El mercado de los automóviles de colección experimenta un notable interés por aquellos modelos que consiguieron camuflar un rendimiento de altas prestaciones bajo una carrocería sumamente discreta, se trata de una fórmula de diseño que permite disfrutar de la potencia de un circuito de carreras sin llamar la atención de manera exagerada en las avenidas públicas.
Esta propuesta del conglomerado estadounidense representa uno de los mejores ejemplos de vehículos subestimados por los compradores tradicionales en el transcurso de la última década, logrando que su baja aceptación en los concesionarios durante su ciclo comercial original se transforme actualmente en una virtud muy cotizada para los amantes de la velocidad.
La introducción formal de esta berlina deportiva en el mercado norteamericano se llevó a cabo a mediados de la década pasada utilizando como base estructural la arquitectura de un reconocido modelo australiano con tracción en el eje trasero, el cual fue adaptado para satisfacer las normativas de seguridad de la región continental.
La gran sorpresa mecánica se localizaba de forma estratégica en el vano delantero del vehículo al incorporar un bloque motor atmosférico de ocho cilindros en configuración de uve y seis litros de capacidad cúbica, un elemento heredado de manera directa del coche deportivo más emblemático del grupo industrial.
Ver también: Porsche revela el Cayenne Coupé Eléctrico como su modelo más potente
La planta de poder de este modelo desarrollaba una fuerza total de cuatrocientos quince caballos de potencia para asegurar aceleraciones contundentes en distancias cortas. El sistema de transmisión de energía estuvo asociado durante los primeros años a una configuración mecánica automatizada de seis relaciones.
Con el paso del tiempo los ingenieros de la compañía automotriz ampliaron el abanico de opciones para los conductores más puristas al introducir una variante con caja de cambios manual. Esta combinación técnica le permitía al coche alcanzar los cien kilómetros por hora desde parado en una marca de tiempo cercana a los cuatro segundos.
El rendimiento dinámico del vehículo se complementaba con una configuración de chasis sumamente avanzada para su época de comercialización masiva. El diseño estructural lograba un reparto de pesos casi idéntico entre ambos ejes para favorecer el control en curvas cerradas.
Ver también: El regreso del Chevrolet Camaro con un cambio radical
La adopción de una suspensión inteligente con control magnético permitía que los amortiguadores leyeran las condiciones del asfalto de forma instantánea para ajustar su rigidez. Asimismo se integraban un sistema de frenado firmado por especialistas italianos y un diferencial de deslizamiento limitado.
A pesar de contar con este arsenal tecnológico digno de los mejores sedanes deportivos del continente europeo su apariencia exterior se mantuvo excesivamente sobria. Muchos compradores potenciales confundieron las líneas del coche con las de una berlina familiar económica de uso diario.
Esta falta de diferenciación visual frente a los modelos convencionales de la gama ordinaria terminó afectando gravemente los niveles de facturación anual en los centros de venta. La producción de la berlina finalizó de forma silenciosa tras unos pocos años en las líneas de ensamblaje industrial.
Hoy en día el panorama ha cambiado radicalmente al convertirse en una pieza de culto muy codiciada en los portales especializados de subastas digitales. Los entusiastas del motor valoran la exclusividad y la herencia del legendario propulsor que se oculta bajo su capó de acero.
FUENTE: YAHOO


