Convenio colectivo en supermercados marca avances salariales y deja reclamos laborales abiertos
El sector supermercadista de Uruguay cerró el año con la firma de un nuevo convenio colectivo que regirá las condiciones laborales de miles de trabajadores en todo el país. El acuerdo, alcanzado en el marco de la undécima ronda de los Consejos de Salarios, involucra a representantes sindicales y empresariales del comercio y establece pautas salariales y laborales que se extenderán desde julio de 2025 hasta enero de 2027.
La negociación se desarrolló dentro del grupo 10, correspondiente al “Comercio en General”, y específicamente en el subgrupo 18, que agrupa a los supermercados. La firma se concretó a fines de diciembre en la Dirección Nacional de Trabajo, luego de un proceso que ambas partes calificaron como complejo, atravesado por diferencias de criterio, tensiones internas del sector y un escenario económico desafiante.
El convenio tiene alcance nacional y contempla una serie de ajustes salariales escalonados, así como la ratificación y mejora de beneficios históricos que caracterizan al empleo supermercadista. Sin embargo, el acuerdo también dejó pendientes varios reclamos que el movimiento sindical considera centrales y que, según adelantaron sus dirigentes, volverán a estar sobre la mesa en futuras instancias de diálogo.
Aumentos salariales y ajustes previstos
Uno de los puntos centrales del convenio es el aumento salarial acordado para todas las categorías del sector. El crecimiento pactado es del 3% acumulado, aplicable de manera uniforme, lo que representa una mejora respecto a propuestas iniciales que planteaban incrementos diferenciados por escalas.
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El acuerdo prevé cuatro instancias de ajuste: julio de 2025, enero de 2026, julio de 2026 y enero de 2027. Esta estructura busca acompañar la evolución del poder adquisitivo en un período prolongado, otorgando cierta previsibilidad tanto a trabajadores como a empresas en un contexto económico que sigue mostrando volatilidad.
Desde el ámbito sindical se reconoce que el resultado final fue más favorable que algunos escenarios planteados durante la negociación, aunque también se remarca que quedó por debajo de la plataforma original de reivindicaciones. Esta dualidad explica el clima de conformidad parcial con el que fue recibido el convenio por parte de los trabajadores organizados.
El presentismo y la antigüedad, beneficios que se sostienen
Más allá del salario base, el nuevo convenio consolida dos beneficios considerados históricos para el sector: la prima por presentismo y el reconocimiento por antigüedad. En el caso del presentismo, se estableció un monto fijo mensual nominal que se extiende a todas las categorías, reforzando su carácter universal dentro del sector.
Este beneficio, que se mantendrá vigente hasta enero de 2027, representa un ingreso adicional relevante para los trabajadores y fue uno de los puntos defendidos con mayor énfasis por las organizaciones sindicales durante la negociación. Desde el movimiento obrero se valoró especialmente que el aumento alcanzara a todas las categorías sin distinción.
La antigüedad, por su parte, también fue ratificada dentro del acuerdo, consolidando un reconocimiento a la permanencia en el empleo que resulta clave en un sector caracterizado por altos niveles de rotación y exigencias operativas constantes.
Un acuerdo con sabor agridulce para la coordinación sindical
Si bien el convenio fue finalmente firmado, desde la Coordinadora de Sindicatos de Supermercados del Uruguay se manifestó una sensación ambivalente respecto al resultado. Según expresaron sus dirigentes, el acuerdo dista de reflejar la totalidad de los reclamos planteados al inicio de la negociación, lo que dejó un “sabor amargo” en parte de la representación sindical.
Entre los puntos que no lograron incluirse figuran beneficios como el menú subsidiado para los trabajadores y determinadas cláusulas vinculadas a la resolución de conflictos. Además, el convenio incorpora cláusulas de paz que limitan la posibilidad de reclamar por aspectos salariales durante su vigencia, aunque sí habilitan acciones ante situaciones como cierres de locales o casos de persecución laboral.
Desde la coordinación sindical se remarcó que el análisis interno del convenio continuará en los próximos meses, con el objetivo de evaluar su impacto real en la vida cotidiana de los trabajadores y definir estrategias de cara a la próxima ronda de negociación colectiva.
Salud mental y condiciones de trabajo en la agenda futura
Uno de los avances institucionales del acuerdo fue la creación de una comisión específica para abordar temas de salud mental. Si bien su funcionamiento efectivo comenzará recién en abril, el compromiso de instalar este espacio de trabajo fue valorado como un primer paso para visibilizar una problemática creciente en el sector.
La intensificación de ritmos laborales, la presión por objetivos y los cambios constantes en turnos y horarios son factores que, según los sindicatos, afectan de forma directa la salud física y emocional de los trabajadores. En particular, se señaló que las modificaciones unilaterales de horarios pueden generar impactos significativos en la vida personal, familiar y educativa de quienes dependen de una organización estable de su tiempo.
Durante febrero, la coordinación sindical prevé debatir en profundidad estas cuestiones, con la intención de elaborar propuestas concretas que puedan transformarse en documentos y eventualmente en nuevos acuerdos. La expectativa es que estas discusiones permitan avanzar hacia reglas más claras y previsibles en materia de organización del trabajo.
La postura de la federación y el rol de las movilizaciones
Desde la Federación Uruguaya de Empleados del Comercio y Servicios, la evaluación del convenio también reconoce las dificultades del proceso negociador. Según su conducción, los lineamientos generales de la ronda salarial ya planteaban desafíos importantes para el sector, a los que se sumaron tensiones derivadas de cambios de propiedad en algunas de las principales cadenas de supermercados.
En ese contexto, las movilizaciones y acciones sindicales jugaron un papel relevante para destrabar la negociación y modificar posiciones empresariales que inicialmente proponían incrementos salariales por debajo de las pautas oficiales. La federación considera que la presión ejercida fue determinante para alcanzar un acuerdo con crecimiento real del salario.
Además del aumento y los beneficios económicos, se destacó la incorporación de un día adicional para cuidados y la participación de organismos inspectivos en la comisión de salud mental, lo que refuerza el control y seguimiento de las condiciones laborales.
Pese a los avances, el propio sector sindical reconoce que quedaron pendientes temas sensibles. Uno de los más relevantes es la falta de una cláusula que limite los cambios de horarios unilaterales por parte de las empresas, una práctica que, según denuncian, afecta especialmente a trabajadoras que regresan de licencias maternales.
Este punto será uno de los ejes centrales de la agenda futura, ya que involucra no solo condiciones laborales, sino también derechos vinculados a la conciliación entre trabajo y vida personal. La expectativa es que, a través del diálogo previo a la próxima ronda salarial, se puedan construir soluciones más equilibradas.
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El nuevo convenio colectivo del sector supermercados puede leerse como un acuerdo de transición. Por un lado, asegura cierta estabilidad salarial y preserva beneficios históricos en un contexto económico desafiante. Por otro, deja en evidencia tensiones estructurales que atraviesan al sector, desde la organización del trabajo hasta el impacto de los cambios empresariales.
De cara a los próximos años, tanto trabajadores como empleadores coinciden en que el diálogo temprano y sostenido será clave para anticipar conflictos y construir acuerdos más integrales. En un sector estratégico para el consumo y el empleo, la negociación colectiva sigue siendo una herramienta central para equilibrar intereses y adaptarse a un escenario en constante transformación.
Fuente: La Diaria


