El aumento de los costes veterinarios en Europa agrava el abandono animal
En la última década, el cuidado de los animales de compañía en Europa ha entrado en una encrucijada. Por un lado, los hogares europeos conviven cada vez más con perros, gatos, aves y otros animales, lo que refleja un cambio cultural profundo en la relación entre humanos y mascotas. Por otro, el encarecimiento de los servicios veterinarios amenaza la capacidad de las familias para sostener este vínculo, incrementando los casos de abandono y saturando los refugios.
Según datos de Eurostat, los costes veterinarios en la Unión Europea se han disparado más de un 30% desde 2015, superando la inflación general del continente, que en ese mismo periodo fue del 30%. En algunos países, como Hungría o Polonia, el aumento supera con creces estas cifras, generando un problema que ya no solo es económico, sino también social y ético.
Un incremento por encima de la inflación
El índice armonizado de precios al consumo (IPCA) muestra que los servicios veterinarios en la zona euro han subido un 30%, y en la UE en su conjunto casi un 37% desde 2015. Esto significa que llevar una mascota al veterinario cuesta hoy un tercio más que hace una década.
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Para millones de familias, especialmente en contextos de inflación generalizada y aumento del coste de la vida, este encarecimiento convierte el cuidado responsable en una carga difícil de asumir. El dilema es evidente: mantener la salud del animal con atención adecuada o enfrentarse a gastos que superan la capacidad económica del hogar.
Europa central y oriental, las más golpeadas
El problema no afecta a todos los países con la misma intensidad. En Hungría, el precio de los servicios veterinarios aumentó un 116%, mientras que en Polonia el incremento fue del 85%. Otras naciones como Eslovaquia (84%) y Bulgaria (64%) también han visto crecer sus costes muy por encima del promedio europeo.
Estas cifras coinciden con un fenómeno de fondo: durante la pandemia, el número de mascotas en los hogares europeos creció de manera acelerada. Según la Federación Europea de la Industria del Animal de Compañía (FEDIAF), 139 millones de hogares europeos (49%) conviven con un animal. En el Reino Unido, por ejemplo, se registran 11,7 millones de perros, mientras que Alemania y España cuentan con 10,5 y 9,5 millones respectivamente. En cuanto a los gatos, Alemania lidera con 15,7 millones, seguida de Francia con 14,9 millones.
El aumento de la demanda de servicios, sumado a la limitada oferta de profesionales y al avance de corporaciones del sector, contribuye a explicar este encarecimiento.
La corporativización de la veterinaria
Un aspecto clave para entender esta dinámica es la llamada “corporativización de la atención veterinaria”, analizada en un estudio publicado en Veterinary Sciences (2024). Según la investigación, el 16% de los veterinarios europeos ya trabaja en clínicas de propiedad corporativa, mientras que el 51% lo hace en centros independientes.
El cambio es particularmente notorio entre los profesionales jóvenes: el 43% de los menores de 35 años y el 57% de los menores de 40 ya forman parte de empresas o cadenas corporativas.
Este fenómeno, aunque aporta ventajas como economías de escala, recursos tecnológicos y planes de carrera, también genera riesgos. La reducción de la autonomía profesional, la concentración del mercado y la tendencia a precios más altos despiertan preocupación en reguladores como la Autoridad de Competencia y Mercados del Reino Unido, que ya vigila de cerca el impacto de estas prácticas.
En paralelo, la industria de la alimentación para mascotas también muestra signos de concentración, lo que aumenta la dependencia de los consumidores de grandes multinacionales y reduce la competencia.
El abandono, una consecuencia dramática
La combinación de mayor número de mascotas y costes crecientes en su cuidado ha llevado a un aumento en el abandono animal. Los refugios europeos reportan situaciones críticas de saturación.
En Alemania, una encuesta de la Federación Alemana de Bienestar Animal reveló que el 69% de los refugios trabajan al límite de su capacidad, el 49% están directamente saturados y solo un 18% cuentan con espacio suficiente para nuevos ingresos.
El presidente de la organización, Thomas Schroeder, advirtió que los refugios están desbordados y no pueden recibir a todos los animales que necesitan ayuda. La situación, en gran parte, se explica por el auge de las adopciones durante la pandemia: muchas personas adquirieron mascotas para combatir la soledad, pero tras el retorno a la normalidad y ante las dificultades económicas, ahora buscan desprenderse de ellas.
En España, los datos son aún más alarmantes: se estima que en 2024 fueron abandonados unos 300.000 perros, a pesar de la normativa de identificación y esterilización obligatoria. En Francia, la cifra anual oscila entre 100.000 y 200.000 abandonos, lo que coloca al país entre los de mayor incidencia en la región.
Si bien el aumento de precios veterinarios es un detonante evidente, el abandono de mascotas refleja también una falta de políticas públicas consistentes en materia de bienestar animal. La ausencia de subsidios o planes de cobertura veterinaria asequibles deja a las familias en una situación vulnerable, donde la mascota pasa a ser vista como un gasto insostenible.
En países donde los servicios veterinarios están menos regulados, el acceso a la salud animal depende exclusivamente de la capacidad de pago de los dueños. Esto no solo genera desigualdad, sino que plantea un dilema ético: ¿deben los cuidados médicos básicos de los animales depender únicamente del mercado?
Propuestas y alternativas
Para enfrentar esta crisis, expertos en bienestar animal plantean varias alternativas:
Programas públicos de apoyo veterinario, especialmente para hogares de bajos ingresos.
Seguros de salud para mascotas más accesibles y transparentes.
Incentivos a clínicas independientes para fomentar la competencia y evitar monopolios.
Campañas educativas sobre la tenencia responsable y la importancia de la prevención médica.
Además, algunas organizaciones proponen la creación de fondos de emergencia para refugios, de manera que puedan sostener el aumento de ingresos de animales abandonados y ofrecer mayores posibilidades de adopción responsable.
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El encarecimiento de los servicios veterinarios en Europa no es un problema aislado, sino el reflejo de un sector en transformación. La consolidación de corporaciones, el auge de la pet economy y los efectos sociales de la pandemia se combinan para poner en jaque la estabilidad del vínculo humano-animal.
Mientras tanto, los refugios colapsan, los abandonos aumentan y millones de familias enfrentan la contradicción entre el amor hacia sus mascotas y las dificultades económicas para sostener su cuidado.
De cara al futuro, será clave que gobiernos, profesionales y sociedad civil trabajen de manera conjunta en soluciones que garanticen el acceso universal a la atención veterinaria, al tiempo que se promueve la tenencia responsable. De lo contrario, el riesgo es claro: un retroceso en el bienestar animal que contradice los avances culturales de las últimas décadas.

