Uruguay logra reducir desempleo a 6,9 por ciento y alcanza cifras históricas
La evolución del mercado laboral en Uruguay volvió a captar la atención en julio de 2025, luego de que el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicara los últimos resultados de la Encuesta Continua de Hogares. Según los datos, la tasa de desempleo descendió al 6,9%, lo que representa una mejora significativa respecto al 8,3% registrado en el mismo mes del año anterior. Este nivel de desocupación no se observaba desde 2017, lo que convierte al indicador en una señal alentadora para la economía nacional.
Más allá de la cifra puntual, el análisis del mercado de trabajo muestra matices importantes en cuanto a distribución geográfica, género y edad, además de exponer ciertos desafíos estructurales que persisten, como el subempleo y la informalidad laboral.
Un descenso que marca tendencia
El 6,9% de desempleo alcanzado en julio no solo refleja un retroceso de más de un punto porcentual en comparación interanual, sino que también consolida una tendencia descendente que se venía gestando desde mediados de 2023. En aquel entonces, el mercado laboral uruguayo enfrentaba los efectos rezagados de la pandemia y de un contexto regional complejo, con una recuperación que avanzaba de manera desigual.
Vea también: Tradición británica y sabor uruguayo se fusionan en fiesta de Tienda Inglesa
En los últimos dos años, la expansión de sectores como la construcción, el comercio y ciertos servicios tecnológicos, junto con políticas de incentivo al empleo juvenil y a la capacitación, parecen haber contribuido a mejorar el panorama. Sin embargo, el análisis de la tasa de actividad y de empleo revela que la reducción del desempleo no se explica únicamente por más puestos de trabajo, sino también por factores vinculados a la participación de la población en el mercado laboral.
La actividad y el empleo en cifras
En julio, la tasa de actividad —que mide el porcentaje de personas en edad de trabajar que efectivamente buscan empleo o lo tienen— se ubicó en 64,2%, mientras que la tasa de empleo —los ocupados sobre la población en edad laboral— fue del 59,8%.
Si se observa el desglose por región, Montevideo, donde se concentra la mayor parte de la actividad económica, registró una tasa de actividad del 65,3% y una tasa de empleo del 60,8%. Estas cifras sugieren que la capital sigue siendo el motor de generación de empleo, aunque también reflejan un mercado más competitivo que en el interior del país.
La diferencia entre la tasa de actividad y la de empleo permite entender mejor la magnitud del desempleo. Si bien ambos indicadores se encuentran en niveles relativamente altos, todavía existe un margen de trabajadores que no logran insertarse, lo cual explica el 6,9% de desocupación.
Al analizar el mercado laboral por sexo, los resultados muestran una realidad desigual. El desempleo masculino fue del 5,4%, mientras que en las mujeres alcanzó el 8,6%. Esta brecha, que supera los tres puntos porcentuales, evidencia que las mujeres enfrentan mayores barreras de acceso al empleo, ya sea por la persistencia de roles de género, las dificultades para conciliar trabajo y cuidados, o por la mayor concentración en sectores más vulnerables a la informalidad.
Aunque las políticas públicas de los últimos años han buscado reducir esta diferencia, promoviendo licencias parentales compartidas y fomentando la inserción de mujeres en áreas de alta demanda como la tecnología, la desigualdad sigue siendo un desafío estructural.
El dato más preocupante del informe del INE es la situación de los jóvenes. Entre quienes tienen entre 14 y 24 años, la tasa de desempleo se ubicó en un 23,4%, muy por encima del promedio general. Este indicador refleja las dificultades que enfrenta la juventud para insertarse en el mercado de trabajo formal, muchas veces por falta de experiencia, menor nivel de capacitación o por estar concentrados en sectores con alta rotación.
En contraste, las personas de entre 25 y 29 años presentan una tasa de desempleo de 8,3%, y quienes tienen entre 30 y 34 años, apenas 5,4%. La caída abrupta entre estos tramos de edad muestra que, a medida que los trabajadores acumulan experiencia y credenciales, logran mejorar su inserción.
El desempleo juvenil, no obstante, es un problema que no se resuelve únicamente con el tiempo, sino con políticas específicas de capacitación, pasantías y programas de primer empleo que reduzcan la brecha de acceso al trabajo formal.
Subempleo e informalidad: problemas latentes
Más allá del descenso del desempleo, el mercado laboral uruguayo mantiene problemas estructurales. Según el informe, el 9,2% de los ocupados se encuentra en situación de subempleo, es decir, trabajan menos horas de las que desean o en condiciones de menor productividad.
Asimismo, el 22,4% de los trabajadores no cuenta con registro en la seguridad social por su empleo principal. Este dato refleja la persistencia de la informalidad, que no solo reduce los ingresos fiscales del Estado, sino que también deja a una parte significativa de la población sin protección social en caso de desempleo, enfermedad o jubilación.
La informalidad es un fenómeno que afecta especialmente a jóvenes y mujeres, sectores ya golpeados por mayores tasas de desocupación, lo que amplifica las desigualdades dentro del mercado laboral.
Comparación histórica y regional
El 6,9% de desempleo coloca a Uruguay en un escenario similar al que tenía en 2017, cuando la economía atravesaba una etapa de estabilidad moderada, previo a la desaceleración que comenzó en 2018.
Comparado con otros países de la región, Uruguay se ubica en una posición intermedia. Mientras que naciones como Chile y Paraguay presentan tasas cercanas o inferiores al 7%, Argentina y Brasil mantienen cifras más elevadas, lo que refleja diferencias en la estructura productiva y en la eficacia de las políticas laborales.
Este contexto le otorga a Uruguay cierta ventaja competitiva para atraer inversión extranjera, al mostrar un mercado de trabajo relativamente estable y con capacidad de absorción de mano de obra, aunque los problemas de informalidad aún generan cautela.
El desafío para Uruguay en los próximos meses será sostener la tendencia a la baja en el desempleo, al mismo tiempo que se trabaja en la reducción de la informalidad y el subempleo. La promoción de la educación técnica, el fortalecimiento de programas de capacitación en habilidades digitales y el impulso a sectores con potencial de crecimiento —como la economía verde, la tecnología y el turismo sostenible— aparecen como caminos posibles.
Además, será clave diseñar políticas más efectivas para la inserción juvenil y para acortar la brecha de género, dos de los aspectos que más impactan en la equidad del mercado laboral.
En suma, los datos de julio de 2025 son alentadores, pero el desafío de fondo es lograr que la reducción del desempleo se traduzca en empleos de calidad, con protección social y oportunidades equitativas para todos los grupos de la población.
Vea también: Uruguay impulsa el turismo accesible y sostenible con encuentro internacional
El informe del INE confirma que Uruguay atraviesa un momento favorable en materia de desempleo, alcanzando cifras que no se observaban en casi una década. Sin embargo, la mejora no oculta los problemas persistentes de desigualdad, informalidad y subempleo. Para consolidar un mercado laboral más inclusivo y sostenible, será necesario combinar el crecimiento económico con políticas específicas que aborden las vulnerabilidades de los sectores más expuestos.
En definitiva, la caída del desempleo al 6,9% es una buena noticia, pero representa apenas un paso dentro de un camino más largo hacia un mercado de trabajo sólido, equitativo y resiliente.

