El panorama económico internacional abre una ventana de oportunidad poco frecuente para el Perú de cara al 2026. Factores externos e internos convergen para configurar un escenario especialmente favorable, marcado por condiciones financieras más flexibles, precios elevados de materias primas estratégicas y un renovado interés de los inversionistas por los mercados emergentes. Este contexto permite proyectar un año de consolidación económica, con bases más sólidas que en períodos anteriores.
Desde la perspectiva del Banco Central de Reserva (BCR), el país se encuentra en una posición ventajosa para aprovechar este ciclo. La combinación de estabilidad macroeconómica, recuperación de la inversión privada y un sector exportador fortalecido crea un entorno propicio para acelerar el crecimiento y reducir vulnerabilidades estructurales.
Un entorno externo que juega a favor
Uno de los principales soportes del buen momento económico es el contexto internacional. La reciente moderación de la política monetaria en Estados Unidos, tras las decisiones adoptadas por la Reserva Federal, ha reducido la volatilidad financiera global y disminuido el riesgo de ajustes abruptos en los mercados. Este cambio ha favorecido el flujo de capitales hacia economías emergentes con fundamentos sólidos, entre ellas el Perú.
De acuerdo con Paul Castillo, gerente general del BCR, el país ha recibido importantes ingresos de capital hacia el mercado de bonos soberanos. Esta mayor demanda ha contribuido a una apreciación cercana al 10 % del tipo de cambio en comparación con otras monedas de la región, fortaleciendo la posición externa peruana y reduciendo presiones inflacionarias.
La estabilidad monetaria global, sumada a tasas de interés externas menos restrictivas, crea un entorno financiero más predecible. Esto permite a las economías como la peruana acceder a financiamiento en mejores condiciones y facilita la planificación de inversiones de mediano y largo plazo.
Materias primas en niveles históricamente altos
Otro pilar clave del buen desempeño proyectado para la economía peruana es el comportamiento de los precios internacionales de las materias primas. El cobre y el oro, dos de los principales productos de exportación del país, se mantienen en niveles elevados, impulsados por tendencias estructurales de la economía global.
La expansión de los centros de datos, la electrificación del transporte y la transición energética han incrementado la demanda de cobre, mientras que el oro sigue siendo un activo de refugio en un contexto de incertidumbre geopolítica. Como resultado, los términos de intercambio del Perú se sitúan en su nivel más alto en aproximadamente siete décadas.
Este escenario tiene un impacto directo en las cuentas externas. Los mayores ingresos por exportaciones fortalecen la balanza comercial, incrementan la recaudación fiscal y mejoran la capacidad de ahorro del sector privado. Para Castillo, estas condiciones internacionales permiten pensar en el inicio de un ciclo de crecimiento más dinámico y sostenido.
Inflación bajo control y mayor margen de maniobra
A nivel global, uno de los cambios más relevantes ha sido el control de la inflación. Jean Pierre Fournier, vicepresidente de Inversiones de AFP Integra, destaca que la desaceleración inflacionaria es una “noticia muy positiva” para los mercados. Este proceso comenzó en varios países emergentes y luego se extendió a las economías desarrolladas.
En el caso peruano, el descenso de la inflación permitió una reducción más rápida de las tasas de interés en comparación con otras economías. El BCR logró ajustar su política monetaria a un ritmo incluso más acelerado que el de la Reserva Federal, generando condiciones más favorables para el crédito y la inversión.
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Un factor adicional que sostiene los altos precios del oro es el aumento de las compras por parte de bancos centrales en los últimos años. Para el Perú, exportador relevante de este metal, esta tendencia representa un beneficio adicional que refuerza la estabilidad externa.
Mercado de capitales en recuperación
El buen momento no se limita al frente externo. El mercado de capitales peruano también muestra señales claras de fortalecimiento. André Quevedo, CEO de Grupo Coril SAB, resalta que el comportamiento del mercado ha sido marcadamente alcista en los últimos años, con una recuperación sostenida tras períodos de mayor incertidumbre.
Además del crecimiento en valorizaciones, se observa una mayor diversificación en el perfil de los inversionistas que participan en el mercado local. Este fenómeno contribuye a mejorar la profundidad financiera y reduce la dependencia de flujos de corto plazo, un aspecto clave para la estabilidad del sistema.
La recuperación del mercado de capitales facilita el financiamiento de proyectos empresariales y refuerza el vínculo entre ahorro e inversión, un elemento fundamental para elevar el crecimiento potencial de la economía.
Balanza comercial y ahorro privado en máximos
En este contexto favorable, la balanza comercial peruana alcanzaría un superávit cercano a los 30,000 millones de dólares en 2025. Este resultado refleja no solo los altos precios de exportación, sino también una significativa acumulación de ahorro privado, que actúa como colchón frente a eventuales choques externos.
Un aspecto destacado es que el impulso exportador no proviene exclusivamente de los productos tradicionales. Las exportaciones no tradicionales mantienen un crecimiento vigoroso y exhiben una de las tasas más altas de la región. Productos como uvas, arándanos, espárragos y quinua lideran este dinamismo.
Este sector genera más de medio millón de empleos formales, aportando ingresos estables y masa salarial que fortalecen el consumo interno. La diversificación exportadora reduce la dependencia de los commodities y amplía las fuentes de crecimiento.
Demanda interna y mercado laboral en expansión
En el frente interno, la demanda muestra una trayectoria sólida. La masa salarial crece cerca del 8 %, mientras que los indicadores de pagos —tanto electrónicos como en efectivo— avanzan a un ritmo superior al del Producto Bruto Interno (PBI). Estos datos reflejan un mayor dinamismo del consumo y una recuperación progresiva del mercado laboral.
La inversión privada, que comenzó a mostrar señales de mejora en 2024, aceleró su crecimiento en 2025 a tasas de dos dígitos. Este avance responde a una mejora significativa en las expectativas empresariales y a un entorno financiero más favorable. Según Castillo, los indicadores de confianza alcanzan niveles que no se observaban desde hace cinco o seis años.
Crédito y estabilidad financiera
El crédito también acompaña esta recuperación. Tras la reducción de la tasa de referencia a 4.25 %, las tasas activas y pasivas iniciaron una tendencia descendente, facilitando el acceso al financiamiento para empresas y hogares. El crédito corporativo, hipotecario y de consumo muestra señales claras de expansión.
Con una inflación estabilizada en torno al 2 % y reservas internacionales cercanas a los 90,000 millones de dólares, el Perú mantiene un amplio margen para absorber eventuales shocks externos sin comprometer la estabilidad financiera. Esta fortaleza macroeconómica es uno de los principales activos del país frente a otros mercados emergentes.
Proyecciones de crecimiento para 2026
El BCR proyecta un crecimiento económico de 3.2 % para 2026. Sin embargo, la evolución reciente de los principales indicadores sugiere que el ritmo podría ser ligeramente mayor. La solidez del sector exportador, la expansión del empleo y la recuperación de la inversión privada actúan como motores adicionales.
Si estas condiciones se sostienen, el Perú podría volver a acercarse a tasas de crecimiento cercanas al 5 %, similares a las registradas durante la primera década del siglo. Alcanzar este nivel requerirá no solo mantener el contexto favorable, sino también avanzar en reformas que impulsen la productividad.
El desafío del crecimiento sostenible
El principal reto, según las autoridades económicas, es transformar este escenario positivo en un aumento sostenible del crecimiento potencial. Para ello, será fundamental preservar la estabilidad macroeconómica, fortalecer la competitividad y asegurar que el impulso externo se traduzca en mayor inversión productiva.
El 2026 se perfila así como un año de consolidación, en el que las condiciones globales y las mejoras internas podrían converger para devolver a la economía peruana a una senda de expansión más acelerada. Convertir este impulso coyuntural en desarrollo sostenido será la clave para capitalizar una oportunidad que no se presenta con frecuencia.


