Cómo el régimen de franquicias redefine el consumo digital en Uruguay
Desde hace algunos años, el régimen que permite realizar compras al exterior bajo el sistema de franquicias en Uruguay ha comenzado a despertar una tensión creciente entre quienes defienden los beneficios para el consumidor y quienes denuncian una competencia desigual para el comercio local. En este contexto, resulta clave examinar cómo ha evolucionado el uso de ese mecanismo, qué tan significativo se ha tornado su crecimiento y qué reformas regulatorias se están proponiendo en respuesta.
¿En qué consiste el régimen de franquicias?
El sistema vigente autoriza a una persona mayor de edad con cédula uruguaya a recibir hasta tres envíos al año desde el exterior sin pagar impuestos de importación, siempre que cada envío no supere un límite de US$ 200 y un peso máximo de 20 kg.
Este beneficio está diseñado para compras personales de consumo, y no aplica para mercadería con fines comerciales ni para bienes gravados con el impuesto interno (IMESI) u otros sujetos a autorización sanitaria o fitosanitaria.
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Históricamente, esta franquicia permitía a las personas acceder a bienes importados en condiciones similares a las que tendrían viajando al exterior. No obstante, ese escenario comenzó a transformarse de manera muy acelerada con la irrupción de plataformas de comercio electrónico de origen extranjero, lo que provocó que el régimen adquiriera otra dimensión.
El crecimiento reciente y por qué genera inquietud
Los datos más recientes evidencian un salto considerable en la adopción de este régimen. Hasta hace unos años el volumen era relativamente modesto —rondando los US$ 40 millones al año en compras canalizadas mediante franquicia. A partir de mediados de 2024 y durante 2025, ese monto se multiplicó. En los primeros nueve meses de 2025 ya se superaban los US$ 140 millones, lo que supera con creces los importes de 2022 y 2023 para el mismo período. Esta expansión está muy vinculada al aumento de envíos, especialmente de compras pequeñas realizadas a través de plataformas online.
La distribución de los rubros comprados muestra que cerca del 23 % del monto correspondía a ropa, y sumando calzado, bolsos y accesorios, esos segmentos se acercaban al 40 % del total. Otros sectores relevantes fueron electrodomésticos/tecnología, juguetes y artículos para el hogar. Esa diversificación indica que no se trata solo de bienes marginales, sino de una parte creciente del consumo privado. (Los porcentajes exactos pueden variar según la fuente). El hecho de que en ciertos rubros las franquicias representen hoy más del 10 % o incluso 20 % del total de importaciones del segmento es un indicador de que esta modalidad se ha vuelto muy relevante para el mercado doméstico.
Para el comercio local, eso implica presión competitiva: los negocios tradicionales deben absorber costos de importación, logística, aranceles y otros gravámenes que muchas de estas compras exentas no enfrentan directamente. Esa situación ha despertado los reclamos de los comerciantes que piden “igualar la cancha”.
Las propuestas de cambio regulatorio
Ante esta realidad, el gobierno y el parlamento uruguayo han incorporado en el proyecto de Ley de Presupuesto nacional una serie de modificaciones al régimen de franquicias. Los cambios más destacados incluyen:
Introducción de un IVA del 22 % sobre compras mediante envíos exprés desde el exterior (exceptuando ciertas compras con origen en EE.UU., por un tratado vigente).
Elevación del tope anual total sin impuestos: de los anteriores US$ 600 (3 envíos de US$ 200 cada uno) a US$ 800. Es decir, la persona podrá distribuir ese monto en hasta tres envíos o concentrarlo en uno solo.
Para compras realizadas desde Estados Unidos: mantienen ciertas ventajas, pero si superan los US$ 200 se les aplicará el IVA. En cambio, para el resto de los países, todas las compras estarán sujetas al impuesto, aunque no haya impuesto aduanero.
Estas medidas fueron presentadas como un equilibrio entre ampliar la capacidad de compra al exterior para los consumidores y establecer una tributación más equitativa frente al comercio interno. El ministerio lo definió como un “ajuste técnico para equiparar horizontalmente los impuestos existentes”.
¿Resolverán los cambios el problema del comercio local?
Desde la visión del sector comercial puramente, las reformas provocaron críticas: aunque el tope aumenta, el hecho de que todas las compras online queden sujetas al IVA (en la mayoría de los casos) y que los límites de envío permanecen en tres por año, no satisface la demanda de una mayor restricción. Muchas empresas argumentan que el fenómeno ya adquiere dimensiones estructurales, más allá de los ajustes regulatorios.
Sin embargo, desde una perspectiva de política pública más amplia, es imprescindible reconocer dos realidades: por un lado, el acceso que tiene el consumidor uruguayo a ofertas internacionales de bajo costo; por otro, que el comercio electrónico y el tránsito de bienes pequeños al consumidor están alcanzando en Uruguay niveles ya significativos. Y aunque el régimen de franquicias no sea la causa única, sí forma parte del fenómeno. Por ejemplo, el comercio electrónico en Uruguay creció fuertemente desde 2019: se multiplicó por siete en el volumen estimado. Esto implica que una parte de la competencia no proviene solo de envíos de compra al exterior, sino del cambio estructural en la forma de comprar.
En ese contexto, las reformas propuestas buscan limitar la inequidad de condiciones fiscales entre compras internacionales de personas físicas y operaciones de comercio local que sí pagan impuestos, pero no parecen concebidas para frenar de raíz el crecimiento del régimen de franquicias.
Para el comercio doméstico, la irrupción de este esquema de compras representa un reto: mayor competencia en precios, acceso a productos menos costosos y vía digital, y presión sobre márgenes. Pero también puede abrir oportunidades: fomentar la digitalización del canal local, mejorar la competitividad logística, mejorar la experiencia digital del cliente, diversificar la oferta e incrementar valor agregado.
En lugar de ver únicamente como adversario al régimen de franquicias, el comercio puede adaptarse al nuevo entorno: el crecimiento del consumo online también beneficia a quienes logren integrarse en ese canal y ofrecer valor adicional (servicio, garantía, entrega rápida, asesoramiento). Desde la perspectiva del consumidor, este esquema de compra tiene valor: permite acceder a productos internacionales sin salir del país, lo que en muchos casos amplía la oferta.
Para que el sistema de franquicias sea sostenible y más equilibrado para todos los actores, es clave:
mayor transparencia en el volumen y tipos de bienes que ingresan por esta vía para evaluar el impacto real;
revisar si el límite de cantidad de envíos o montos sigue siendo adecuado al contexto de comercio digital actual;
analizar cómo las compras al exterior afectan el comercio local no sólo en monto, sino en volumen físico de artículos y segmentos específicos;
asegurar mecanismos de control efectivos para el cumplimiento del carácter personal de las compras, el límite de envíos y peso/valor máximo, para evitar el uso comercial de ese régimen.
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El régimen de compras por franquicias en Uruguay ha dejado de ser un mecanismo marginal: el fuerte crecimiento de las importaciones por esta vía, especialmente con la aparición de plataformas de precios muy bajos, lo convirtió en un componente relevante del comercio exterior de bienes de consumo. Frente a esto, el gobierno reaccionó con cambios regulatorios que buscan introducir el IVA, aumentar el tope de compra y mantener algunos límites de envío. Estos ajustes apuntan a reducir la distorsión fiscal y mitigar el impacto competitivo sobre el comercio local, sin eliminar el beneficio para el consumidor final.
No obstante, el comercio uruguayo sigue ante una realidad que va más allá de la franquicia: la digitalización, globalización de la oferta y cambios de hábito del consumidor ya están alterando las reglas del juego. Adaptarse a este nuevo escenario, más que resistirlo, podría marcar la diferencia.

