Los manuscritos, catalogados como escrituras públicas, ofrecen un vistazo significativo al desarrollo histórico de la viticultura y la producción de vino y aguardiente en el Perú. La Unesco ha destacado que estos documentos no solo evidencian el inicio de estas actividades económicas, sino que también narran la expansión y el comercio del pisco, un destilado que ha llegado a ser emblemático para la identidad peruana. Este reconocimiento por parte de la Unesco subraya la importancia de preservar la memoria colectiva de la nación, y reafirma el compromiso del Perú con la conservación de su patrimonio cultural.
Antes de la oficialización por parte de la Unesco, el Ministerio de Cultura del Perú ya había reconocido estos manuscritos como Patrimonio Cultural de la Nación. Este paso fue fundamental para resaltar la significancia histórica y cultural de estos documentos, que simbolizan el esfuerzo y la dedicación de generaciones de peruanos que contribuyeron a que el pisco se convirtiera en parte integral de la identidad nacional. Nicolás Díaz Sánchez, jefe del Archivo General de la Nación, enfatizó que el valor de estos documentos va más allá de su contenido histórico, representando el legado cultural de un país que ha cultivado y comercializado el pisco durante siglos.
La Unesco ha indicado que los documentos revelan detalles sobre cómo el aguardiente de uva se transportaba desde el puerto de Pisco hacia otros puertos, como Callao y Arica, y eventualmente a mercados internacionales. Este proceso es clave para entender la evolución del pisco, que a lo largo del tiempo ha pasado de ser conocido simplemente como aguardiente de pisco o de uva, hasta convertirse en el producto de renombre mundial que es hoy en día.
Como parte de la celebración de este importante reconocimiento, se llevará a cabo una ceremonia el 16 de diciembre, donde se entregará el certificado del registro peruano como parte del programa Memoria del Mundo de la Unesco. Durante este evento, se presentarán también otros documentos significativos, tales como la “Escritura pública de carta de pago y finiquito entre Manuel de Azante y Jorge Capelo” datada en 1587, y el “Testamento de Manuel de Azante” de 1605, entre otros.
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Entre los documentos más destacados, la “Escritura pública de carta de pago y finiquito” es particularmente relevante, ya que es el más antiguo en mencionar la producción de aguardiente de uva, abordando un conflicto entre dos partes sobre bienes que incluían una caldera y una considerable cantidad de aguardiente. Además, la “Escritura de Compañía entre Juan Corzo y Andrea Candia” de 1589 evidencia la constitución de una empresa dedicada al comercio de vino y aguardiente, lo que a su vez confirma la actividad comercial marítima del aguardiente peruano.
El testamento de Manuel de Azante de 1605 es otro documento crucial, ya que menciona explícitamente una caldera utilizada en el proceso de destilación de aguardiente. Por su parte, el testamento de Pedro Manuel el Griego de 1613 ofrece un inventario de bienes relacionados con la producción y almacenamiento de aguardiente en la Villa de Valverde de Ica, proporcionando una visión detallada sobre las prácticas comerciales y sociales de la época colonial en el Perú. Estos documentos no solo son una ventana hacia el pasado, sino que también son un testimonio del legado que el pisco ha dejado en la cultura peruana.
Fuente: RPP
