Comerciantes expresan inconformidad por cierre de negocios considerados no esenciales
Durante los meses más críticos de la pandemia de Covid-19, diversas medidas sanitarias implementadas por las autoridades locales generaron un fuerte impacto en el comercio, especialmente en pequeños negocios que fueron catalogados como “no esenciales”. En este contexto, surgieron múltiples inconformidades entre los comerciantes, quienes consideraron que algunas disposiciones no fueron aplicadas con criterios equitativos ni con la suficiente anticipación para mitigar sus consecuencias económicas.
Uno de los casos que más debate generó fue el de los establecimientos dedicados a la venta de alimento para mascotas, los cuales, pese a ser considerados por muchos ciudadanos como de primera necesidad, recibieron la orden de cerrar temporalmente sus puertas. Esta medida dejó en evidencia la complejidad de definir qué rubros eran esenciales para la población, así como las dificultades para mantener el equilibrio entre la salud pública y la supervivencia económica de los pequeños empresarios.
UN CIERRE INESPERADO QUE AFECTÓ A COMERCIANTES Y CONSUMIDORES
En la calle Tenixtepec, uno de estos negocios se vio obligado a suspender operaciones por instrucciones del personal de Fiscalización. Según los dueños del local, la orden fue inmediata y sin previo aviso, lo que les impidió comunicar a sus clientes el cierre o implementar alternativas de venta que les permitieran sostener parte de sus ingresos.
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Los comerciantes explicaron que, aunque comprendían la necesidad de reducir la movilidad para frenar los contagios, no compartían el criterio con el que se definieron los giros esenciales. Argumentaron que, al igual que los supermercados o farmacias, los locales de alimento para mascotas brindan un servicio necesario, ya que millones de familias dependen de ellos para alimentar a sus animales de compañía.
“Nos dijeron que debíamos cerrar de inmediato o de lo contrario podrían clausurarnos. No tuvimos oportunidad de avisar a nuestros clientes ni de organizar entregas. Es injusto, porque los animales también necesitan comer y su bienestar depende de nosotros”, expresó uno de los comerciantes afectados.
DISCREPANCIAS EN LA APLICACIÓN DE LAS MEDIDAS
Uno de los principales reclamos de los pequeños empresarios fue la falta de uniformidad en la aplicación de las restricciones. Mientras algunos locales eran obligados a cerrar, otros, considerados por muchos como de menor necesidad, podían continuar operando. Comerciantes señalaron, por ejemplo, que lavanderías, tiendas de conveniencia y ciertos talleres permanecieron abiertos, lo que generó confusión y sensación de desigualdad.
Estas diferencias en la implementación de las medidas hicieron que muchos comerciantes se sintieran desprotegidos. Además, la falta de claridad sobre los criterios de clasificación provocó incertidumbre en los barrios, donde algunos negocios permanecían abiertos y otros, en circunstancias similares, eran cerrados.
“Lo que pedimos no es incumplir las normas sanitarias, sino que exista una lógica equitativa. Si se trata de proteger la salud, entonces todos debemos tener las mismas reglas y recibir la información con anticipación para planear”, señalaron representantes del sector.
PÉRDIDAS ECONÓMICAS Y DIFICULTADES PARA SOBREVIVIR
El impacto económico del cierre fue inmediato. Los negocios de productos para mascotas, que en su mayoría son microempresas familiares, dependen de ventas diarias o semanales para mantenerse a flote. Sin clientes y sin posibilidad de operar, los ingresos cayeron abruptamente, y en algunos casos se perdieron productos perecederos o alimentos que caducaron antes de ser vendidos.
A ello se sumó la imposibilidad de pagar alquileres, servicios y sueldos. Muchos comerciantes no contaban con reservas económicas ni acceso rápido a créditos, lo que llevó a algunos a cerrar definitivamente sus locales. El golpe fue particularmente duro para quienes recién habían iniciado sus negocios poco antes de la pandemia, apostando por un mercado en crecimiento como el de los productos para animales de compañía.
De acuerdo con asociaciones de pequeños comerciantes, más del 30 % de los locales de venta de alimento para mascotas en algunas regiones tuvieron que cerrar de forma definitiva durante los primeros meses de restricciones sanitarias. Aunque el sector de productos para animales mostró una recuperación posterior gracias al auge del comercio electrónico, la crisis dejó un precedente sobre la fragilidad del comercio local frente a decisiones administrativas repentinas.
El debate sobre si los locales de alimento para mascotas debían considerarse esenciales reflejó también un cambio cultural. En los últimos años, los animales de compañía se han convertido en miembros importantes de las familias y su bienestar forma parte del bienestar humano. Durante el confinamiento, muchas personas encontraron en sus mascotas un apoyo emocional fundamental, lo que reforzó la idea de que garantizar su alimentación y cuidado debía ser una prioridad incluso en tiempos de crisis.
Los expertos en bienestar animal sostienen que interrumpir el suministro de alimento o atención veterinaria puede tener consecuencias negativas tanto para los animales como para la comunidad. Las mascotas sin alimento o cuidados pueden desarrollar problemas de salud o ser abandonadas, lo que aumenta el riesgo de animales callejeros y genera un problema de salud pública.
FALTA DE COMUNICACIÓN ENTRE AUTORIDADES Y COMERCIANTES
Otro punto crítico señalado por los afectados fue la falta de comunicación por parte de las autoridades de fiscalización. Según los comerciantes, las órdenes de cierre llegaron sin previo aviso, impidiendo que pudieran desarrollar estrategias alternativas, como ventas a puerta cerrada, entregas a domicilio o pedidos telefónicos.
“Si nos hubieran avisado con unos días de anticipación, habríamos podido organizar pedidos y entregas para que los clientes no se quedaran sin alimento para sus mascotas. No pedíamos mantener el local abierto al público, sino la posibilidad de trabajar con medidas seguras”, explicó uno de los empresarios.
El reclamo común fue que la fiscalización debería actuar con planificación y empatía, especialmente en un contexto de emergencia sanitaria donde cada decisión afectaba directamente la economía familiar. Para muchos negocios, esos días de cierre significaron la pérdida de su única fuente de ingresos.
La experiencia de estos comerciantes deja varias lecciones. En primer lugar, la importancia de establecer protocolos claros y comunicarlos con anticipación, de modo que las empresas puedan adaptarse sin sufrir pérdidas irreparables. En segundo lugar, la necesidad de definir con criterios técnicos qué productos y servicios son realmente esenciales, considerando no solo su impacto económico sino también social y emocional.
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Por otro lado, el caso evidencia la urgencia de fortalecer el comercio digital y las ventas alternativas. Aquellos negocios que pudieron migrar a canales en línea o implementar sistemas de entrega sobrevivieron con mayor facilidad. Esta adaptación no solo permitió continuar operando durante las restricciones, sino que transformó la forma en que muchos consumidores adquieren productos para sus mascotas.
La pandemia dejó en claro que las decisiones gubernamentales deben equilibrar la salud pública con la sostenibilidad económica. Los comerciantes de alimento para mascotas no buscaban evadir las normas, sino que pedían ser escuchados y considerados parte de los servicios esenciales que ayudan a mantener el bienestar general.
En futuras emergencias, las autoridades podrían apoyarse en mesas de diálogo con representantes de distintos sectores comerciales para diseñar medidas más justas y efectivas. La comunicación y la empatía serán claves para evitar que situaciones como esta vuelvan a poner en riesgo la estabilidad de miles de familias que viven del comercio local.


