Uruguay proyecta primera planta de reciclaje químico de plásticos 2028
La gestión de residuos plásticos ha sido uno de los mayores desafíos ambientales de las últimas décadas, y Uruguay no es ajeno a este problema. Cada año, toneladas de materiales plásticos terminan en vertederos, ríos y mares, afectando tanto al ambiente como a la salud pública. En este contexto, surge un proyecto que podría cambiar el rumbo de la gestión de residuos en el país: la instalación de la primera planta de reciclaje químico de plásticos, con fecha estimada de inicio en 2028.
La iniciativa está impulsada por BioNexo, una empresa uruguaya dedicada al reciclaje y la economía circular, en alianza con la multinacional estadounidense KBR, líder en ingeniería y tecnología industrial. Ambas compañías ya comenzaron las conversaciones con el Gobierno uruguayo, con el objetivo de que el Ministerio de Ambiente declare el proyecto de interés nacional en 2026, lo que sería el paso clave para viabilizar la inversión.
UNA TECNOLOGÍA INNOVADORA PARA EL RECICLAJE DE PLÁSTICOS
El proyecto no se basa en la conocida técnica de pirólisis —que utiliza altas temperaturas para descomponer los plásticos—, sino en un reciclaje químico avanzado. Esta tecnología permite cortar las cadenas de los polímeros y devolverlos a su estado original: monómeros. En palabras sencillas, se trata de un proceso que no degrada el material, sino que lo reintegra al circuito productivo como materia prima de calidad equivalente a la original.
Vea también: Nutex impulsa la nutrición animal en Uruguay con crecimiento sostenido y proyección internacional
Según explicó Nicolás Ferrari, director y cofundador de BioNexo, este método encarna el verdadero concepto de economía circular: un residuo deja de ser basura para transformarse en un insumo valioso que puede sustituir el uso de petróleo en la producción de plásticos nuevos.
La innovación radica en que, a diferencia del reciclaje mecánico tradicional —que solo permite reprocesar ciertos tipos de plásticos y con pérdida de calidad—, este proceso químico es más versátil y ofrece un producto final de mayor valor agregado.
EL CAMINO HACIA 2028: ETAPAS Y DESAFÍOS
El plan prevé tres hitos principales:
2026: Declaración de interés nacional por parte del Ministerio de Ambiente, requisito fundamental para habilitar la instalación de la planta industrial.
2027: Búsqueda de inversores nacionales e internacionales, una vez obtenida la aprobación oficial.
2028: Inicio de operaciones, con una inversión estimada en más de 100 millones de dólares.
BioNexo ya trabaja en acuerdos de recolección de plásticos que actualmente no tienen destino, como el polipropileno y los polietilenos de baja y alta densidad, que suelen terminar enterrados o mal gestionados.
El Ministerio de Ambiente estima que 90.000 toneladas de plásticos no se reciclan cada año en Uruguay. La futura planta se propone iniciar con una capacidad mínima de 25.000 toneladas, con la posibilidad de escalar a 50.000 u 80.000 toneladas dependiendo de la eficiencia en la recolección.
IMPACTO ECONÓMICO Y AMBIENTAL
La instalación de esta planta no solo significaría un paso adelante en materia ambiental, sino también una oportunidad económica.
Reducción de residuos: miles de toneladas de plásticos dejarían de ir a vertederos o al medio ambiente.
Sustitución de materias primas fósiles: se reduciría la dependencia del petróleo en la producción de plásticos.
Generación de empleos: desde la recolección hasta la operación industrial.
Posibilidades de exportación: el insumo generado tiene demanda asegurada en mercados internacionales, especialmente en compañías petroquímicas europeas que ya trabajan con BioNexo en la compra de aceite reciclado.
De hecho, Ferrari destacó que los mismos clientes europeos que actualmente compran aceite de cocina usado a BioNexo serían compradores potenciales del nuevo producto derivado del reciclaje químico.
BIO NEXO Y SU EXPERIENCIA EN ECONOMÍA CIRCULAR
BioNexo no es ajena a los proyectos de gran escala en reciclaje. Actualmente, recolecta más de 2.000 toneladas de aceite de cocina usado al año, evitando que contaminen millones de litros de agua y que se liberen cerca de 6.000 toneladas de dióxido de carbono. Además, su modelo ha contribuido a formalizar a cientos de familias recicladoras, integrándolas a una cadena de valor que antes operaba en la informalidad.
La experiencia acumulada en este sector es uno de los principales avales de la compañía para liderar el proyecto de reciclaje químico, junto con la tecnología avanzada de KBR.
UN PROYECTO CON VISIÓN INTERNACIONAL
Más allá de los beneficios locales, el proyecto también coloca a Uruguay en el radar internacional como pionero en América Latina en este tipo de soluciones. La combinación de tecnología de punta, certificación ambiental y capacidad exportadora podría transformar al país en un hub regional de reciclaje químico.
Esto también abre la puerta a posibles alianzas estratégicas con otros países de la región que enfrentan el mismo desafío con los residuos plásticos, lo que reforzaría la posición de Uruguay en el campo de la innovación ambiental.
Pese al entusiasmo, el proyecto enfrenta desafíos significativos:
Infraestructura de recolección: alcanzar las toneladas necesarias requerirá un sistema eficiente de clasificación y transporte de plásticos, tanto post-industriales como post-consumo.
Financiamiento: asegurar los más de 100 millones de dólares será clave, aunque ya existen interesados en participar.
Marco regulatorio: la aprobación y seguimiento por parte de las autoridades ambientales serán determinantes para garantizar el éxito.
Educación ciudadana: el compromiso de la población en separar residuos será fundamental para alimentar la planta con material suficiente.
Vea también: Expectativas empresariales industriales en Uruguay muestran señales de deterioro moderado
Si el plan se concreta, Uruguay no solo reducirá su huella ambiental, sino que también se posicionará como un país innovador en soluciones sostenibles. El proyecto refleja una tendencia global hacia la valorización de residuos y la consolidación de modelos de economía circular.
Como concluyó Nicolás Ferrari, el objetivo es claro: “Recolectar residuos, transformarlos en materia prima certificada y exportarlos, sustituyendo petróleo y aportando a la economía circular”.
En un mundo que avanza hacia la sostenibilidad, la propuesta de BioNexo y KBR representa una oportunidad única para que Uruguay dé un paso al frente en la lucha contra la contaminación plástica y en la creación de valor económico a partir de los residuos.

