Uruguay busca consolidar nuevos acuerdos comerciales con países del mundo árabe
En un escenario internacional marcado por tensiones comerciales, proteccionismo creciente y una reconfiguración del liderazgo global, Uruguay empieza a mirar más allá de sus tradicionales socios comerciales. En este nuevo paradigma, el país sudamericano ha comenzado a explorar activamente oportunidades de integración económica con regiones no tan explotadas hasta el momento, como el mundo árabe y el bloque Asia-Pacífico. Esta estrategia refleja una apuesta por diversificar mercados y fomentar un crecimiento sostenido a largo plazo.
Durante un desayuno de trabajo organizado por la consultora Exante, el director de Asesoría de Política Comercial del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), Juan Labraga, delineó las principales líneas estratégicas del país en materia de comercio exterior. Sus declaraciones apuntaron directamente al interés por abrir canales formales con países árabes y a la necesidad urgente de profundizar acuerdos ya existentes, como el de Mercosur con la India.
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Labraga destacó que el orden internacional actual ya no responde a la lógica de un mundo unipolar dominado por Estados Unidos. La pérdida relativa de influencia del gigante norteamericano, sumado al surgimiento de nuevos polos económicos en Asia y Medio Oriente, obliga a países como Uruguay a recalibrar su estrategia de inserción internacional.
“Estados Unidos ha dejado de ser el centro de un mundo unipolar homogéneo”, afirmó el funcionario. Esta evolución geopolítica implica que otras regiones están ganando protagonismo, generando nuevas reglas de juego. Para Labraga, Uruguay no puede mantenerse pasivo ante esta transformación.
Uno de los focos que destacó fue la región Asia-Pacífico, más allá de China. Según el representante del MEF, este vasto bloque ofrece un potencial aún no del todo aprovechado por Uruguay. Sin embargo, también puso el énfasis en los países árabes, especialmente por su alto poder adquisitivo y su necesidad de importar productos alimenticios, un terreno en el que Uruguay cuenta con una ventaja competitiva significativa.
Uruguay, tradicionalmente centrado en mercados como Brasil, Argentina, la Unión Europea o China, está comenzando a considerar seriamente su relación con países del Golfo Pérsico. Labraga remarcó que existen “mercados muy interesantes” en esa región, principalmente por los altos precios que pagan por alimentos, en comparación con los valores internacionales promedio.
Seis países concentran el interés de los exportadores uruguayos: Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar. En conjunto, suman cerca de 60 millones de habitantes y ostentan elevados ingresos per cápita. Además, son grandes importadores netos de alimentos debido a sus limitaciones productivas internas.
Según datos de la Unión de Exportadores del Uruguay (UEU), en 2024 las exportaciones hacia estos países alcanzaron los 61 millones de dólares. De ese total, Emiratos Árabes Unidos fue el principal destino, absorbiendo casi 23 millones de dólares en productos uruguayos. Los rubros más destacados fueron la leche en polvo entera, manteca, carne ovina y otras preparaciones cárnicas.
A pesar de estos datos positivos, Labraga fue claro: Uruguay aún no tiene un posicionamiento sólido en esos mercados. Esto se debe, en parte, a que competidores regionales como Brasil y Argentina ya ocupan buena parte del terreno comercial gracias a ventajas arancelarias y acuerdos previos. El desafío, por tanto, no es solo producir, sino diseñar una estrategia de entrada que permita al país ganar espacio en estos mercados.
NECESIDAD DE PROFUNDIZAR EL ACUERDO MERCOSUR–INDIA
Otro tema abordado por Labraga fue el actual estado del acuerdo comercial entre el Mercosur e India. Este convenio, vigente desde 2009, fue el primero del bloque sudamericano con un socio extrarregional. Sin embargo, su alcance es limitado, ya que solo establece preferencias arancelarias fijas para un conjunto reducido de productos.
El análisis del MEF —respaldado por un informe reciente del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica— evidencia que solo el 1% de las exportaciones uruguayas en 2024 se beneficiaron de ese acuerdo. Para Labraga, esto demuestra que el acuerdo está “muy pobremente explotado” y que existe un amplio margen para profundizarlo.
Ampliar este tipo de convenios, no solo con India, sino también con otros países de Asia y Medio Oriente, podría abrir un abanico de oportunidades para exportadores uruguayos, en especial en el sector agroindustrial, donde el país tiene amplia experiencia y reputación internacional.
NUEVOS ENFOQUES PARA LA APERTURA COMERCIAL
El contexto internacional presenta incertidumbres, especialmente por la política proteccionista adoptada por Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump. Labraga reconoció que Uruguay deberá adaptarse a los tiempos y formas que imponga ese país si desea avanzar en acuerdos bilaterales. No obstante, también planteó una alternativa: la apertura unilateral.
Desde el MEF, explicó, se está considerando implementar medidas autónomas que promuevan la liberalización comercial, sin esperar necesariamente consensos regionales o multilaterales. Esta visión apuesta por acelerar la integración del país al comercio global mediante decisiones propias que impulsen tanto las exportaciones como la atracción de inversiones.
Un aspecto clave que también fue abordado durante el encuentro fue la necesidad de revisar las barreras no arancelarias internas. Labraga sostuvo que en muchos casos las regulaciones locales generan distorsiones que afectan tanto a la competencia como al flujo de inversiones.
“El consenso político, técnico y empresarial sobre la necesidad de cambiar ciertas reglas de juego está creciendo”, indicó. En ese sentido, desde el MEF se está realizando un relevamiento junto a distintos actores del mercado para identificar las trabas que más afectan al comercio y a la inversión.
Según el funcionario, el objetivo no es eliminar regulaciones indiscriminadamente, sino aplicar una “regulación inteligente” que brinde certezas pero no ahogue al sector privado. De hecho, en algunos casos —dijo— “habrá que desregular”, especialmente si se demuestra que ciertos procedimientos burocráticos están frenando proyectos productivos.
Uno de los sectores donde se busca generar impactos visibles es el de la inversión. Labraga subrayó que el Ministerio se plantea implementar este mismo año “medidas concretas que efectivamente muevan la inversión”. Un ejemplo que mencionó fue la digitalización de la COMAP (Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones), organismo clave para aprobar beneficios fiscales.
El proceso de diversificación de mercados y reformas estructurales no será inmediato ni exento de obstáculos. Requiere una visión de largo plazo, así como voluntad política para avanzar en acuerdos y cambiar regulaciones que ya no se ajustan a la dinámica internacional actual.
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La estrategia de Uruguay apunta a fortalecer su presencia global aprovechando nichos de alto valor en regiones que hasta ahora han sido secundarias en su agenda comercial. Tanto el mundo árabe como la región Asia-Pacífico representan espacios en los que el país puede desarrollarse, siempre y cuando actúe con inteligencia, rapidez y pragmatismo.
Además, la mejora de los acuerdos existentes y la revisión de normativas internas podrían convertir a Uruguay en un polo confiable para la inversión extranjera, lo que potenciaría su desarrollo económico a mediano y largo plazo.

