Comerciantes uruguayos alertan sobre el impacto de Temu en el mercado local
La transformación del comercio global avanza a paso firme, y uno de los fenómenos más disruptivos en los últimos tiempos es la irrupción de plataformas de e-commerce transnacional como Temu, un gigante asiático que ha captado la atención de miles de consumidores en Uruguay desde su llegada en 2024. Sin embargo, detrás del entusiasmo de los compradores se encienden las alarmas entre los actores del comercio nacional, quienes advierten que el modelo actual favorece la competencia desleal y amenaza la sustentabilidad del sector local.
Una plataforma en auge y sus consecuencias
Temu, parte del conglomerado chino PDD Holdings, ha seducido a los consumidores uruguayos con una oferta casi imbatible: productos extremadamente baratos, envío gratuito y una interfaz amigable que promueve la compra impulsiva. En un contexto de estancamiento económico y poder adquisitivo debilitado, su crecimiento ha sido explosivo. Para dimensionar su impacto, basta observar los datos compartidos por la Cámara de Comercio y Servicios del Uruguay (CCSU): el número de paquetes ingresados al país pasó de 65.000 en diciembre de 2023 a 167.000 en diciembre de 2024.
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Este aumento representa un crecimiento superior al 150% en apenas un año, y es reflejo del apetito del consumidor por alternativas de bajo costo, muchas veces a expensas del comercio nacional. La situación ha generado preocupación entre empresarios locales, quienes temen por la viabilidad de sus negocios frente a un modelo que, afirman, no cumple con las mismas reglas impositivas, sanitarias o regulatorias.
Reunión con autoridades: El pedido de reglas claras
En respuesta a este fenómeno, un grupo de representantes de la CCSU, encabezado por su presidente Julio César Lestido, se reunió recientemente con el ministro de Economía, Mario Marcel Oddone, con el objetivo de exponer su preocupación y plantear posibles medidas para equilibrar la balanza.
Según Lestido, la Cámara no busca prohibir las compras internacionales, sino generar condiciones de competencia justa. «No se trata de cerrar la puerta al comercio electrónico global, sino de establecer reglas de juego donde el comerciante nacional pueda competir», subrayó. Esta posición refleja un reclamo extendido en la región, donde cada vez más países evalúan mecanismos para controlar el ingreso masivo de productos de plataformas como Temu o Shein, sin frenar el acceso de los consumidores a estas nuevas formas de consumo.
El comercio uruguayo frente a un modelo desigual
Uno de los principales reclamos de los comerciantes es que el modelo actual permite que los productos ingresen sin pagar aranceles o impuestos significativos, al amparo del régimen de pequeños envíos personales. Esto implica que cada compra individual realizada por un consumidor —por ejemplo, un par de auriculares, una prenda de ropa o un utensilio de cocina— entra al país como si fuera parte de un envío puntual, lo que exonera de varias cargas tributarias.
En cambio, el comerciante uruguayo que importa productos de forma legal debe cumplir con requisitos fiscales, aduaneros y sanitarios que incrementan sustancialmente el costo final del producto. Esta disparidad en los márgenes afecta directamente su capacidad de competir en precio, y puede llevar a cierres de comercios o reducción de personal en un contexto económico desafiante.
Más allá de lo estrictamente comercial, el efecto Temu también está modificando el comportamiento del consumidor uruguayo. Las promociones agresivas, combinadas con estrategias de gamificación (como obtener descuentos jugando o invitando amigos), han generado un nuevo tipo de relación con la compra: más impulsiva, digital y centrada en el precio.
Esto presenta un desafío adicional para los comercios locales: no solo deben competir en costos, sino también redefinir su propuesta de valor. El servicio personalizado, la cercanía geográfica, la posibilidad de cambios inmediatos y el soporte postventa son ventajas que las tiendas físicas o los e-commerce nacionales deben potenciar para seguir siendo relevantes frente a las plataformas extranjeras.
Propuestas en estudio: qué piden los empresarios
Durante el encuentro con las autoridades, los comerciantes pusieron sobre la mesa una serie de propuestas que podrían mitigar el impacto de la competencia internacional sin cerrar las fronteras. Entre ellas, se destacan:
Revisión del tope de envíos personales exonerados de impuestos, actualmente fijado en hasta tres paquetes por persona al año en algunos regímenes.
Mayor fiscalización en Aduanas para verificar el real contenido y valor de los paquetes que ingresan bajo ese sistema.
Promoción de plataformas nacionales o regionales de comercio electrónico, que permitan a los comercios uruguayos llegar al público digital con mejores condiciones logísticas y tecnológicas.
Campañas de concientización al consumidor sobre el impacto que las compras en plataformas extranjeras tienen en el empleo y desarrollo local.
Lestido insistió en que el objetivo es buscar equilibrios, no cerrar el acceso a la tecnología o el consumo digital. “Necesitamos herramientas para que el comercio nacional no quede fuera del juego”, expresó.
Cualquier intento por equilibrar el terreno de juego debe ser cuidadosamente diseñado para no generar un efecto boomerang. En otros países donde se ha intentado limitar la cantidad de envíos personales o aplicar tributos a cada paquete, los consumidores reaccionaron con críticas y quejas, acusando a los gobiernos de obstaculizar el libre comercio o de proteger monopolios locales.
Por eso, los expertos insisten en la necesidad de crear marcos regulatorios inteligentes, que no frenen la innovación ni el acceso a opciones de consumo, pero que tampoco dejen a los actores nacionales indefensos ante gigantes digitales que operan con costos infinitamente menores. Una opción intermedia sería replicar modelos como el de la Unión Europea, que grava los envíos desde fuera del bloque, pero sin impedir la compra individual.
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El auge de plataformas como Temu plantea una transformación que va más allá del comercio. Se trata de un cambio estructural en la forma en que los consumidores acceden a los bienes, el modo en que las empresas se vinculan con los clientes, y la estructura misma del mercado.
Frente a esta nueva realidad, Uruguay debe encontrar un equilibrio entre fomentar la innovación digital y proteger su tejido comercial, que es fuente de empleo, inversión y desarrollo local. El camino no es sencillo, pero la conversación ya está en marcha. Y en esa conversación, todos —consumidores, empresas y Estado— tienen un papel clave que cumplir.


