Cómo afecta el presupuesto 2025 a salarios consumo y alquiler en Uruguay
El Presupuesto Nacional 2025 fue aprobado en un contexto económico y social cargado de expectativas. Con más de mil páginas, el documento oficial promete dinamismo económico, inclusión social y sostenibilidad fiscal. Sin embargo, detrás de los números y los programas se esconde la pregunta central para los hogares uruguayos: ¿cómo impactará en el salario, en el costo de las compras diarias y en el precio de los alquileres?
La discusión ya no está restringida a técnicos y legisladores. En supermercados, farmacias o ferias vecinales, las conversaciones giran en torno al aumento de precios y a la sensación de que el bolsillo rinde menos. Lo que antes era una charla sobre promociones, hoy se traduce en frases como: “¿y esto cuánto subió?”.
Salarios bajo presión
El mayor temor de los trabajadores uruguayos es que los ingresos no acompañen la evolución del costo de vida. Según datos del Banco Central del Uruguay (BCU), el salario real tuvo un crecimiento interanual de apenas 0,2%, cifra que contrasta con la inflación acumulada del 4,6% hasta septiembre de 2025, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE).
En términos prácticos, esto significa que los uruguayos deben destinar más dinero a productos básicos, especialmente en rubros como alimentos, transporte y servicios. Como explicó la economista María del Rosario Díaz (Udelar), el Presupuesto 2025 no es neutro en su efecto sobre los precios: aunque busca mantener orden fiscal, la forma en que se financia traslada parte del peso al consumo de los hogares.
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En palabras simples: el salario corre por detrás de los precios.
consumo: impuestos y tarifas más altas
El Presupuesto introduce ajustes que podrían incidir directamente en el consumo privado. Entre ellos destacan:
Aumento del IVA en servicios digitales: la tasa pasará del 22% al 24%. Esto impactará en plataformas de streaming, software y aplicaciones, un gasto habitual en hogares urbanos.
Eliminación de exoneraciones a productos importados: artículos que antes ingresaban con beneficios fiscales ahora tendrán un costo adicional.
Suba de tarifas en empresas públicas: desde la energía eléctrica hasta el agua y el transporte, el ajuste de tarifas incrementará los gastos fijos de los hogares.
El economista Ignacio Costa, del estudio Radar, advierte que estos elementos pueden generar un efecto contractivo en el consumo, sobre todo en familias con ingresos fijos o trabajadores informales que no logran compensar la pérdida con incrementos salariales.
El dilema entre gasto estatal y bolsillo ciudadano
El Presupuesto 2025 contempla un incremento del gasto primario de 6,8% respecto a 2024. Las áreas priorizadas son infraestructura, salud y educación, sectores que sin duda requieren inversión para mejorar la calidad de vida y la competitividad del país.
Pero el financiamiento de esa expansión se apoya, en parte, en impuestos indirectos que recaen sobre el consumo. Aquí aparece la tensión: lo que para el Estado representa sostenibilidad, para las familias puede convertirse en un ajuste silencioso.
Según CERES (Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social), la confianza del consumidor cayó 4,2% entre julio y agosto, reflejando pesimismo frente al empleo y los precios. Esa caída se traduce en cambios concretos en los hábitos: reducción de gastos en ocio, menor compra de alimentos de marca y mayor preferencia por productos genéricos o de líneas económicas.
Impacto estimado en los hogares
Consultoras privadas como Exante y CPA Ferrere realizaron simulaciones para medir el efecto neto de los cambios fiscales. En un escenario base, un hogar de clase media con dos adultos y dos hijos podría ver reducido su ingreso disponible en unos $1.850 mensuales durante 2025.
Esa pérdida se explica por la suma de aumentos tarifarios, mayor carga impositiva y la evolución esperada de precios en bienes esenciales. Aunque el gobierno sostiene que el impacto será transitorio y progresivo, los datos muestran que para muchas familias el margen de maniobra será cada vez más estrecho.
Alquileres y vivienda: un costo difícil de sostener
El mercado inmobiliario también entra en la ecuación. Si bien el Presupuesto no introduce medidas directas sobre alquileres, el efecto inflacionario y los ajustes en tarifas pueden trasladarse al costo habitacional.
En un contexto donde el salario real apenas crece y el consumo se encarece, el peso del alquiler en el presupuesto familiar tiende a aumentar. Esto afecta especialmente a jóvenes y familias de clase media baja, que destinan una proporción significativa de sus ingresos al pago de vivienda.
La falta de medidas específicas en este rubro deja abierta la incógnita: ¿cómo enfrentarán los hogares un gasto que ya representa uno de los mayores compromisos mensuales?
La Cámara de Comercio y Servicios del Uruguay advirtió que el aumento de la presión fiscal por la vía indirecta tiende a reducir márgenes de consumo en los sectores medios. Además, el encarecimiento de productos y servicios puede empujar a una mayor informalidad, un fenómeno que complica la recaudación y erosiona la competencia leal.
Los supermercados y grandes superficies ya reportan un cambio de hábitos. Según el gerente de una cadena nacional, los clientes priorizan marcas propias o productos más económicos y reducen las compras por impulso. Un comportamiento similar se observa en farmacias y almacenes barriales, donde los consumidores optan por ajustar el carrito antes que ampliar sus gastos.
Voces académicas: equilibrio difícil
Para la economista Verónica Amarante (Udelar), el diseño fiscal debe encontrar un equilibrio complejo: financiar al Estado sin asfixiar a los hogares. Si bien reconoce que los componentes redistributivos del Presupuesto pueden ser positivos, advierte que la contracara es una presión regresiva sobre el consumo, que afecta principalmente a sectores medios y bajos.
Este análisis refleja la paradoja del Presupuesto 2025: busca sostener el gasto público y atender áreas sensibles, pero corre el riesgo de debilitar la capacidad de compra de los hogares, que son los principales motores de la demanda interna.
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El Presupuesto 2025 es mucho más que un documento contable. Sus efectos se sentirán en la vida cotidiana: en las boletas de servicios, en el precio del pan, en el alquiler de un apartamento o en la recarga de combustible.
Aunque la discusión parlamentaria concluyó, el verdadero debate comienza en los hogares, donde cada familia debe reorganizar su presupuesto para adaptarse a los cambios. Para algunos, el impacto será manejable; para otros, significará un ajuste que pondrá en tensión su calidad de vida.
Lo que está en juego no es solo la sostenibilidad fiscal del Estado, sino también la capacidad de las familias uruguayas de sostener su consumo, mantener sus salarios reales y acceder a una vivienda digna. La balanza entre orden macroeconómico y bienestar microeconómico será la clave para evaluar, en el futuro, si el Presupuesto 2025 cumplió sus promesas o si terminó profundizando las dificultades cotidianas.


