Una aplicación uruguaya promueve el ahorro y reduce el desperdicio de alimentos
En un contexto económico desafiante, donde la necesidad de ahorrar convive con una creciente conciencia ambiental, una startup uruguaya está marcando la diferencia. Se trata de Buen Provecho, una aplicación móvil que busca transformar el modo en que los comercios gastronómicos y los consumidores interactúan con los alimentos que no se venden en el día. Su propuesta: ofrecer excedentes de comida de calidad a precios reducidos, fomentando el consumo responsable y la sustentabilidad urbana.
El desperdicio de alimentos es un problema global que afecta tanto a países desarrollados como a emergentes. En Argentina, se estima que se tiran más de 17 millones de toneladas de alimentos cada año, una cifra alarmante si se considera la inversión de recursos que implica producir esos alimentos: tierra cultivable, agua, transporte, refrigeración, mano de obra, etc.
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Buen Provecho nace como una respuesta innovadora ante esta realidad. Fundada en Uruguay durante la pandemia en 2021 por Daniela Lejtreger, la aplicación permite a locales como panaderías, rotiserías, casas de comida, hoteles y pizzerías vender sus productos excedentes con descuentos que oscilan entre el 35% y el 50%.
No se trata de productos vencidos ni de baja calidad, sino de aquellos que por razones logísticas no pueden ser vendidos al día siguiente: la última tanda de empanadas del día, por ejemplo, o porciones de un menú diario que no se consumieron. Incluso florerías han sido parte del proyecto en Uruguay, ofreciendo ramos con flores frescas que no fueron compradas a tiempo.
De Uruguay a Colombia y ahora Argentina
La expansión de Buen Provecho no fue casual ni impulsiva. Tras validar el modelo en su país de origen, la empresa eligió Colombia como primer paso internacional en 2023, en medio de un clima de inestabilidad económica en Argentina. Fue recién en 2024 cuando decidieron desembarcar en Buenos Aires, comenzando en la zona de Barrio Norte como mercado piloto.
En esa etapa inicial, se asociaron con un grupo de empresarios liderado por Gustavo Neistat, lo cual les permitió adaptar el modelo de negocio a la dinámica local. La empresa estudió detalladamente el comportamiento del consumidor argentino, el nivel de penetración de smartphones y conectividad, así como la falta de propuestas similares vigentes, ya que intentos anteriores de apps con fines parecidos no prosperaron.
El resultado fue alentador: el consumo en retroceso y el interés creciente por la sustentabilidad crearon el entorno ideal para que la app ganara terreno entre quienes buscan ahorrar sin sacrificar calidad.
Una comunidad creciente de consumidores responsables
El modelo de Buen Provecho se apoya en dos pilares clave: la proximidad y la transparencia. Los usuarios deben acercarse personalmente al comercio para retirar su compra, lo que favorece el comercio de barrio y reduce emisiones asociadas a los envíos a domicilio. Además, los productos están claramente etiquetados como “excedentes de producción” y no como “sobras”, eliminando el estigma negativo que podría frenar su adopción.
El perfil de los usuarios es diverso, pero predominan dos grupos: personas de entre 30 y 50 años, responsables de sus hogares, que buscan soluciones prácticas para el almuerzo o la cena familiar, y jóvenes de entre 20 y 30 años, con presupuestos ajustados pero abiertos a nuevas formas de consumo. La experiencia de usuario es sencilla y directa: elegir el producto desde la app, pagar con tarjeta o efectivo, y retirarlo dentro de una franja horaria estipulada.
Actualmente, la plataforma ya ofrece productos en barrios como Palermo, Belgrano y Núñez, y la idea es continuar expandiéndose a lo largo de la Ciudad de Buenos Aires. El objetivo para 2025 es ambicioso: alcanzar 200.000 usuarios activos y 400 comercios adheridos. Para 2026, la meta es llegar a 1.000 tiendas en las principales ciudades del país.
Los comercios también encuentran en Buen Provecho una herramienta valiosa. No solo reducen pérdidas económicas al monetizar productos que antes debían descartar, sino que también amplían su base de clientes. Muchos usuarios de la app descubren nuevos locales gracias a las ofertas disponibles, y se convierten en compradores habituales.
Además, el hecho de trabajar únicamente con establecimientos habilitados y productos que cumplen con todas las normativas sanitarias garantiza confianza en la calidad. Los comerciantes pagan una comisión por cada venta realizada a través de la app, modelo que ha demostrado ser sostenible tanto en Uruguay (donde ya cuentan con 100.000 usuarios) como en Colombia (50.000 usuarios activos).
Más que una app: Una misión con impacto ambiental
Desde su fundación, Buen Provecho se ha concebido como algo más que una herramienta de ventas. Lejtreger insiste en que el verdadero problema no es la falta de alimentos, sino la ineficiencia en la distribución y el consumo. “Se plantan tomates, se los riega, se transportan, se refrigeran… y luego se tiran”, afirma, con razón. La app busca justamente revertir esa lógica absurda del descarte, brindando una segunda oportunidad a productos que aún son perfectamente consumibles.
La iniciativa también contribuye indirectamente a reducir la huella de carbono de la industria alimentaria, al disminuir la cantidad de residuos orgánicos que terminan en vertederos y que generan gases de efecto invernadero. Esta perspectiva integral, que une economía circular, responsabilidad social y empoderamiento digital, explica por qué el modelo ha captado tanto interés.
Si bien el camino recorrido ha sido exitoso, los desafíos futuros no son menores. La escalabilidad del modelo depende de la capacidad de mantener un estándar de calidad, asegurar una logística eficiente para los usuarios, y garantizar que los comercios puedan adaptarse a los picos de demanda sin comprometer la experiencia.
A eso se suma el reto de comunicar claramente el propósito del proyecto, evitando que se lo perciba como una plataforma de productos “baratos” en lugar de una oportunidad de consumo responsable. La educación del usuario y el compromiso de los aliados comerciales serán esenciales para sostener el crecimiento.
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Buen Provecho está ayudando a transformar la forma en que se percibe el acto de comprar alimentos. En lugar de asociar el ahorro con resignación o baja calidad, promueve una visión donde el ahorro inteligente y la sustentabilidad van de la mano. En un país como Argentina, donde la conciencia ambiental crece y el bolsillo aprieta, iniciativas como esta pueden marcar la diferencia.
El objetivo final no es solo aumentar la cantidad de usuarios o de tiendas adheridas, sino crear una comunidad de consumo consciente, donde el valor de los alimentos se respete desde el origen hasta el final de su vida útil.
