terapéutico.
Garantizar su bienestar resulta esencial para que el vínculo beneficie tanto a la persona como a la mascota.
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El crecimiento de esta modalidad de acompañamiento plantea la necesidad de establecer marcos regulatorios más precisos que definan quiénes pueden emitir certificaciones, cuáles son los criterios clínicos necesarios y qué derechos y responsabilidades corresponden a los propietarios.
Una normativa clara permitiría proteger a quienes realmente requieren este apoyo por indicación profesional y, al mismo tiempo, reducir el uso inadecuado de una figura concebida originalmente para mejorar la calidad de vida de personas con necesidades específicas.
La evidencia científica continúa respaldando el valor que puede tener el vínculo entre humanos y animales dentro de determinados tratamientos. Sin embargo, especialistas coinciden en que el verdadero desafío consiste en encontrar un equilibrio entre el reconocimiento de sus beneficios terapéuticos y la implementación de reglas que garanticen tanto la seguridad pública como el bienestar de los animales. En un contexto donde la salud mental adquiere cada vez mayor relevancia, fortalecer la regulación y promover un uso responsable de las mascotas de apoyo emocional permitirá preservar la credibilidad de una herramienta que, utilizada adecuadamente, puede representar un importante complemento para el bienestar de muchas personas.
Fuente: Esfera noticias

