Uruguay enfrenta un repunte del desempleo con mayor deterioro en Montevideo
El mercado de trabajo uruguayo cerró octubre con un comportamiento que volvió a encender alertas, especialmente en Montevideo, donde el deterioro de algunos indicadores fue más marcado que en el resto del país. Si bien los movimientos no representan un quiebre abrupto, sí consolidan una tendencia de desaceleración laboral que ya se venía insinuando en meses previos. El desempleo alcanzó el 7,3% a nivel nacional, lo que supone un incremento moderado pero significativo en comparación con el mes anterior. Este aumento se combina con una caída leve en el empleo y con una mayor cantidad de personas que se incorporaron o intentaron incorporarse al mercado laboral, lo que terminó presionando la tasa de desocupación.
La evolución reciente muestra que el mercado laboral uruguayo continúa siendo sensible a los cambios en la actividad económica, tanto a nivel nacional como en la dinámica específica del área metropolitana. En particular, Montevideo exhibió un desempeño menos favorable, con un incremento más pronunciado en los niveles de desempleo y una reducción del empleo que no se replicó en igual magnitud en el interior del país.
Un mercado laboral que se ajusta en un escenario de mayor búsqueda de empleo
La tasa nacional de desocupación trepó hasta el 7,3%, es decir, cuatro décimas más que en septiembre. Este movimiento no puede analizarse de manera aislada, ya que se da en un contexto donde la tasa de actividad —que mide cuántas personas están trabajando o buscando activamente empleo— también aumentó cuatro décimas, llegando al 64,7%. Ese incremento en la participación laboral suele ser un reflejo de hogares que buscan complementar ingresos o de personas que, ante señales de estabilidad económica, deciden reingresar al mercado laboral.
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Sin embargo, esta mayor movilidad no se tradujo en una expansión equivalente del empleo. La tasa de ocupación retrocedió una décima, quedando en 60%, lo que implica que el mercado no absorbió suficientemente a quienes intentaron ingresar. El resultado final fue una presión al alza sobre el desempleo.
Este fenómeno no es nuevo: puede observarse en momentos en los que la economía mantiene un crecimiento moderado, sin la suficiente tracción para generar nuevos puestos de trabajo a un ritmo acorde con la demanda. Así, aun con un dinamismo económico que no es recesivo, el empleo muestra una respuesta más lenta o desigual entre sectores.
Montevideo, la zona más afectada por la pérdida de dinamismo
El comportamiento del mercado laboral no fue homogéneo entre regiones. La capital del país volvió a concentrar los mayores desafíos. Allí, la tasa de desempleo alcanzó el 7,9%, lo que representa un aumento de ocho décimas respecto al mes anterior. En paralelo, la ocupación retrocedió cinco décimas y se ubicó en 60,6%, mientras que la actividad trepó hasta 67,8%.
El aumento de la actividad en Montevideo sugiere que más personas están intentando incorporarse al mercado laboral, pero la capacidad de absorción del empleo no alcanzó para sostener esa mayor demanda. Este desajuste explica buena parte del incremento del desempleo.
El interior del país tuvo un comportamiento diferente. La tasa de ocupación mejoró cuatro décimas y se ubicó en 59,5%, un avance que contrasta con el retroceso capitalino. El desempleo en este caso también aumentó, pero de manera más moderada, hasta el 6,9%. La tasa de actividad subió cinco décimas y llegó a 63,9%.
El contraste entre Montevideo y el interior está relacionado con el peso de los sectores económicos predominantes en cada zona. Mientras la capital tiene una fuerte concentración de servicios profesionales, administrativos y comerciales —algunos de los cuales mostraron menor empuje en los últimos meses—, el interior se beneficia de rubros vinculados a la logística, la industria y actividades agrarias que mostraron mayor estabilidad.
La paradoja de la demanda laboral: más avisos, pero menor absorción inmediata
Un aspecto llamativo es que, pese al aumento del desempleo, indicadores privados muestran un nivel considerable de oportunidades laborales disponibles. Durante octubre se publicaron más de siete mil ofertas de empleo en portales y medios especializados, una señal de que varios sectores continúan buscando personal. Esto refleja una realidad típica de los mercados laborales modernos: el desajuste entre los perfiles buscados y las competencias disponibles.
Las empresas pueden requerir habilidades técnicas, experiencia específica o formación en áreas como tecnología, logística, servicios financieros o atención al cliente, mientras que una parte de los trabajadores que buscan empleo provienen de sectores que no siempre se alinean con esas necesidades. Ese descalce contribuye a explicar por qué un aumento en la demanda de empleo no necesariamente se traduce en una reducción automática de la desocupación.
El desempleo juvenil, el segmento más vulnerable del mercado laboral
El indicador más crítico continúa siendo el desempleo entre jóvenes. La franja de 14 a 24 años registró una desocupación del 25,1%, lo que representa un aumento de 1,5 puntos porcentuales respecto al mes anterior. Esta cifra evidencia una tendencia estructural que se profundiza en momentos de menor dinamismo económico: los jóvenes, especialmente aquellos sin experiencia previa o con niveles de formación incompletos, encuentran mayores dificultades para ingresar al mercado laboral.
La situación mejora de forma consistente a medida que avanza la edad. Los jóvenes de 25 a 29 años presentan una tasa de desempleo del 9,5%, cifra que ya se ubica mucho más cerca de la media nacional. A partir de los 30 años, el desempleo cae de forma pronunciada: 5,3% entre los 30 y 34 años; 4,7% entre los 35 y 44; 3,7% en la franja de 45 a 54; y 2,7% entre los 55 y 64 años. Entre las personas mayores de 65, el desempleo es de apenas 2,3%.
Estas brechas por edad son consistentes con fenómenos que se observan en otros países de la región: la falta de experiencia, la rotación frecuente en los primeros trabajos y la dificultad para acceder a ofertas formales generan un escenario más complejo para los más jóvenes, quienes suelen recurrir a empleos temporales o al sector informal.
Brecha de género: el desempleo femenino vuelve a ampliarse
El análisis por sexo muestra otro punto relevante: la tasa de desempleo entre las mujeres se ubicó en 8,6%, un aumento de cuatro décimas respecto al mes anterior. En los hombres, la desocupación llegó al 6,1%, tres décimas más que en septiembre.
Las diferencias entre géneros responden a varios factores, entre ellos la mayor participación femenina en sectores económicos que han experimentado ajustes recientes —como comercio y servicios— y la persistencia de barreras relacionadas con la conciliación laboral y familiar. Si bien en los últimos años Uruguay ha avanzado en políticas de cuidado y en programas orientados al empleo femenino, las brechas siguen siendo visibles en momentos de menor dinamismo económico.
Un mercado laboral que exige atención y políticas focalizadas
El comportamiento de octubre resume varios desafíos para Uruguay: una economía que continúa creciendo pero con un mercado laboral que no se expande al mismo ritmo, la persistencia de desigualdades por edad y género y un deterioro más fuerte en la zona metropolitana.
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De cara al cierre del año, será clave observar si la mayor cantidad de oportunidades laborales reportadas por consultoras y plataformas de empleo logra traducirse en una mejora efectiva en la ocupación. Además, el fortalecimiento de la formación técnica y la capacitación en habilidades digitales podría contribuir a reducir desajustes y mejorar la inserción laboral, especialmente entre jóvenes.
La evolución del empleo en los próximos meses dependerá tanto del desempeño de la actividad económica como de la capacidad del mercado laboral para adaptarse a estos cambios estructurales. Por ahora, los datos indican un escenario de cautela, donde la vigilancia y el diseño de políticas activas seguirán siendo fundamentales.
Fuente: Ámbito


