Cinco décadas cultivando naturaleza, tradición y futuro en Sopela
Cuando se habla de longevidad empresarial, pocas historias reflejan mejor la combinación de visión, trabajo familiar y adaptación al cambio como la del Garden Center de Sopela. Este emblemático espacio de jardinería y bienestar animal no solo ha cumplido 50 años de actividad, sino que ha logrado posicionarse como un referente en Bizkaia y Euskadi. Y todo comenzó en 1975, cuando Vicente Martínez y Josefa Marañón decidieron transformar su pasión por las plantas en un proyecto con alma y raíces profundas.
Un legado que florece desde hace más de un siglo
Aunque el Garden Center como tal nació en los años setenta, el verdadero germen de esta historia se remonta a principios del siglo XX. Fue entonces cuando el bisabuelo de los actuales responsables, Vicente Martínez de Salazar Setién, comenzó su trayectoria como jardinero en Getxo. Formado en Francia, su dedicación a la producción de semillas, bulbos y la creación de jardines marcó el punto de partida de una tradición que no ha parado de crecer.
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La actividad familiar pasó a la siguiente generación con la apertura de una floristería en Neguri en 1964, y con ella, la diversificación hacia la decoración floral para eventos. Esta línea fue el preámbulo perfecto para el gran salto que daría la familia a mediados de los setenta: abrir un centro de jardinería inspirado en modelos europeos y estadounidenses que apenas existían en España en aquel momento.
Corría el año 1973 cuando Vicente y Josefa, tras varios viajes y experiencias internacionales, decidieron instalar en Sopela un centro de jardinería pionero. Con la ayuda de un vecino que les prestó 30.000 pesetas, eligieron unos terrenos en la calle Gatzarriñe, a los pies de las peñas de Santa Marina. Allí, bajo un entorno natural incomparable, se levantó la estructura de lo que con los años se convertiría en un negocio familiar de referencia.
Ese primer día, lo recuerdan bien sus hijos Vicente y Gonzalo: se vendió un ciclamen. Un inicio modesto, pero cargado de simbolismo. Porque en esa venta inicial ya estaba contenida toda la filosofía de lo que vendría: cercanía, calidad, y un trato personalizado que sigue siendo el sello de identidad del centro.
A principios de los años noventa, la cuarta generación de la familia —Vicente y Gonzalo— tomó las riendas del negocio. Fue una etapa marcada por la modernización y la expansión. No solo reforzaron el centro original, sino que lo acompañaron de un vivero de producción de más de 50 hectáreas en la ladera del monte, lo que les permitió abastecer de forma sostenible su propia oferta de plantas.
Otro de los hitos destacados fue la apertura de una tienda de mascotas integrada en el Garden Center, la primera de estas características en todo el país. Esto marcó un cambio en el paradigma de este tipo de negocios, ampliando la experiencia del cliente y reforzando la oferta bajo un mismo techo.
Hoy en día, el centro cuenta con más de 15.000 productos: desde plantas de interior y exterior, herramientas de jardinería, fertilizantes, sistemas de riego y decoración de jardines, hasta artículos para el cuidado y la alimentación de animales de compañía. Además, tienen una de las ofertas más completas del país en acuariofilia.
Adaptándose a las tendencias sin perder la esencia
Una de las claves del éxito de Garden Center ha sido su capacidad de evolución constante. Conscientes de las nuevas demandas del mercado, los hermanos Martínez han sabido incorporar productos y servicios según las preferencias del cliente. Actualmente, por ejemplo, se observa un fuerte interés por las plantas exóticas, las carnívoras y aquellas de fácil mantenimiento, muy en línea con el estilo de vida urbano contemporáneo.
En esa misma línea de adaptación e innovación, fueron pioneros en Euskadi en introducir decoraciones navideñas originales como los «Olentzeros para balcones», convirtiendo una tradición local en un objeto de deseo para los amantes de la decoración.
Más allá de la venta: diseño, asesoramiento y eventos
Garden Center no se limita a la venta de productos. El asesoramiento personalizado es una parte esencial de su propuesta de valor. Tanto si se trata de montar un pequeño jardín en un balcón como de diseñar una terraza completa o un gran espacio verde, el equipo ofrece soluciones creativas y funcionales, adaptadas a cada necesidad.
Además, han logrado un destacado reconocimiento en el mundo de la decoración floral para eventos. Un ejemplo emblemático de este trabajo fue la participación de Mar Izquierdo, esposa de Gonzalo y experta florista, en la confección floral de la boda real entre Felipe de Borbón y Letizia Ortiz. Este tipo de colaboraciones subraya el prestigio del negocio y su capacidad de operar con altos estándares de calidad.
A lo largo de estos 50 años, la familia Martínez no ha dejado de formarse ni de viajar para conocer las últimas tendencias en horticultura, jardinería y diseño paisajístico. Las visitas a ferias internacionales, exposiciones y centros de producción forman parte de su rutina anual y les permiten mantener al día tanto la oferta de productos como las técnicas y tecnologías utilizadas.
Esa mirada global, combinada con el profundo conocimiento del cliente local, les ha permitido anticiparse a las modas y responder con propuestas que mezclan estilo, funcionalidad y sostenibilidad.
La historia del Garden Center de Sopela es también la historia de una familia que ha sabido convertir su pasión en un proyecto empresarial duradero. En un entorno donde muchas empresas no superan la barrera de los cinco años, este negocio no solo ha sobrevivido, sino que ha prosperado durante medio siglo, demostrando que con visión, dedicación y una firme apuesta por la calidad, es posible construir un legado sólido.
Hoy, mientras celebran estos 50 años de trayectoria, el Garden Center no se duerme en los laureles. Sus actuales gestores siguen trabajando con la vista puesta en el futuro, desarrollando nuevas líneas de negocio y explorando la digitalización como vía para conectar con una nueva generación de clientes.
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El Garden Center de Sopela es mucho más que un comercio de plantas o una tienda de animales. Es un espacio vivo que ha sabido evolucionar con el tiempo, manteniendo siempre sus raíces familiares y una fuerte conexión con la comunidad. Es una historia de éxito local con proyección global, que demuestra cómo la tradición puede convivir perfectamente con la innovación.
Y mientras nuevos clientes llegan cada día a descubrir este rincón verde de Bizkaia, las generaciones más jóvenes de la familia ya se preparan para tomar el relevo y asegurar que este jardín siga floreciendo por muchas décadas más.


