Recuperación laboral en Uruguay: por qué más de medio millón de personas aún enfrenta dificultades de empleo
El mercado laboral uruguayo ha mostrado señales de recuperación sostenida en los últimos años, reflejadas principalmente en el aumento del número de personas ocupadas y en la mejora de algunos indicadores vinculados a la actividad económica. Sin embargo, detrás de estas cifras positivas persiste una realidad estructural que continúa afectando a una parte significativa de la población: cientos de miles de personas siguen teniendo dificultades para acceder a un empleo de calidad o mantener condiciones laborales estables.
Durante 2025, el país registró avances en materia de empleo que se tradujeron en un incremento del número total de trabajadores activos. En promedio, cerca de 1,76 millones de personas se encontraban ocupadas, lo que representó un aumento aproximado de 28.000 trabajadores respecto al año anterior y más de 100.000 en comparación con los niveles registrados antes de la pandemia.
No obstante, este crecimiento en la ocupación no logró resolver completamente los problemas asociados a la precariedad laboral. Según estimaciones recientes, alrededor de 591.000 personas enfrentaron algún tipo de dificultad vinculada al empleo a lo largo del último año, una cifra que se ha mantenido relativamente estable pese a la mejora en otros indicadores del mercado de trabajo.
¿Qué significa tener problemas de empleo?
Cuando se habla de problemas de empleo no se hace referencia únicamente a quienes se encuentran desocupados. Esta categoría también incluye a los trabajadores subempleados —es decir, aquellos que trabajan menos horas de las que desearían o necesitan— y a quienes se desempeñan en condiciones informales, sin acceso a la seguridad social ni a los beneficios laborales básicos.
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Dentro de este grupo, se identifican tres situaciones principales:
Personas sin trabajo que buscan activamente empleo
Trabajadores que no alcanzan una jornada laboral completa
Empleados sin registro formal en el sistema de seguridad social
En 2025, se estimó que aproximadamente 142.000 personas se encontraban desempleadas, mientras que unas 164.000 estaban subocupadas. A su vez, cerca de 285.000 trabajadores realizaban sus actividades sin aportes formales ni cobertura social. La suma de estas tres categorías permite comprender por qué el número de personas con dificultades laborales sigue rondando las 600.000, incluso en un contexto de recuperación económica.
Mejora en las tasas generales, pero con desafíos persistentes
A nivel macroeconómico, el mercado laboral uruguayo ha evolucionado favorablemente en comparación con años anteriores. En diciembre de 2025, la tasa de empleo alcanzó el 60 % de la población en edad de trabajar, mientras que la tasa de actividad se ubicó en torno al 64,5 %.
Asimismo, la tasa de desempleo cerró el año en aproximadamente 7 %, lo que representó una leve disminución respecto a 2024. Estos datos sugieren que la economía ha logrado generar nuevas oportunidades laborales, impulsadas en parte por el crecimiento de determinados sectores productivos y por la recuperación del consumo interno.
Sin embargo, los especialistas advierten que la reducción del desempleo no siempre implica una mejora sustancial en la calidad del empleo disponible. En muchos casos, los nuevos puestos de trabajo corresponden a ocupaciones con menor estabilidad, ingresos limitados o escasa protección social, lo que contribuye a mantener elevados los niveles de informalidad.
Informalidad y subempleo: el núcleo del problema
Uno de los principales desafíos del mercado laboral en Uruguay continúa siendo la informalidad. Aunque el número de personas ocupadas ha aumentado, una proporción considerable de trabajadores se desempeña en actividades que no garantizan derechos básicos como licencias, cobertura de salud o aportes jubilatorios.
Este fenómeno tiene consecuencias directas tanto para los individuos como para el sistema económico en su conjunto. Por un lado, limita el acceso a redes de protección social y reduce la estabilidad financiera de los hogares. Por otro, restringe la capacidad del Estado para recaudar ingresos fiscales y financiar políticas públicas orientadas a la inclusión laboral.
El subempleo también desempeña un papel importante en esta dinámica. Muchas personas que figuran como ocupadas en las estadísticas oficiales no logran trabajar el número de horas necesarias para obtener ingresos suficientes, lo que las obliga a buscar empleos adicionales o a permanecer en situación de vulnerabilidad económica.
Brechas de género y edad en el acceso al trabajo
El impacto de estas dificultades laborales no se distribuye de manera uniforme entre la población. Las mujeres, por ejemplo, presentan tasas de desempleo significativamente más altas que los hombres. En 2025, la desocupación femenina se situó en torno al 8,7 %, frente al 5,4 % registrado entre los varones.
Asimismo, el desempleo juvenil continúa siendo uno de los problemas más persistentes del mercado laboral uruguayo. Entre las personas de 14 a 24 años, la tasa de desocupación superó el 24 %, lo que refleja las dificultades que enfrentan los jóvenes para insertarse en el mundo del trabajo formal.
Estas disparidades evidencian la necesidad de implementar políticas específicas que promuevan la igualdad de oportunidades y faciliten la transición hacia empleos estables, especialmente en los grupos más vulnerables.
Si bien el desempeño reciente del mercado laboral muestra señales alentadoras, los desafíos estructurales siguen siendo significativos. La persistencia de altos niveles de informalidad y subempleo indica que la recuperación económica no ha sido suficiente para garantizar condiciones laborales adecuadas para toda la población.
De cara a los próximos años, uno de los principales retos será mejorar la calidad del empleo generado, promoviendo la formalización de las actividades económicas y fortaleciendo los mecanismos de protección social. Asimismo, será fundamental impulsar iniciativas de capacitación y reconversión laboral que permitan a los trabajadores adaptarse a las transformaciones tecnológicas y productivas en curso.
En un contexto regional marcado por la incertidumbre económica, la capacidad de Uruguay para consolidar un mercado laboral más inclusivo dependerá en gran medida de su habilidad para combinar crecimiento económico con políticas orientadas a la equidad y la sostenibilidad del empleo.
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La recuperación del empleo en Uruguay constituye un avance importante en términos macroeconómicos, pero no ha logrado resolver completamente las dificultades que enfrentan cientos de miles de trabajadores. La existencia de casi 600.000 personas con problemas de empleo pone de manifiesto la necesidad de ir más allá de las tasas tradicionales de desempleo y abordar de manera integral los desafíos asociados a la informalidad, el subempleo y la desigualdad en el acceso al trabajo.
Solo mediante la implementación de estrategias que prioricen la calidad del empleo será posible transformar la recuperación actual en un proceso de inclusión laboral sostenible a largo plazo.
Fuente: Ámbito


