El comercio y los servicios en Uruguay: Crecimiento moderado en el sector que más empleo genera
El sector de comercio y servicios ocupa un lugar central en la economía uruguaya. No solo constituye uno de los motores del consumo interno, sino que también es el mayor generador de empleo del país. Sin embargo, durante los últimos meses se ha observado una desaceleración en su ritmo de crecimiento, lo que ha despertado preocupación entre empresarios y analistas económicos.
Aunque el sector continúa expandiéndose, los datos recientes muestran que la actividad avanza a un ritmo menor que en períodos anteriores. Este escenario plantea nuevos desafíos para la economía uruguaya, que depende en gran medida del dinamismo del consumo y de la actividad comercial para sostener el empleo y la inversión.
El comercio y los servicios conforman el principal empleador del país. Este conjunto de actividades —que incluye desde tiendas minoristas hasta hoteles, restaurantes y servicios profesionales— concentra más de la mitad del empleo nacional. Se estima que el sector reúne alrededor de 874.000 trabajadores, lo que representa aproximadamente 56,7% del total de puestos de trabajo en Uruguay.
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La relevancia de este sector no solo radica en su volumen de empleo, sino también en su rol como dinamizador de la economía. El comercio conecta la producción con el consumo, mientras que los servicios aportan valor agregado a múltiples actividades económicas.
Por ello, cualquier cambio en su ritmo de crecimiento tiene un impacto directo en la evolución del mercado laboral, el consumo interno y las expectativas empresariales.
Un crecimiento que pierde dinamismo
Durante el último tramo de 2025 se registró un aumento de 0,9% interanual en las ventas reales del sector, un resultado positivo pero inferior al observado en trimestres previos.
En el acumulado anual, el crecimiento alcanzó 1,4%, superando ligeramente el desempeño del año anterior, cuando la expansión había sido de 0,6%. Sin embargo, detrás de estas cifras se esconde un cambio de tendencia: la actividad comercial comenzó a mostrar signos de desaceleración a partir de la segunda mitad del año.
Este comportamiento se explica por una combinación de factores macroeconómicos y regionales que afectan el consumo y la competitividad del comercio uruguayo.
Entre ellos se destacan:
Cambios en los precios relativos con países vecinos.
Ajustes en el consumo interno tras períodos de mayor dinamismo.
Un contexto regional que influye en las decisiones de compra.
La consecuencia es un crecimiento menos uniforme entre los diferentes rubros comerciales.
Rubros que lograron expandirse
A pesar de la desaceleración general, algunos segmentos del comercio y los servicios lograron destacarse con resultados positivos.
Entre las actividades con mayor crecimiento se encuentran:
Hotelería, con un incremento de aproximadamente 12,2%, impulsado por la actividad turística.
Inmobiliarias, que registraron un aumento cercano al 7,8%.
Indumentaria, con una expansión de 4,3%.
Materiales de construcción, ferreterías y pinturerías, que crecieron alrededor de 3,6%.
Vehículos, repuestos y combustibles, con un avance cercano al 2,7%.
Estos rubros reflejan tendencias específicas de la economía. Por ejemplo, el crecimiento del sector hotelero está estrechamente vinculado a la temporada turística, mientras que la expansión de los materiales de construcción suele relacionarse con la inversión en infraestructura y proyectos inmobiliarios.
En el caso de la indumentaria, el aumento de ventas puede estar asociado a cambios en los hábitos de consumo, promociones comerciales y el fortalecimiento del comercio minorista en determinados segmentos.
Sectores que enfrentan retrocesos
No todos los rubros tuvieron la misma suerte. Algunos registraron caídas en sus niveles de actividad durante el mismo período.
Entre los segmentos con resultados negativos se encuentran:
Electrodomésticos, con una baja de alrededor de 3,5%.
Informática, con un retroceso de 1,2%.
Ópticas, que experimentaron una caída cercana al 5,1%.
Otros rubros que ya venían en descenso continuaron en terreno negativo, como:
Minimercados
Muebles y artículos para el hogar
Productos de cuidado personal
Restaurantes y confiterías
Estas diferencias evidencian que el comportamiento del consumo es cada vez más selectivo. Los consumidores priorizan determinados gastos mientras postergan otros, especialmente en contextos económicos más inciertos.
Desafíos para el empleo
Uno de los aspectos más sensibles de la desaceleración comercial es su impacto en el mercado laboral.
Durante 2025 el sector habría perdido más de 10.000 puestos de trabajo, un dato que refleja las dificultades que atraviesan algunas empresas para sostener su nivel de actividad.
El fenómeno se vincula en parte con cierres de empresas y ajustes en compañías de mayor tamaño. Cuando las ventas se desaceleran, muchas firmas reducen costos operativos, lo que suele traducirse en menor contratación o incluso despidos.
Además, las micro y pequeñas empresas —que representan la mayoría del tejido empresarial— son especialmente vulnerables a los cambios en el consumo y en los costos operativos.
Diferencias según el tamaño de las empresas
El impacto de la desaceleración no fue uniforme entre los distintos tipos de compañías.
Las empresas medianas y grandes lograron mantener un desempeño relativamente positivo, mientras que las microempresas registraron caídas cercanas al 6,7% en sus ventas.
Este contraste revela una brecha estructural dentro del sector. Las compañías más grandes suelen tener mayor acceso a financiamiento, tecnología y economías de escala, lo que les permite adaptarse mejor a escenarios económicos complejos.
En cambio, los pequeños comercios dependen en mayor medida del consumo local y cuentan con menos margen para absorber shocks económicos.
Diferencias entre Montevideo y el interior
Las tendencias también varían según la región del país.
En Montevideo, las ventas del sector comercio continuaron creciendo, aunque a un ritmo moderado cercano al 1,1%. Por el contrario, en el interior del país la actividad comercial mostró una caída aproximada de 3,1%.
Curiosamente, el comportamiento fue distinto en el sector servicios. Allí el interior registró mejores resultados, con tasas de crecimiento superiores al 7%, lo que evidencia un dinamismo mayor en determinadas actividades vinculadas al turismo y a los servicios regionales.
Este contraste refleja la diversidad económica del país, donde diferentes regiones dependen de sectores productivos distintos.
Expectativas empresariales moderadas
Frente a este escenario, las expectativas empresariales se mantienen prudentes.
Muchos empresarios consideran que el contexto económico presenta desafíos importantes, especialmente en lo relacionado con: el nivel de consumo interno, el acceso al crédito, los costos operativos, y la competitividad frente a mercados externos.
Además, el mercado laboral muestra señales de debilitamiento en términos de generación de empleo y evolución de los ingresos, factores que influyen directamente en la capacidad de consumo de los hogares.
En este contexto, el crecimiento del sector podría mantenerse, pero a un ritmo más moderado que en años anteriores.
El rol de las políticas económicas
Para impulsar nuevamente el dinamismo del comercio y los servicios, distintos actores del sector consideran necesario avanzar en políticas que fortalezcan el entorno empresarial.
Entre las medidas sugeridas se destacan:
facilitar el acceso al financiamiento para pequeñas y medianas empresas, mejorar las condiciones impositivas para emprendimientos, promover programas de capacitación laboral, y estimular la innovación en los modelos de negocio.
La modernización tecnológica y la digitalización del comercio también aparecen como factores clave para sostener la competitividad frente a nuevas plataformas de venta y cambios en los hábitos de consumo.
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A pesar de las señales de desaceleración, el comercio y los servicios continúan siendo pilares fundamentales de la economía uruguaya.
Su enorme capacidad de generación de empleo y su rol en la cadena productiva hacen que su evolución tenga impacto directo en la estabilidad económica del país.
De cara al futuro, el desafío consistirá en combinar crecimiento, innovación y sostenibilidad empresarial. Si el sector logra adaptarse a los cambios tecnológicos y a las nuevas dinámicas del consumo, podrá mantener su posición como uno de los motores principales del desarrollo económico uruguayo.
Fuente: El País



