Trabajo del hogar en Perú: brecha entre ley y realidad
El trabajo del hogar en Perú ha sido históricamente un componente esencial para el funcionamiento de miles de hogares y, en consecuencia, para la economía del país. Sin embargo, pese a su relevancia, sigue siendo uno de los sectores más afectados por la informalidad laboral y la precariedad.
En 2020, la promulgación de la Ley N.º 31047 marcó un hito importante al reconocer a las trabajadoras y trabajadores del hogar los mismos derechos que cualquier empleado del régimen privado. Este avance legal buscaba cerrar una deuda histórica. No obstante, a seis años de su implementación, la distancia entre lo establecido en la normativa y su aplicación real continúa siendo significativa.
Radiografía actual del trabajo del hogar en Perú
Actualmente, alrededor de 441 mil personas se dedican al trabajo doméstico remunerado en Perú. De este total, cerca del 95% corresponde a mujeres, lo que evidencia una fuerte feminización del sector.
Además, más del 40% de estas trabajadoras son jefas de hogar, lo que implica que sus ingresos no solo son relevantes, sino fundamentales para la subsistencia de sus familias. Este dato refuerza la importancia de garantizar condiciones laborales dignas y estables.
Sin embargo, la realidad muestra un escenario preocupante: la formalización sigue siendo la excepción y no la regla.
Formalización laboral: el gran desafío pendiente
Uno de los principales problemas del trabajo del hogar en Perú es la baja tasa de formalización. Apenas un 5% de las trabajadoras cuenta con un contrato escrito, lo que limita significativamente su acceso a derechos básicos.
Vea también: Ecommerce farmacéutico Perú impulsa nueva experiencia omnicanal
La ausencia de contrato impacta directamente en beneficios esenciales como:
Seguro de salud
Gratificaciones
Vacaciones pagadas
Aportes a pensiones
Esta situación no solo afecta su estabilidad económica, sino también su autonomía. Sin acceso a protección social, muchas trabajadoras enfrentan dificultades para proyectar su futuro, ahorrar o salir de contextos de vulnerabilidad.
Desde una perspectiva estructural, esto perpetúa ciclos de desigualdad que pueden extenderse incluso a las siguientes generaciones.
Más que empleo: una problemática social y cultural
La informalidad en el trabajo del hogar en Perú no se explica únicamente por factores económicos. Existe también un componente cultural profundamente arraigado.
En muchos casos, el trabajo doméstico es percibido como una “ayuda” y no como una relación laboral formal. Esta visión es aún más frecuente cuando las labores se realizan por horas o sin residencia en el hogar empleador.
Como consecuencia, se invisibiliza el valor real de estas funciones, lo que retrasa el reconocimiento de derechos y refuerza prácticas informales.
A esto se suma una dimensión aún más compleja: la discriminación. Muchas trabajadoras del hogar enfrentan situaciones de maltrato, estigmatización y racismo estructural, afectando principalmente a mujeres indígenas y migrantes.
Acceso limitado a derechos laborales básicos
Las cifras reflejan con claridad la magnitud del problema. Según datos de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO), el acceso a beneficios laborales sigue siendo extremadamente bajo:
Solo el 8% accede a seguro de salud (EsSalud)
Aproximadamente el 20% ha estado afiliado a un sistema de pensiones (ONP)
Apenas el 1,5% recibe Compensación por Tiempo de Servicios (CTS)
Solo el 12,9% accede a gratificaciones conforme a la ley
Además, más de un tercio de las trabajadoras ha experimentado algún tipo de discriminación o maltrato en el ejercicio de su labor, muchas veces sin conocer los mecanismos para denunciar estas situaciones.
Desconocimiento de la ley: una barrera clave
Uno de los hallazgos más relevantes de los estudios recientes es el bajo nivel de conocimiento sobre la Ley N.º 31047.
Tanto trabajadoras como empleadores presentan brechas importantes de información. De hecho, se estima que el 71% de las personas empleadoras considera que esta normativa no les aplica, lo que dificulta su cumplimiento.
Este desconocimiento genera un efecto directo: miles de trabajadoras no ejercen sus derechos simplemente porque no saben que los tienen o cómo exigirlos.
El valor del contrato en la mejora laboral
Contar con un contrato formal no solo es un requisito legal, sino también una herramienta clave para mejorar las condiciones laborales.
Siete de cada diez trabajadoras del hogar consideran que tener un contrato les permitiría acceder a mejores oportunidades, mayor estabilidad y protección frente a abusos.
El contrato representa, además, un respaldo concreto ante conflictos laborales, facilitando el acceso a mecanismos de defensa y fiscalización.
El rol de los empleadores en la formalización
El avance hacia la formalización del trabajo del hogar en Perú no depende únicamente del Estado o de las trabajadoras. Los hogares empleadores cumplen un rol fundamental.
Asumir el trabajo doméstico como una relación laboral implica reconocer derechos, cumplir obligaciones y contribuir a reducir la informalidad.
Este cambio requiere no solo información, sino también un cambio cultural que valore el trabajo de cuidado como una actividad esencial para la sociedad.
Hacia una formalización real y sostenible
Para cerrar la brecha entre ley y realidad, es necesario avanzar en múltiples frentes:
Difusión clara y accesible de la normativa
Educación sobre derechos laborales
Promoción de una cultura previsional
Fiscalización efectiva del cumplimiento
Revalorización social del trabajo doméstico
La formalización no debe entenderse únicamente como un trámite, sino como un proceso que impacta directamente en la calidad de vida de miles de personas.
Campañas e iniciativas para impulsar el cambio
Diversas organizaciones vienen impulsando iniciativas orientadas a visibilizar esta problemática y promover la formalización.
Entre ellas, destacan campañas que buscan sensibilizar a la ciudadanía sobre la importancia de respetar los derechos de quienes realizan labores domésticas.
El acceso a información, modelos de contrato y orientación legal son herramientas clave para avanzar en este proceso.
Una reflexión necesaria: cuidar a quienes cuidan
El trabajo del hogar en Perú sostiene gran parte de la dinámica social y económica del país, pero continúa siendo invisibilizado y precarizado.
Reconocer su valor implica no solo cumplir con la ley, sino también cuestionar prácticas culturales que han normalizado la desigualdad.
La pregunta es directa y necesaria: ¿estamos realmente cuidando a quienes cuidan de nuestros hogares?
Cerrar esta brecha no es solo una responsabilidad legal, sino también un compromiso social que define el tipo de sociedad que queremos construir.


