Valparaíso avanza en la formalización del comercio urbano con nuevos módulos en calle Uruguay
La ciudad de Valparaíso está dando un paso relevante en la reorganización del comercio de calle, un proceso que llevaba años pendiente y que hoy comienza a tomar forma concreta en la zona de calle Uruguay. Con la entrada en funcionamiento de 44 nuevos módulos comerciales, el municipio busca equilibrar dos necesidades históricas: la recuperación del espacio público y la integración laboral de quienes han trabajado por décadas en la informalidad. Este avance marca una etapa significativa en la relación entre el gobierno local y los vendedores, quienes ahora pueden ejercer su actividad económica con mejores condiciones, mayor seguridad y respaldo administrativo.
Un proyecto urbano para ordenar y humanizar el espacio público
Los nuevos módulos instalados cuentan con dimensiones estandarizadas —1,80 metros de frente por 1,50 metros de fondo— y están pensados para ofrecer un espacio adecuado para la venta de productos esenciales como frutas, verduras, abarrotes y artículos de limpieza. Su implementación no solo responde a la necesidad de ordenar el flujo peatonal y mejorar el uso de la vía pública, sino también a la creación de un entorno más seguro y limpio, tanto para comerciantes como para residentes y transeúntes.
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La decisión de avanzar en este proyecto forma parte de una estrategia más amplia impulsada por la alcaldía. La jefa comunal ha señalado que el propósito principal es “mantener el orden en la ciudad” a través de un enfoque que combine regulación, diálogo y reconocimiento del rol social de los vendedores tradicionales. En contraste con otras ciudades donde los intentos de ordenamiento han derivado en desalojos o conflictos, en Valparaíso se ha optado por un proceso gradual que integre la realidad económica de quienes trabajan en la calle.
Un enfoque de etapas: del ordenamiento a la integración
El municipio ha planteado este avance como parte de un proceso escalonado. La primera fase consistió en identificar a los vendedores históricos de la zona, regularizar su situación documental y diseñar un sistema de asignación de módulos basado en criterios sociales y laborales. La segunda etapa, actualmente en ejecución, incluye el mejoramiento del entorno, como la pintura del tradicional Mercado Cardonal con la colaboración de locatarios y vecinos, lo que busca revitalizar un espacio clave para el abastecimiento de la ciudad.
La tercera fase, ya en curso, se enfoca en integrar formalmente a un grupo de comerciantes mayores y residentes de Valparaíso que han trabajado por años en condiciones precarias. Esta etapa refleja una visión municipal que distingue entre comercio informal asociado al desorden y comerciantes de larga trayectoria que requieren apoyo estatal para continuar trabajando dignamente. De esta forma, el municipio apuesta a convertirlos en colaboradores del orden urbano, en lugar de tratarlos como un problema.
El mensaje de la autoridad es claro: se busca un ordenamiento con enfoque social, donde la fiscalización conviva con estrategias de acompañamiento y reconocimiento del aporte económico que estas actividades generan. La alcaldesa ha insistido en que no se trata de expulsar a quienes han dependido de este trabajo durante décadas, sino de reconstruir una convivencia equilibrada entre comercio y ciudad.
Testimonios que reflejan una transformación profunda
El proceso de formalización ha generado reacciones positivas entre los beneficiarios. Muchos de ellos vivieron años de incertidumbre laboral, desplazamientos constantes y temor a sanciones. Con la entrega de los módulos, por primera vez acceden a un espacio de trabajo seguro y reconocido oficialmente.
Un ejemplo emblemático es el de una vendedora que, tras tres décadas de actividad ambulante, obtuvo un módulo para vender hortalizas. Su relato refleja la dimensión emocional del cambio: sentir que ahora puede trabajar tranquila, sin correr, sin temor a ser desalojada. Este tipo de testimonios muestra cómo una política urbana bien diseñada puede incidir en la calidad de vida de personas que tradicionalmente han estado en los márgenes de la formalidad económica.
También destaca el respaldo del presidente del Mercado Cardonal, quien valoró la iniciativa como una señal positiva para la ciudad y como un avance necesario para ordenar la actividad comercial ambulante. Este apoyo desde el comercio establecido es importante, porque sugiere que el proceso no solo beneficia a los vendedores ambulantes, sino que también contribuye a reducir tensiones históricas entre comerciantes formales e informales.
Formalización con criterios transparentes y enfoque ciudadano
Uno de los elementos centrales del proyecto es que los permisos se otorgaron bajo criterios claros y verificables. Para ser seleccionados, los postulantes debieron presentar documentación que acreditara residencia en Valparaíso, historial de cotizaciones o pensión, antecedentes penales limpios y el tramo correspondiente en el Registro Social de Hogares. Esta exigencia no solo garantiza que los módulos se entreguen a residentes genuinos de la ciudad, sino que además asegura que el proceso mantenga un estándar de equidad.
La aplicación de estos filtros refuerza la apuesta municipal por fortalecer la identidad local y apoyar a quienes realmente dependen del comercio para sostenerse. Además, contribuye a despejar la percepción de favoritismos o discrecionalidad, algo que suele afectar este tipo de procesos en otros municipios del país.
La instalación de estos 44 módulos es un avance concreto, pero también marca el inicio de nuevos desafíos. En primer lugar, será necesario asegurar que el proceso de fiscalización se mantenga activo para evitar que el comercio informal reaparezca en zonas no autorizadas o que se generen nuevas dinámicas de desorden.
Además, el municipio tendrá que garantizar que los módulos se mantengan en buenas condiciones y que existan mecanismos de evaluación periódica sobre su funcionamiento. La sostenibilidad del proyecto dependerá de un trabajo coordinado entre comerciantes, autoridades y comunidad. De lo contrario, el avance podría diluirse ante problemas estructurales que afectan al centro de Valparaíso, como la congestión peatonal, la suciedad y la competencia desleal.
Otro desafío importante será replicar el modelo en otras áreas de la ciudad, especialmente en sectores con alta concentración de comercio ambulante. La alcaldesa ha señalado que esa es la próxima meta. Esto requiere planificación, recursos y un diagnóstico preciso sobre la densidad y tipo de comercio existente.
Un proceso que redefine la relación entre ciudad y comercio popular
Lo ocurrido en Valparaíso es una señal esperanzadora para muchas ciudades que enfrentan problemas similares. La informalidad laboral es un fenómeno estructural en Chile y en América Latina, y el comercio ambulante es una de sus expresiones más visibles. Sin embargo, expulsar o perseguir estas actividades rara vez resuelve el problema de fondo: la necesidad de generar ingresos en contextos donde las oportunidades formales son insuficientes.
El modelo porteño apuesta por una vía distinta: integrar, regular y acompañar. Este tipo de políticas contribuyen a revitalizar los centros urbanos, reducir la percepción de inseguridad y mejorar la convivencia ciudadana, al tiempo que ofrecen a los comerciantes una oportunidad real de desarrollo económico.
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La puesta en marcha de los módulos en calle Uruguay representa mucho más que una obra de infraestructura menor. Es una política pública con componente social, que reconoce derechos, formaliza actividades económicas y fortalece la identidad local. Valparaíso da un paso firme hacia una ciudad más ordenada, más humana y más inclusiva, donde los trabajadores informales pueden convertirse en aliados en lugar de adversarios.
Si la iniciativa se consolida y se replica en otros sectores, podría transformarse en un referente nacional sobre cómo gestionar el comercio ambulante con enfoque social, diálogo y planificación urbana inteligente.
Fuente: Cooperativa



