Según publica Supermarketnews
Los consumidores estadounidenses están adaptando sus estrategias de compra de alimentos ante un contexto económico marcado por la inflación y los cambios estacionales. Según una encuesta de la Asociación de la Industria Alimentaria (FMI) y The Hartman Group, presentada en el informe “Tendencias de los compradores de comestibles en Estados Unidos: regreso a la rutina”, se observa que los precios continúan siendo el principal factor que influye en las decisiones de compra. A pesar de las preocupaciones por la inflación, el 83% de los encuestados siente que tiene cierto control sobre sus gastos en comestibles, lo que sugiere una búsqueda activa de valor en el actual entorno de compra.
En términos de precios, los datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) indican que, en la primera mitad de 2024, la inflación en la mayoría de las categorías de alimentos se situó por debajo de los promedios históricos, lo que ha generado un optimismo renovado entre los consumidores. Para el año en curso, el USDA anticipa un aumento del precio de los alimentos a domicilio de solo un 1%, y una proyección aún más baja del 0,7% para el año 2025. A pesar de este alivio en la presión inflacionaria, el 79% de los compradores prioriza obtener «buenos precios» en sus compras, lo que resalta la importancia de las ofertas y la gestión consciente del presupuesto.
La encuesta también revela que, en promedio, los consumidores mantienen un gasto semanal en alimentos de aproximadamente 163 dólares, cifra que se ha mantenido estable durante los últimos 18 meses. Sin embargo, el 63% de los compradores confiesa que busca activamente ofertas y ajusta su elección de tiendas y marcas para optimizar sus gastos. Este comportamiento variado refleja una adaptación a circunstancias cambiantes y la necesidad de controlar costos en un ambiente económico incierto.
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Por último, los fenómenos meteorológicos extremos, como las olas de calor de este verano, han impactado los hábitos de compra, llevando a muchos hogares a aumentar sus presupuestos para alimentos. Estos cambios en el comportamiento reflejan una toma de decisiones más estratégica, donde los padres tienden a abastecerse de productos básicos en respuesta a condiciones climáticas adversas. Así, el panorama de compras se adapta continuamente para enfrentar los desafíos económicos y ambientales, con un enfoque claro en la búsqueda de valor y la flexibilidad en las decisiones de gasto.
