El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha firmado dos órdenes ejecutivas que modifican la política arancelaria aplicada a la industria automotriz, estas medidas buscan evitar la acumulación de gravámenes y establecer incentivos para los fabricantes, con el objetivo de fomentar la producción de vehículos en territorio nacional y reducir la dependencia de las importaciones.
La primera proclamación introduce un programa de compensación dirigido a las compañías que realicen el ensamblaje final de sus unidades en plantas ubicadas en Estados Unidos, desde ahora y hasta abril de 2026, las automotrices elegibles podrán recibir un reembolso del 15% sobre el arancel del 25% aplicado a las autopartes. En el segundo año de implementación, el beneficio se reducirá al 10%.
Bajo este esquema, los vehículos que cumplan con los lineamientos del T-MEC podrían quedar exentos del pago de aranceles, al menos hasta el próximo año. Esto representa una ventaja para los fabricantes que operan en la región, permitiéndoles mantener costos competitivos frente a las restricciones comerciales.
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Las automotrices han recibido la noticia con opiniones divididas. Mientras algunas ven la flexibilización como una oportunidad para fortalecer la producción nacional, otras consideran que la medida no es suficiente para contrarrestar los efectos de la guerra arancelaria que ha afectado al sector en los últimos años.
Uno de los principales retos que enfrenta la industria automotriz en EE.UU. es la falta de fuerza laboral especializada. Muchas plantas han tenido dificultades para contratar personal debido a las condiciones exigentes del trabajo en líneas de ensamblaje, lo que podría limitar el impacto positivo de las nuevas medidas.
A pesar de los incentivos, la industria automotriz estadounidense sigue enfrentando una fuerte competencia de fabricantes extranjeros, especialmente de China y Europa. La reducción de aranceles podría ayudar a equilibrar el mercado, pero no garantiza una recuperación total para las empresas locales.
Ordenes ejecutivas
La flexibilización de los aranceles forma parte de una estrategia más amplia de Trump para repatriar la producción automotriz y fortalecer la cadena de valor doméstica. Sin embargo, expertos advierten que la medida no soluciona los problemas estructurales del sector, como la falta de inversión en electrificación y tecnología avanzada.
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Las modificaciones en la política arancelaria podrían generar nuevas tensiones comerciales con socios internacionales. México y Canadá, principales exportadores de autopartes hacia EE.UU., han mostrado interés en evaluar cómo estas medidas afectarán sus industrias y acuerdos comerciales.
Si bien la flexibilización de los aranceles representa un alivio para la industria automotriz estadounidense, su impacto a largo plazo dependerá de factores como la capacidad de producción nacional, la competencia global y la evolución de las relaciones comerciales con otros países. La estrategia de Trump busca fortalecer el sector, pero aún quedan desafíos por resolver.


